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Opinión

Renuncia y fracaso: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (9-3-2013)

Artículo de José-Román Flecha Andrés publicado en el Diario de León, titulado Renuncia y fracaso

Hace años vi en la ciudad de Nursia un altar dedicado al papa Celestino V. Siempre me había impresionado ver en su renuncia al papado “la aventura de un pobre cristiano”, como la calificaba Ignacio Silone en el mejor de sus libros.  En lo alto del retablo una frase latina nos recordaba que no había tenido un precedente ni un seguidor.

Pues ya ha tenido un seguidor. Hace años me habían “profetizado” que Benedicto XVI renunciaría a la sede de Pedro, pero la decisión me sorprendió como a casi todo el mundo. Hubiera deseado que concluyera el itinerario del Año de la Fe que él había convocado. Y seguramente habría apreciado la encíclica sobre la fe que muchos esperábamos de él.

Pero he respetado y admirado sinceramente su decisión. “Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol… y un camino virgen Dios”. En los versos de León Felipe se proclama el hecho y el derecho de cada persona a seguir un camino único. Juan Pablo II nos dio ejemplo de la virtud de la paciencia. Y enseñó al mundo a valorar la vida, aun la más decrépita y dependiente. Benedicto XVI nos ha dado ejemplo de la virtud de la humildad. Y ha enseñado al mundo la libertad de quien no se aferra a la honra y al poder.

De todas formas, no dejan de resonar en mi interior las palabras del salmo 95: “Ojalá escuchéis hoy su voz: No endurezcáis el corazón”. Dios nos habla cada día a través de los signos de los tiempos, como ya nos recordaba Juan XXIII. Pero con necia terquedad nos hacemos sordos a la voz y ciegos a los signos.

Ante la imagen de un Papa que se retira, preferimos refugiarnos en la frivolidad. Vivimos bajo “el imperio de lo efímero”, como ha escrito Lipovetsky. Seguramente es justificable la curiosidad humana ante un hecho insólito. Pero no podemos quedarnos en preguntar por el color de los zapatos del papa emérito.

Al renunciar al supremo pontificado, Benedicto XVI se retira a orar. Como tantas veces nos dijo, lo más importante es la cuestión de Dios.  Pero esa cuestión es tabú para el mundo moderno. La retirada a la contemplación es provocadora. La profundidad de lo religioso nos da vértigo. Por eso tratamos de cubrirla con el ramaje del cotilleo o las ortigas de la conspiración.

Dicen que Benedicto XVI se retira porque ha fracasado en su proyecto de recristianizar este mundo secular. Pero, en realidad, somos nosotros quienes fracasamos al no aceptar a Dios. Ese Dios-amor al que él dedicó su primera encíclica como programa de su pontificado.

Decididamente nos molesta Dios. Y no toleramos fácilmente que alguien nos recuerde su presencia. Ni con su palabra ni con su silencio. Sin embargo, la presencia misericordiosa de Dios se impone a nuestra terquedad. Siempre habrá profetas que den cuenta de Él. Benedicto XVI seguirá siendo para nosotros, con su presencia silenciosa y orante y con su palabra de fe, una llamada a la conversión y a la esperanza.

 

José-Román Flecha Andrés

 

 

 



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