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Regina Coeli del Papa Francisco en el I Lunes de Pascua

Regina Coeli del Papa Francisco en el I Lunes de Pascua: La fe debe convertirse en vida, traducirse en actitudes

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz día y feliz Pascua a todos vosotros! Os doy las gracias por haber venido hoy también en gran número para compartir la alegría de la Pascua, misterio central de nuestra fe. Que la fuerza de la resurrección de Cristo pueda alcanzar a toda persona –especialmente a quien sufre– y todas las situaciones más necesitadas de confianza y de esperanza.

Cristo venció al mal de manera plena y definitiva, pero corresponde a nosotros, a los hombres de cada época, acoger esa victoria en nuestra vida y en las situaciones concretas de la historia y de la sociedad. Por eso considero importante subrayar lo que hoy pedimos a Dios en la liturgia: «Señor Dios, que por medio del bautismo haces crecer a tu Iglesia, dándole siempre nuevos hijos, concede a cuantos han renacido en la fuente bautismal vivir siempre de acuerdo con la fe que profesaron» (Oración colecta del lunes de la Octava de Pascua).

Es verdad: el bautismo que nos hace hijos de Dios, la eucaristía que nos une a Cristo, deben convertirse en vida, es decir traducirse en actitudes, comportamientos, gestos, opciones. La gracia contenida en los sacramentos pascuales es un potencial de renovación enorme para la existencia personal, para la vida de las familias, para las relaciones sociales. Pero todo pasa a través del corazón humano: si yo me dejo alcanzar por la gracia de Cristo resucitado, si le permito cambiarme en ese aspecto mío que no es bueno, que puede hacerme daño a mí y hacérselo a los demás, permito que la victoria de Cristo se afirme en mi vida, que extienda su acción benéfica. ¡Este es el poder de la gracia! Sin la gracia no podemos hacer nada. ¡Sin la gracia no podemos hacer nada! ¡Y con la gracia del bautismo y de la comunión eucarística puedo hacerme instrumento de la misericordia de Dios, de esa hermosa misericordia de Dios!

Expresar en la vida el sacramento que hemos recibido: este es, queridos hermanos y hermanas, nuestro compromiso diario, ¡pero diría también que es nuestra alegría diaria! ¡La alegría de sentirse instrumentos de la gracia de Cristo, como sarmientos de esa vid que es él mismo, animados por la savia de su Espíritu!

Oremos juntos, en el nombre del Señor muerto y resucitado y por intercesión de María Santísima, para que el misterio pascual pueda actuar profundamente en nosotros y en este tiempo nuestro, para que el odio ceda el sitio al amor, la mentira a la verdad, la venganza al perdón, la tristeza a la alegría.

 

Después del rezo, añadió el Santo Padre:

 

Os saludo con gran afecto a todos vosotros, queridos peregrinos que habéis venido de varios continentes para participar en este encuentro de oración.

Que cada uno pueda pasar con serenidad este Lunes del Ángel, en el que resuena con fuerza el anuncio jubiloso de la Pascua: ¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua a todos! ¡Feliz Pascua a todos y feliz comida!

 

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)



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