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Opinión

Religión en la Escuela: Severo Ochoa, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Religión en la Escuela: Severo Ochoa, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Severo Ochoa (1905-1993) fue Premio Nobel de Medicina. Sólo otro español lo consiguió en esta modalidad, Cajal. Al igual que éste, Ochoa fue a colegios religiosos, y más mayorcete ganó el Premio Nobel. Hasta los siete años en el cursó estudios en el colegio de los Hermanos Maristas de Gijón, ciudad donde la familia pasaba el invierno. Después, hasta los diez, en el colegio de los Jesuitas de Málaga.  

El ir a un colegio religioso y ser una lumbrera es algo que no nos extraña en absoluto a quienes somos católicos y científicos, y vivimos la compatibilidad de ambas facetas de nuestra persona. Cajal dejó escrito que a lo largo de su vida experimentó un debilitamiento en sus creencias, sin que llegase nunca a renunciar e la fe en la existencia del alma y de Dios. Severo Ochoa se declaraba agnóstico, nunca ateo, ni materialista. César Nombela señala que era un agnóstico «tremendamente respetuoso» con los creyentes.

En un artículo de María Martínez López de Alfa y Omega (nº 645, 2009) se recogía su «Ojalá yo tuviera fe» que Nombela recuerda que don Severo solía decir y otras interesantes cosas que rescato y paso a comentar, a colación de la religión en la escuela, algo que debe seguir porque no es como dicen, y lo podemos ver en el mencionado artículo que comento en estas líneas. Ochoa admiró la fe de su esposa, y estaba seguro de que la religión «había contribuido a que la gente fuera mejor». Probablemente por eso no se le conocen declaraciones contra la enseñanza religiosa, algo que en la actualidad hacen algunos científicos que no le llegan ni a la suela del zapato a Ochoa. Era agnóstico; ni ateo, ni contrario a la religión. Nombela, ex Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), discípulo de Ochoa en Nueva York entre 1972 y 1975 y Presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa, cree que, en su juventud, «el conflicto poco resuelto con el darwinismo afectó a la actitud religiosa» del Premio Nobel. En un artículo sobre la vida escrito en 1987, Severo Ochoa escribió: «Para la mayoría de los científicos, la vida es explicable casi, si no en su totalidad, en términos de la física y la química. Eso no quiere, sin embargo, decir que sepamos lo que es la vida».

Severo Ochoa «no fue exclusivamente materialista» y sí muy asiduo a las exposiciones de Las Edades del Hombre. Ochoa valoraba la aportación del creyente, «sea científico o no». Severo Ochoa fue muy amigo del padre Arrupe, con quien coincidió en la Facultad de Medicina. Don Severo lo visitó varias veces, en Japón y Roma. Al cumplirse cien años del nacimiento del jesuita, el bioquímico don Santiago Grisolía recordó en un artículo, en El País, cómo el propio Ochoa le había contado que, como despedida en Roma, le pidió al padre Arrupe, ya hemipléjico, que lo bendijera, lo que el jesuita hizo gustoso. Otro gran amigo de Ochoa fue el filósofo personalista católico Javier Zubiri, al que conoció en París en 1936 y al que unieron décadas de amistad y frecuentes conversaciones sobre «los grandes enigmas. Estábamos de acuerdo en que el enigma fundamental era el origen de la materia», que para Zubiri era Dios. En el mismo artículo, añade: «El contacto con él elevaba a uno humana y espiritualmente». Igual de elogiosas fueron las palabras que dedicó al padre José María Albareda, que había sido Secretario General del CSIC. Con estos antecedentes, no es de extrañar que, cuando Severo Ochoa fue nombrado miembro de la Pontificia Academia de Ciencias, recibiera la noticia «con gran alegría y satisfacción». En cuanto a su propia mujer, doña Carmen García, Nombela recuerda haberle oído decir, tras quedar viudo, con palabras parecidas: «Ojalá yo tuviera la fe que otras personas tienen».

Excelente información la de María Martínez López en Alfa y Omega. ¿Por qué no la leerán quienes abominan de la religión o dicen que es malísima para la formación humana, y no digamos científica? Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina no pensaba como ellos. Ese tipo de afirmaciones son pura ideología y no tienen nada de científico.

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