Reina y Señora de nuestra Tierra (en la fiesta de la Asunción de María, la Virgen de los Reyes de Sevilla)
Firmas

Reina y Señora de nuestra Tierra (en la fiesta de la Asunción de María, la Virgen de los Reyes de Sevilla)

Por Antonio Romero Padilla, sacerdote diocesano de Sevilla

Empezamos a llegar de las playas y de los pueblos; de la Sierra y la Vega del Río, de la Campiña y el Condado. Los caminos que recorren los viejos senderos de la memoria y vienen de los Alcores pronto se llenarán de rezos y plegarias de abuelas y madres que nos unen con lo mejor de nuestro pasado y saben bien qué tiene que enseñar a su prole para que no se pierdan por los tortuosos senderos de la vida. Plegarias que bajarán presurosas desde la Cuesta del Aljarafe con la envidia del Monumento al Corazón de Jesús que un año más –y ya van muchos– tendrá que divisar el momento desde lejos.

Nervios de un pueblo que sabe que mañana, al alba, puntual a su cita, como siempre, sale la Reina de Sevilla, la Patrona que el Cielo quiso para este cahíz de tierra, quizás el más valioso de la Tierra. Bendito regalo de un rey Santo que sabía que para ser la familia de los hijos de Dios tenemos que crecer en torno a la Madre común de todos. Hermosa Señora que nos muestra el Fruto bendito de su vientre, ese Niño pícaro, de zapatitos pringados con el fango de nuestra historia, que sigue mostrando cada Quince de agosto la sonrisa de un Dios que cumple con creces hasta nuestros mejores deseos (tres, por si se olvida la Tradición). Mañana más que nunca entre girolas sobre su palio dirá gritando aquello que no se cansa de repetir desde aquella tarde de Viernes Santo en la Cruz, aunque  –como entonces– solo lo oirán los soñadores: “Hijo, ahí tienes a tu Madre”. Procesión de Tercia que nos muestra que la Ciudad, a veces, madruga por buscar sus mejores sueños: el de una baranda donde agarrarse porque va a pasar la Madre de Dios. Sólo entonces descubriremos que las canas o los desgarrones de la vida no podrán apagar o disimular nunca las lágrimas de emoción que cada año recorren nuestras mejillas al verla y sentir, ¡palpar!, que esa sonrisa eclipsa cualquier desastre del día a día.

¡Feliz Día de la Virgen por la que los Reyes reinan! ¡Feliz mañana de la Asunción, donde el Señor no puede guantar más y se lleva a su Madre al Cielo!

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