Rincón Litúrgico

Reflexión. Domingo XXII del Tiempo Ordinario

Reflexión. Domingo XXII del Tiempo Ordinario

Después de un merecido descanso y estrenando un nuevo curso, las lecturas que nos propone la liturgia en este Domingo XXII del Tiempo Ordinario, es una gran ayuda a mirarnos a nosotros mismos y a nuestro grado de coherencia de vida.


Hoy, Jesús nos plantea en el Evangelio una serie de “ingredientes para ganar”. No va a seguir los criterios que el mundo sigue, sino que para ganar, hay que dejar ciertas cosas a un lado.
Si nos paramos a pensar, seguir a Jesús, conlleva una serie de decisiones a la que las aceptamos libres y voluntariamente, y por consiguiente, dejamos unas para acoger otras.
Por tanto, seguir a Jesús, nos hace apartar todo lo que nos impide poder ser fieles y andar el camino libre.

En la Primera Lectura del Profeta Jeremías, nos ofrece la experiencia de un hombre que vive la vocación de una forma radical y con tensión. Jeremías, no “trabaja” como “profesional” de la enseñanza de la Palabra, sino, que a pesar de su fragilidad como humano, hace que en muchos momentos, tenga la tentación de abandonar esa misión.
Pero vamos viendo en su persona, y esto es aplicable a cada uno de nosotros, que la Palabra de Dios está con nosotros, y cuando la asumimos y somos conscientes de ello, ya puede venir momentos de tentaciones, violencia o persecución, que no podremos alejarnos de ella y seguiremos anunciándola por encima de todo.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Romanos, vemos como Pablo se enfrenta a una comunidad de Roma, que tiene orígenes Judíos, y la mayoría eran conversos del paganismo, con lo cual, la enseñanza que les presenta es una fe, que para el creyente, se incorpora a Cristo, que nace a una nueva vida, que hace una nueva moral y unas nuevas actitudes para afrontar las controversias que puedan aparecer; Pablo exhorta a que a pesar de que el entorno no ayude y la comunidad sea frágil y con pequeñas crisis, se mantengan firmes en la fe, que luchen por ser honestos, coherentes y sobre todo, que sean verdaderos cristianos. Esta lectura, la deberíamos reflexionar una y otra vez, para darnos cuenta, que no por tener dudas, momentos de dificultad, o vivir en una sociedad de espalda a la fe, debemos dejarnos arrastrar. Al revés, ahora, debemos dar razón de nuestra fe en medio de esas dificultades. Ya no sirve hablar de moralidades, normas y cátedras. Éste es el tiempo de hablar con nuestra propia vida.

En el Evangelio de Mateo, Si retomamos el Evangelio del domingo pasado, veíamos como Jesús pone a Pedro como su Vicario. Hoy, nos presenta el lado opuesto de Pedro. Él sigue anclado en los criterios humanos. Como buen amigo, se niega y se opone a que Jesús sufra, lo maten, se burlen. Pero, estos sentimientos se vuelven en contra de Jesús. Lo toma como tentaciones que le hacen tropezar. Es duro, pero los planes de Dios van en otro sentido a lo nuestros.
Seguir los planes de Jesús es entrar en temática de: “El que gana su vida la pierde, y el que la pierde la gana”. Ante los ojos humanos, un fracaso o una frustración nunca es un éxito, al revés. El éxito se entiende de otra forma muy diferente.
Por eso, aunque a veces nosotros podamos ser Pedro, con tentaciones similares, el que realmente sigue a Jesús, aunque a los ojos del mundo “pierda cosas”, las está ganando para el Reino de Dios. Los criterios del Reino, nunca pueden ser mirados por los del mundo.
Cada cristiano, responsable de sus actos, tiene y tenemos la obligación de tomar decisiones claras por el Reino. No podemos nadar y guardar la ropa. Un proyecto de vida, revisado a la luz del Evangelio, nos puede orientar hacia que tipo de seguimiento estamos haciendo.

Que la Virgen María nos ayude abrir los ojos con valentía para ser conscientes de que tipo de seguimiento queremos hacer. Ella que es nuestra Madre, Maestra y Modelo interceda por nosotros ante Jesús, su Hijo.
Que así sea.

Fray José Borja.

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