Rincón Litúrgico

Reflexión. Domingo XXV del Tiempo Ordinario, por fray José Borja

Reflexión. Domingo XXV del Tiempo Ordinario, por fray José Borja

¡Feliz Domingo, Día del Señor!

Los domingos anteriores veíamos como el núcleo principal de los Evangelios era el perdón. No se puede (decíamos en anteriores reflexiones) que no podemos ser verdaderos seguidores del Señor, si no perdonamos, pedimos perdón y amamos por encima de todo.

En este Domingo XXV del Tiempo Ordinario, Mateo, en su parábola, nos hablará de la envidia. La envidia es la rabia que sentimos, el dolor (por llamarlos de alguna forma) que nos provoca el bien ajeno. También, en muchas ocasiones, parece que el esfuerzo personal merece mejores recompensas que el del otro.
Por eso, para combatir la envidia que desde que somos pequeños es por desgracia nuestra “compañera” de camino, debemos responderle con la “medicina” de la Misericordia. Ver a los demás como Dios nos mira.
Y si queremos ser personas cristianas, debemos luchar para que nuestros actos se asemejen lo más posibles a los de Cristo. Dejemos a Dios ser Dios, y que pueda realizar en cada uno de nosotros su sueño y podamos trabajar en su viña con generosidad entre unos y otros.

En la Primera Lectura del Profeta Isaías:

Vemos, que para buscar al Señor, se necesita “exigencia” y un “abandono”. Con palabras más claras: Necesitamos una conversión.
No podemos nadar y guardar la ropa. Dios tiene unos planes para cada uno de nosotros (como dije más arriba), pero, el hombre es libre de seguirlo o que se desvíe. La misericordia siempre está dispuesta a empezar de nuevo.
Mayor es el perdón de Dios, que nuestro pecado. Dios es siempre fiel y nos espera.
Pero respeta nuestra libertad de convertirnos o seguir donde estamos.

En La Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Filipenses:

Pablo, desde la cárcel y a pesar de ser consciente del riesgo de muerte afirma que “Para mí la vida es Cristo”. Se siente libre y sabe que está siendo fiel a lo que se le ha encomendado.
Es tan grande su deseo de estar al lado de Jesús, que su fidelidad llega a ser más fuerte que el miedo. No es un hombre masoquista que le gusta ni exalta el sufrimiento.
Al revés, es un hombre, que ha tenido una fuerte experiencia de Dios, y esto le impulsa a salir de nuevo de sí mismo para anunciar el Evangelio. Una persona enamorado de Cristo.
Pero… ¿Cómo somos nosotros? Seguramente, muchas veces, en nuestra vida prevalece muchas otras cosas, y no Cristo. Y si cuenta, en muchas ocasiones, lo tendremos como si fuera un paracetamol. Lo que llamo, El Dios-Pastilla. Nos acordamos de Él cuando le necesitamos, para pedirle algo en algún momento puntual. El resto de día, si, lo tenemos ahí, pero no nos hace falta.
Pablo, es un buen modelo para que en esta semana, reflexiones que nos mueve en nuestra vida, y en qué lugar tenemos a Dios.

En el Evangelio de Mateo:

Nos presenta el modo diferente que Dios tiene de actuar frente al ser humano: Paga a todos por igual. No hace distinción. Con lo cual, vemos que la generosidad y la justicia de Dios, pasan nuestra forma de pesar… Porque si yo llevo trabajando más tiempo, ¿por qué tengo que recibir el mismo salario que el que ha entrado ahora?
La parábola nos enseña que Dios es gratuito, nos regala sus dones y no nos mide por la cantidad sino por la calidad. Da igual la productividad en nuestras tareas, lo importante es el ingrediente de generosidad y AMOR con que hacemos las cosas.
Él conoce nuestras limitaciones, pero, aun así, sale a nuestro encuentro. Nos llama y nos da la opción de seguir y trabajar en su viña, con Él.
Dios (Propietario de la Parábola) sale cada día a nuestro encuentro (los trabajadores de la viña) y hay espacios para todos. TODOS SOMOS IGUALES. No importa el título que tengas, el doctorado, o si has llegado el primero. Dios paga cuándo Él quiera y como quiera.
No nos fijemos en cómo trabajan los otros, ni si reciben más o menos. A nosotros nos toca trabajar fielmente y poniendo empeño. El Reino no es una competición de carrera para ver quién es el mejor… Demos gracias por el don gratuito y luchemos para trabajar con amor.

Pidamos a la Virgen de la Merced, cuya fiesta celebramos hoy, que interceda por cada uno de nosotros y nos otorgue el estar verdaderamente enamorados de Cristo (Como Pablo lo estuvo, y por eso no tuvo miedo a nadie ni nada) y nos de fidelidad para trabajar en la viña, no con envidia de los otros, sino, con gratitud y generosidad.

También, pidamos hoy, por todos nuestros hermanos que están privados de libertad, por los voluntarios, funcionarios y capellanes. Que la Virgen les ayude a cada uno de ellos a tratar con bondad y misericordia a aquellos no han tenido tanta suerte, y por una cosa u otra, están en la cárcel.
Que así sea.

Fray José Borja.

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Fray José Borja

Nací en Málaga en 1990.
Soy Profeso Simple desde el 5 de septiembre del 2015.
Sentí la llamada del Señor desde muy pequeño.
Participé en las convivencias del seminario menor de Málaga.
Me he criado en un ambiente familiar cristiano.
Estudié en el colegio de los PP. Agustinos y en el instituto de las HH. Trinitarias, fundadas en Madrid por el P. Francisco Méndez y M. Mariana.
Participé en la Parroquia Santa Rosa de Lima de Málaga durante 13 años donde desempeñé diferentes servicios como monaguillo, catequista, ministro extraordinario de la comunión y un largo etcétera.
Tengo un Blogger desde el 2012 que se llama: Tras Sus Huellas.
Colaboro con la revista Ecclesia desde enero del 2015.

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