Opinión

Religión en la escuela pública: ¿Por qué, sí?, por Fidel García Martínez

Religión en la escuela pública: ¿Por qué, sí?, por Fidel García Martínez

El sistema educativo actual tiene como un logro extraño y contrario a toda tradición cultural del Occidente, basada durante más de dos mil años en los valores del humanismo cristiano del evangelio, el postergar la religión con mayor medidas restrictiva que cualquier otra actividad docente.

Los profesores de Religión, una disciplina tan digna como otra cualquier otra aunque no sea una ciencia de la naturaleza, sino del espíritu y por lo tanto digna de respeto, se sienten acosados por el Pedro Sánchez, radical opositor, por lo que dice y parlotea,  a todo lo que sea libertad educativa.

Este ataque sistemático no es sólo propio de partidos políticos  autoproclamados progresistas izquierda, sino  también  neoliberales y conservadores, que paradójicamente en este rechazo a la religión en la enseñanza, coinciden. La opinión pública seducida por los ideólogos del  espejismo ateo, proclaman con un fervor extrañamente cuasi religioso  que la religión debe desaparecer de la escuela, porque la religión no tiene ninguna importancia real en la vida, y trata de asuntos de los que no merece la  pena preocuparse para ser feliz o desgraciado.  Ante la persistencia milenaria de la religión en todas las culturas y civilizaciones, se da por supuesto que ahora el hombre postmoderno y nihilista sea liberado de Religión y es más libre que nunca porque se adora a sí mismo  y no tiene necesidad de nada ni de nadie, y si no se inventa sus ídolos: el fútbol,  el partido, el líder máximo político e ideológico que además de la haría feliz  ahora  en un paraíso en la tierra, en donde todos sus anhelos y deseos terrenales tendrán satisfacción inmediata, sólo es cuestión de creer a ciegas  a los iluminados del nuevo orden mundial que  hará a todos, dichosos.

Pero la realidad  es otra muy diferente, porque ningún factor constitutivo del ser del hombre, que es mucho más que  un mono más evolucionado, porque ningún mono se adora a sí mismo, lo que no impide que algunos hombres y mujeres adoren  a   los ídolos animalescos  con los que ellos fantasean, se puede expulsar de la conciencia sin que con el tiempo surjan secuelas destructivas para la integridad de la vida individual y social del hombre.  Son muchos los prestigiosos psiquiatras, teólogos y pensadores  que sostienen con firmeza que la actual extensión de deformaciones y trastornos de la personalidad, cada vez más frecuentes están directamente relacionadas con la represión de la necesidad de  dar sentido a la enfermedad, dolor y la muerte, así como dar una razón del porqué y para qué  de la vida, es decir de la represión de las preguntas a las que da respuestas la auténtica experiencia religiosa como continuamente los afirman muchos personas que ha descubierto el sentido de sus vidas en la vuelta a Dios, como realidad última,  primer principio y último fin. Dios no  puede manipulado ni por los la tecnología ni por la ciencia, porque no puede ser reducidos a una hipótesis científica que puede ser manipulada en el laboratorio.

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología Románica

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