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Renovación, conversión y reforma, por José-Román Flecha (Diario de León, 22-3-2014)

Renovación, conversión y reforma, por José-Román Flecha (Diario de León, 22-3-2014)

En su exhortación “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco afirma que, para llevar a cabo la evangelización, se necesita una urgente renovación, conversión y reforma de la Iglesia. Según el Concilio Vaticano II, esta renovación de la Iglesia consiste sobre todo en el aumento de la fidelidad a su vocación (EG 26).

El Papa incluye en este contexto una frase espléndida que evoca un horizonte de futuro: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (27).

Más que la renovación de las estructuras, hoy es muy  urgente el cambio de mentalidad, sobre todo con relación al modo de comunicar el mensaje cristiano. He aquí un decálogo de sugerencias, extractado de algunos números de la exhortación papal.

 

Que el mensaje que anunciamos no quede reducido a algunos de sus aspectos secundarios. (34), sino que se concentre en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y lo más necesario (35).

Lo más importante es el anuncio del amor salvador de Dios que se manifiesta en Jesucristo muerto y resucitado (36).

Las obras de amor al prójimo revelan la gracia del Espíritu (37). No se puede ignorar que todas las virtudes están al servicio de la respuesta de amor humano al amor divino. (39).

Hay que presentar las verdades de siempre en un lenguaje que refleje su permanente novedad (41).

No olvidar que, por comprensible que sea el anuncio del Evangelio, la fe siempre conserva un aspecto de cruz y alguna oscuridad que impide a algunos aceptarla y mantenerla con firmeza (42).

Hay normas y costumbres que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida (43).

El ideal evangélico ha de ser propuesto con esperanza, seguido con paciencia y revisado con misericordia. El encuentro con Dios es un momento marcado por su misericordia. “El confesonario no debe ser una sala de tortura”(44).

“Un corazón misionero…no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino” (45).

Como evocando la parábola del hijo pródigo, se nos recuerda que “la Iglesia en salida es una Iglesia con las puertas abiertas” (46).

“No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos” (49).

No es ociosa esa alusión a la cruz. La cruz estará siempre presente en la vida cristiana. Con razón escribía Henri de Lubac: “El sufrimiento es el hilo del cual está tejida la tela de la alegría. Jamás el optimista conocerá ésta”.

Estas afirmaciones y declaraciones son una pauta para un serio examen de conciencia, personal y estructural, a la hora de evaluar  un proyecto de evangelización.

José-Román Flecha Andrés



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