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Opinión

Religión en la Escuela: Santiago Ramón y Cajal, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Religión en la Escuela: Santiago Ramón y Cajal, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Es difícil que alguien en España no conozca quien fue Santiago Ramón y Cajal. Como bien es sabido, Cajal fue el descubridor de la neurona, lo que le valió el Premio Nobel de Medicina en 1906. Sobre las excelencias de Santiago Ramón y Cajal hay abundante bibliografía.

Continúa siendo unos de los autores españoles más citados en investigación científica. También se ha indicado abundantemente el importante papel que jugó en el impulso que la ciencia recibió en el primer tercio del siglo XX, desde su privilegiada posición de presidente fundador de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) desde 1907 hasta su fallecimiento.

Menos se conoce el hecho cierto de que aceptó el nombramiento de presidente de la JAE a regañadientes, después de negarse a ser ministro, algo que a quienes nos dedicamos a la investigación científica no nos sorprende, ya que alguien como él, y más después de recibir el Premio Nobel, lo que quiere hacer es investigar y no perder el tiempo en papeleos o gestiones, y le fue propuesto con inteligencia, cuidado, para evitar en lo posible injerencias políticas.

Si no se cree este comentario, no hay más que contabilizar el tiempo que nuestro siguiente –y hasta ahora último- Premio Nobel de Medicina de 1959, Severo Ochoa, dedicó a esos menesteres: el justo para obtener financiación de sus pesquisas. Severo Ochoa, que huyó al exilio desde el Madrid republicano aterrorizado por la violencia que desataron los simpatizantes del Frente Popular.

Pero volviendo a Cajal, que reconoció en sus escritos –fue un extraordinario escritor- haber convertido el Laboratorio de Ciencias Biológicas del Instituto Nacional de Ciencias Físico Naturales en un laboratorio de histología del sistema nervioso, dedicado exclusivamente a su especialidad, se le asocia a la II República y al republicanismo de izquierdas, cuando en realidad fue muy conservador y monárquico. Pero también se le asocia a la Institución Libre de Enseñanza, al Instituto Escuela, a la formación estudiantil laica…y esto es falso de toda falsedad.

Santiago Ramón y Cajal estudió en las Escuelas Pías de Jaca, de los padres escolapios, vamos. Fue matriculado en él y sometido a una dura disciplina (ayunos incluidos) por un profesor famoso por doblegar muchachos rebeldes, cosa que el padre de Cajal quería a toda costa conseguir, para disuadirle de su entonces incipiente afición a la pintura, que tan útil sería con posterioridad para su carrera científica, plagada de éxitos conseguidos a través de la minuciosa observación y dibujo de lo observado. Haciendo referencia al episodio de dureza docente en los Escolapios, sobre el cual se han dicho verdaderas burradas contra al Iglesia, diría Cajal mismo años más tarde, por carta publicada en

“Nuestra Revista”, Órgano Oficial de los Antiguos alumnos de San Antón, del mes de julio de 1922:

Don Eduardo Rute.

Estimado Compañero:

He recibido y leído con deleite los números de Nuestra Revista, redactada por los antiguos alumnos de San Antón.
Y he sabido también por su grata, con la natural satisfacción, los acuerdos, tan honrosos para mí, tomados por los doctos redactores de la citada publicación. Por todo ello doy a usted, así como a sus simpáticos compañeros, las más cordiales gracias.

No hay que dar valor a las críticas estampadas en mi Autobiografía con relación a la Escuela Pía de Jaca. Ninguna institución docente está libre de albergar temporalmente algún profesor de mal genio y excesivamente riguroso.

Sobre que mis endiabladas travesuras de chiquillo díscolo, justificaban de sobra cualquier medida disciplinaria. Yo me enorgullezco hoy, de todos modos, de haber sido alumno de las Escuelas Pías.

Me es muy grato con este motivo, después de reiterarle la expresión de mi gratitud, saludarle afectuosamente.
[“Cajal. Escritos inéditos”, García Durán Muñoz y Francisco Alonso Burón, publicados ambos en Barcelona en 1983 por la Ed. Científico Médica].

Cajal además fue una buena parte de su vida creyente, y lo dejó escrito, afirmando no haber perdido nunca la fe en la existencia de Dios y del alma inmortal, y casó con una piadosísima mujer, Silveria Fañanás.

¿A qué vienen las críticas a que quien quiera reciba religión en la escuela, si Cajal la recibió y fue Premio Nobel?

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