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Reformar la Iglesia para evangelizar, por Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona

Reformar la Iglesia para evangelizar, por Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona

Carta de Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona para el domingo 19/01/2014

Estamos celebrando la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, como muchas iglesias y confesiones cristianas de todo el mundo. Es una semana de oración, es decir, es todo un acontecimiento espiritual. Se celebra cada año del 18 al 25 de enero. Este día tiene lugar la fiesta de la Conversión de san Pablo, lo que nos recuerda que en el movimiento ecuménico tiene una gran importancia el llamado ecumenismo espiritual, que ha estado siempre presente en los esfuerzos de aproximación y de aprecio entre los cristianos desde el inicio mismo del movimiento ecuménico.

Este año la Semana de Oración tiene un lema muy interpelador. Es una breve pregunta que, precisamente, hace san Pablo en su primera carta a los Corintios: “¿Es que Cristo está dividido?” En la comunidad cristiana de Corinto había divisiones y Pablo les invita a todos a vivir la comunión y la fraternidad, diciéndoles que las divisiones dificultan la propuesta de Cristo, es decir, el testimonio cristiano y la evangelización, que no se debe confundir con el proselitismo. Juan Pablo II, hablando a los jóvenes, les dijo una frase muy recordada: “La fe en Cristo se propaga, pero no se impone”.

El papa Francisco, en su reciente Exhortación apostólica La alegría de la fe, que recoge y propone a toda la Iglesia los trabajos del Sínodo del año 2012 sobre la evangelización, nos lo dice muy claramente: “La Iglesia, hoy, debe tener un espíritu misionero. La Iglesia ha de salir”. ¿Y qué quiere decir esto? Significa que debe ser misionera, y ésta es para ella una exigencia desde su inicio porque la Iglesia existe para evangelizar.

Ya lo dijo un documento todavía muy actual, la Evangelii nuntiandi, de Pablo VI. La Iglesia ha de servir para evangelizar, si no no sirve para nada, porque ha sido fundada por Jesucristo con la misión de anunciar al Mesías.

En la exhortación apostólica del papa Francisco también está muy presente esta dimensión de la reforma de la Iglesia, que debe estar presente en todos los estamentos; el Papa dice, incluso, que reformará lo necesario en el modo de ejercer su servicio de obispo de Roma y primado de la Iglesia católica. Ya lo dijo Juan Pablo II con estas palabras: “Ayudadme a hacer aquellas reformas que sean necesarias, manteniendo lo más sustancial y esencial del pontificado y del primado”.

Todos debemos estar abiertos a esta reforma necesaria: los obispos, las diócesis, las parroquias, los movimientos, los religiosos y los laicos también nos tenemos que ir reformando. Y reformarse significa convertirse. Por eso he mencionado la importancia que tiene la espiritualidad en el camino ecuménico. Si somos más fieles a Jesucristo y a las mociones del Espíritu Santo, daremos un testimonio más creíble ante el mundo de hoy.

El papa Francisco nos dice que el objetivo de la reforma eclesial es la misión porque, insisto, la Iglesia existe para evangelizar. Debemos estar dispuestos a reformar lo que sea necesario de la Iglesia para que ésta pueda cumplir su misión esencial.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona



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