Carta del Obispo Iglesia en España

Reflexión sobre el Viernes Santo, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Domingos 9 y 16 de abril de 2017

MIRAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ

Reflexión sobre el Viernes Santo

Queridos hermanos y amigos:

El Viernes Santo es un día sobrecogedor dentro de la Semana Santa. Es el centro del tríptico que forman las celebraciones del Jueves Santo, con la solemne Misa de la Institución de la Eucaristía y la del Sábado Santo que culmina con la solemne Vigilia Pascual

Frente a estas dos celebraciones, llenas de luz y de color, de alegría y de emoción; la del Viernes Santo ofrece un aspecto sobrio y recogido, aunque esté lleno el día de tantas manifestaciones de religiosidad popular. Con vosotros reflexiono en los sentimientos que en mí suscita este día santo.

Silencio y palabra

El silencio es una de las características de la liturgia de este día, no suenan las campanas, no suenan el órgano o los demás instrumentos que empleamos en nuestras celebraciones. Aunque sí resuena el profundo sonido del tambor y de los demás instrumentos de las cofradías que son como el clamor de la tierra que se estremece ante la muerte del Salvador de los hombres.

Día de silencio pero día, también, en el que la palabra de Dios se proclama con mayor intensidad. En la liturgia de este Viernes sobrecoge, emociona e impacta, escuchar el anuncio de Isaías (52, 13, 53, 12) o la pasión según San Juan (18, 1-19, 42).

Cómo no estremecerse ante las palabras de Isaías: Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. O ante la presentación de Cristo en el Evangelio de San Juan: arrestado, interrogado, juzgado, renegado por sus amigos, flagelado, condenado, crucificado y muerto. Pero a la vez, en el texto de San Juan, se entrevé la dignidad de Cristo en el momento supremo de la Pasión y de la Cruz. No es la muerte de un fracasado es la muerte de un Rey que triunfa.

Si en la celebración litúrgica, la palabra de Dios se proclama con mayor extensión, no podemos olvidar que, en los distintos actos de piedad, también se predica con mayor fuerza. En tantas iglesias y calles se predican las Siete Palabras o el Via Crucis. Cómo quedar indiferentes cuando escuchamos, paso a paso, los momentos de la Pasión y los aplicamos a nuestras vidas. Es como si Cristo nos hablará al corazón y volviera a decirnos: Perdónalos, hoy estarás conmigo en el paraíso, ahí tienes a tu Madre. Cómo no sentir que llama a nuestro corazón cuando dice: Tengo sed o todo está cumplido.

Silencio, palabra e imagen

Junto al silencio y a la palabra de Dios, la fuerza de la imagen. Lo que escuchamos lo vemos y contemplamos. Son las imágenes que procesionan nuestras calles. Vemos a Cristo que es flagelado atado a la columna, que cae por tierra, que es crucificado y está dando su último suspiro o bien está ya muerto y es puesto en los brazos de su Madre o sepultado.

Cómo no estremecerse, nuevamente, ante la palabra hecha imagen y ante el silencio de todos, que sólo es roto por el sonido del tambor o la trompeta. Me impresiona en la procesión del Viernes Santo la mirada atenta de los que ven ante sus ojos las distintas imágenes de Cristo y de María. Cómo no enternecerse viendo a los niños que quedan asombrados ante tanto realismo.

En el Viernes Santo hay un fenómeno común a muchos; durante todo el año vemos en nuestras iglesias las imágenes de Cristo en la Cruz, sin embargo este día es como si las viéramos por primera vez, nos llenan de asombro y, a la vez, de amor.

Y, cómo no admirar a todos los que, a través de las cofradías y hermandades, hacen llegar en este día el mensaje salvador de la Cruz de Cristo a tantas y tantas personas que llenan las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Silencio, palabra e imagen que nos renuevan

Sólo Dios conoce el corazón de cada persona y sólo Él sabe la respuesta de cada uno de nosotros a su llamada. Pero, al concluir esta reflexión, me vais a permitir que, con vosotros, comparta las actitudes cristianas que en este día debemos revivir para que nos ayuden siempre.

. El Viernes Santo no somos meros espectadores que escuchan y ven pasivamente. Somos personajes presentes en lo que escuchamos y vemos. La muerte de Jesús no es una historia pasada, oír y ver es poner los ojos y los oídos del corazón en Cristo y en Él encontrar el amor de Dios.

. El Viernes Santo no sólo quiere crear en nosotros emociones, quiere que esas emociones toquen realmente el corazón y hagan crecer en nosotros la fe.

. El Viernes Santo es un día para oír y ver a los hermanos, especialmente a tantas personas que sufren la cruz de la enfermedad, de la pobreza o de la injusticia.

Que en este Viernes Santo, la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo sea el signo de nuestra esperanza y fuente de consuelo para todos los que sufren. Por ello como cantamos, el día de la Cruz y el Jueves Santo:

Nosotros hemos de gloriarnos, en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en Él está nuestra salvación, vida y resurrección, que nos ha salvado y libertado.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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