Iglesia en España Última hora

Renovar Pentecostés

«Pueblo de Dios en Salida» y «Hacia un renovado Pentecostés» fueron los dos grandes lemas que marcaron el Congreso de Laicos celebrado hace ya tres meses, cuyas enseñanzas guiarán el camino que seguiremos en los próximos años con el fin de potenciar y dinamizar la vocación laical. El primero de ellos, acogiendo una expresión recurrente y luminosa del Papa Francisco, nos ayudó a comprender que la Iglesia la formamos todos los bautizados y que, precisamente por ello, todos —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— nos necesitamos para ser Iglesia y para cumplir con la misión que el Señor Jesús nos ha encomendado. Con el segundo, que presidió la entrada al espacio en el que se desarrolló el Congreso, se expresaba el mandato final que asumimos quienes participamos en él —y, por extensión, cuantos formamos parte de las comunidades de procedencia— de interiorizar en nuestras concretas existencias el acontecimiento de Pentecostés para gozar de una verdadera vida en el Espíritu abierta a la misión.
En la Solemnidad de Pentecostés confluyen ambos lemas —que, en realidad, van más allá de unas simples frases con cierta fuerza, pues manifiestan auténticas encomiendas para cada uno de nosotros y para nuestras comunidades—: como Pueblo de Dios estamos llamados a romper nuestros miedos y nuestros prejuicios entre nosotros y hacia el mundo al que Dios nos envía a ser sal y luz; renovar Pentecostés implica volverlo a su primer estado, esto es, actualizar en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestra Iglesia, el envío del Señor a hacer discípulos suyos en todas las naciones, a ayudar a que otros lo encuentren, quieran hacerlo presente en su vida y busquen seguir sus pasos, como ocurrió con nosotros mismos.
Este doble mandato ha de ser personalizado y asumido por cada uno de nosotros a través de nuestra integración en una comunidad eclesial. No en vano, en la solemnidad de Pentecostés celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, lo que nos recuerda que los movimientos y asociaciones constituyen un instrumento eficaz para vivir plenamente la fe y son expresión del ser comunitario de la Iglesia, compatibles con la parroquia entendida como espacio para el ejercicio efectivo de la vida cristiana y fuente de la aldea. Patear las calles, entrar en cada rincón de la sociedad, llegar hasta los límites de la ciudad, tocar las heridas de nuestra gente…, en definitiva, todo aquello que nos pide el Papa Francisco en su mensaje con motivo del Congreso, no puede hacerse sino en comunión con la Iglesia y desde la consciencia de la acción del Espíritu en nuestro interior y en el seno de nuestras comunidades.
No somos Iglesia solo nosotros; no somos Iglesia únicamente para nosotros. En cierto sentido, podemos afirmar que en el día de Pentecostés la Iglesia queda configurada como Iglesia en Salida: congregada en torno al Señor, abierta a su Espíritu, sinodal, al servicio de la evangelización y del cuidado de los hombres y mujeres a los que es enviada, que es y actúa en comunión. Esa es la Iglesia que experimentamos quienes participamos en el Congreso de Laicos. Esa es la Iglesia que hemos de seguir construyendo, cada día, en una constante renovación y actualización del primer Pentecostés.

Print Friendly, PDF & Email