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Reparando corazones, de Kenya a Murcia

Imani Nyawira Muriithi (de 2 años y 3 meses), Catherine Natalia Kihusa (de 1 año) y Duncan Kipforir Kwemoi (de 2 años y medio) nacieron con cardiopatías en Kenya y necesitaban una cirugía, que recibieron en España. Hasta Murcia llegaron a finales de enero, y fueron acogidas por las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia de Rincón de Seca. En España, los tres niños pudieron ser operados gracias a las gestiones de la ONG Cirugía Solidaria. Allí están todavía junto a sus madres, con un confinamiento que retrasó los plazos inicialmente previstos.

Los niños y sus madres (Irene Muthini Mutwii, Doryne Mmweche Tomoi y Cherotich Musani) se quedaron en una casa que la ONG había preparado para la ocasión, sin embargo, al poco tiempo de estar en Murcia, el equipo de Cirugía Solidaria detectó que las mujeres no se adaptaban al nuevo entorno debido principalmente a la dificultad para comunicarse, ya que solo hablan suajili con fluidez. Por este motivo, distintos miembros de la ONG contactaron con Beth Nyawira Gachoki y Jane Wambui Waweru, dos Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia de Rincón de Seca, de origen keniano, que habían colaborado en varias ocasiones como voluntarias de la entidad solidaria en África. «Las mamás estaban en una casa maravillosa que la ONG les había dejado, tenían de todo, pero como no podían hacerse entender se sentían muy solas y estaban asustadas. Nos dijeron, por ejemplo, que llevaban varios días sin comer porque no sabían encender los fuegos y que tampoco habían podido salir de la casa porque no entendían cómo se abría la puerta desde fuera, ya nunca habían tenido que utilizar una llave», explica la hermana Beth.

Después de hablar con las mujeres, las Misioneras de la Sagrada Familia se ofrecieron a acoger y acompañar a las tres madres y a sus respectivos hijos durante todo el proceso médico, con la intención de facilitarles su estancia en el país ya que, según afirma la hermana Jane, «lo que más necesitaban era poder hablar con alguien que entendiese su idioma, les explicara las cosas y les diera una palabra de ánimo».

La pandemia pospuso las operaciones

El tiempo de estancia previsto para la operación y la recuperación de los niños era de un mes. Sin embargo, la situación excepcional provocada por la pandemia por COVID-19, obligó a posponer las intervenciones quirúrgicas, que ya se han realizado, y el regreso de las familias a Kenia, debido a que el espacio aéreo del país africano continúa cerrado, «aunque está previsto que se reabra en las próximas semanas y que los niños y sus madres puedan regresar a su país», afirma José Manuel Rodríguez, cirujano del Hospital de La Arrixaca y presidente de la ONG Cirugía Solidaria, quien también expone que «la labor de las Misioneras de la Sagrada Familia ha sido fundamental en todo este proceso, porque se han encargado de acoger a los niños y a sus madres en un entorno familiar y cercano, en el que las mujeres han podido sentirse como en casa y entender lo que estaba pasando».

Esta es la primera vez que alguien ajeno a la comunidad convive con las Misioneras de la Sagrada Familia, sin embargo, para las hermanas la experiencia ha sido «muy enriquecedora», porque, en palabras de Aurora Jiménez, madre superiora de la comunidad, «poder ayudar a que unas madres puedan ver cómo sus hijos recobran la salud es un regalo del Señor y haber contribuido en su promoción personal enseñándoles cuestiones básicas de limpieza, cocina o higiene ha sido precioso».

Por otra parte, la hermana Beth expone que el carisma de la comunidad se fundamenta en los valores de la Sagrada Familia y que quizás por ello el Señor las puso en el camino de estas mujeres y de los miembros de Cirugía Solidaria «para poder ver en ellos el rostro de Cristo y ayudarlos desde la fe y la entrega a Dios».

Durante el tiempo que ha durado el confinamiento Irene, Doryne y Cherotich han aprendido, junto al resto de Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia, qué pasos deben seguir para evitar los contagios por Covid-19 y, según cuenta la madre Aurora, se están preparando para enseñárselos a sus familiares y amigos en Kenia.

Las madres de los niños aseguran que nunca pensaron que hubiese gente tan buena que, sin ser de su familia o de su tribu, las cuidasen tanto. Por este motivo afirman sentirse muy afortunadas y dicen que lo único que se les ocurre para agradecer tanta generosidad es tener presente en sus oraciones a todas las personas que las han ayudado en este proceso que, aunque «ha sido un milagro», también «ha supuesto mucho sufrimiento», porque, desde el principio, sintieron la presión de su entorno para que no salieran del país con los niños ya que, según cuentan, les decían que «nadie regala nada» y que «muchas mujeres se van a otros países y luego nunca vuelven». Pese a todo, Irene, Doryne y Cherotich aseguran que el amor por sus hijos ha sido lo que les ha dado fuerzas en todo momento para seguir adelante y que, tal como lo perciben ahora, todo ese amor «solo puede ser cosa de Dios».

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