Revista Ecclesia » Regreso estival

Al abrir la puerta Blogs de Ecclesia

Regreso estival

Ay.

Por más que uno lo dice, lo repite, lo escribe y lo predica –no estamos hechos para el ocio en exclusiva, somos más que seres para el descanso, nuestra verdadera identidad y libertad está en el hacer no en el holgar- cuando terminan las vacaciones de verano y le toca a uno regresar a las rutinas y obligaciones, uno duda. Duda.

Duda de si el estado natural del hombre no será el ocio y no el negocio.

Duda de si aquello a lo que nos dedicamos tiene más sentido que ver caer el sol sobre el mar, que contemplar las estrellas desde una cumbre con el bosque a tus pies, que una siesta larga con un libro abierto en el pecho, que una comida de amigos y familia que comienza pronto y termina tarde entre conversaciones y palabras y risas y memorias.

Duda. De si la contemplación no tendrá más sentido que la acción. Dudas del para qué tanto activismo…

Mi amigo Daniel Capó nos enviaba a unos cuantos afortunados hace unas semanas la dirección de la nueva web del obispo de Trondheim, el monje cisterciense Erik Varden, uno de los más interesantes pensadores católicos actuales, y en la explicación de su motto episcopal encuentro claves que me ayudan a sostenerme en el regreso.

Dice Varden: «Dios es un Dios vivo, presente y activo, por lo que debemos vivir en estado de alerta contemplativa, expectantes; lo que Dios habla excede, por definición, las categorías del intelecto de cualquier individuo, requiriendo que seamos humildes ante la verdad; Dios lanza una palabra dirigida a todos juntos, para que nos necesitemos unos a otros para recibirla, entenderla correctamente y seguirla fielmente».

Santo Tomás de Aquino parece plantear en su Summa (II.II, q.188, a.6) la superioridad de la vida activa sobre la contemplativa siempre que la activa esté fundamentada en la misma contemplación – «Así como es más perfecto iluminar, que solamente ver la luz, así también es más perfecto comunicar a otros lo contemplado, que solamente contemplar» – y quizás por ahí van aclarándose algo las dudas del regreso.

El sentido de lo que haces no ha de buscarse en la misma actividad, sino en lo que la motiva, lo que la sostiene. Es como el relato de los tres canteros labrando piedras. A la pregunta del ignaro de qué hacen trabajando a golpes sobre la piedra bruta, cada uno le responde a su modo. El primero que dar golpes y sudar y pasar calor con el esfuerzo; el segundo que alimentar a su familia con el sudor de su trabajo; el tercero que construir una catedral…

Cuando uno duda del camino que emprendió, es o bien porque este ha perdido su sentido, o porque uno ha olvidado su sentido. Tanto uno como otro lo que indica es en la inmensa mayoría de las veces falta de contemplación, de hondura, de interior, de discernimiento, de reflexión.

Quizás el verano vacante, el holgar, no sea a lo que estamos llamados, pero desde luego que el activismo hipertrofiado de un turbocapitalismo liberal y posmoderno, tampoco lo es. Nacidos para la verdad, la libertad y el sentido, la contemplación y la acción han de ir unidos en su sentido: contemplari et aliis tradere contemplata.

Vicente Niño Orti, OP. @vicenior



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA