Rincón Litúrgico

Reflexión. Domingo IV del Tiempo Ordinario, por fray José Borja

Reflexión. Domingo IV del Tiempo Ordinario, por fray José Borja

En este Domingo IV del Tiempo Ordinario, vemos como en Jesús se cumple el anuncio hecho por Dios, como enseña con autoridad y apoya ese hecho con la acción de salar al hombre.

En concreto, expulsa al espíritu inmundo.
La autoridad de Jesús, no es como nosotros la concebimos actualmente. No es estar por encima del otro, pisotear o hacer que el otro haga lo que yo quiera. Jesús viene con autoridad para acompañarnos en nuestro día a día, para devolver la salud al enfermo, la libertad al que está encarcelado y expulsar todo tipo de pecado y danos su gracia.
Dejemos que Jesús entre en nuestra vida. Autoricémosle que sea nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Desde ahí, podremos dar autoridad a Jesús para que nos guíe y nos acompañe siempre.

También, celebramos la Jornada de la Infancia Misionera, pidámosle al Señor que los niños sepan ser valientes MISIONEROS en medio de sus ambientes. Que no se avergüencen en decir que son amigos y seguidores de ese amigo que nunca falla: Jesús.
El lema de este año es: “Atrévete a ser Misionero”.

En la Primera Lectura del libro del Deuteronomio

Vemos como tres esquemas. El primero, como los pueblos paganos eran muy supersticioso y esto estaba condenado por el por el Judaísmo, y la profecía que nace de la escucha de la Palabra de Dios. En éste libro, el monte de la revelación y la alianza, no es el Sinaí, sino el Horeb, y como es la promesa que suscita al pueblo un profeta, por petición del pueblo.
Hablar de profeta, es hablar de una persona que lleva a término la voluntad de Dios, la escucha y la transmite. Moisés, según la tradición Bíblica, fue el primer profeta. Fue mediador entre el pueblo y Dios.

En la Segunda Lectura del Apóstol Pablo a los Corintios

Vemos reflejada la vida cotidiana de los nuevos cristianos que tienen preguntas muy concretas ante la nueva situación de sus vidas y de sus familias. En la línea del domingo pasado, está bastante claro lo que nos refleja la lectura de hoy: ni el estado conyugal ni el estado virginal constituyen por si mismos la perfección. Vemos como las dos son medios de vivir la vocación. Ninguna es mejor que otra. Evidentemente, la virginidad voluntaria por motivo religioso es una entrega total al Señor. Pero, deja claro, que ninguna es mejor que la otra. Todas son importantes, aunque a veces queramos ser mejores que los otros que no son o no viven como nosotros “vivimos” o “somos”.
Por eso, la profecía y la virginidad por amor son, cualidades del creyente. No porque marquen un estilo de vida, sino, porque hacen de sus vidas, reflejo de Dios en el mundo.

En el Evangelio de Marcos

Jesús enseña y cura. Pero, lo hace de una forma un tanto peculiar.
En la sinagoga, se podía enseñar, porque era el lugar de la Torah, pero, por el contrario, no se podía curar, y encima, siendo sábado. Que si recordamos, el sábado, es día de descanso y reposo absoluto. Jesús, va como un judío más a la sinagoga, pero, hace la curación de un hombre que tenía un espíritu inmundo. La gente se asombra, porque (lo dice el texto dos veces) enseña con autoridad. Le manda a callar al espíritu y lo hace salir, porque en el ser humano, no hay lugar para el mal, no somos esclavos del pecado. Y esto hace que quede claro que Jesús es el Amor del Padre, porque en él, estamos todos presentados. Todos somos hijos de Dios, y tenemos una dignidad.
Jesús como maestro y como autoridad, nos enseña y nos habla (como dije al principio) no como poder que pisotea, que hace esclavos… Su enseñanza y su autoridad vienen envuelta de AMOR, de misericordia e igualdad. Todos somos hermanos, todos tenemos una dignidad, y mientras que dejemos a Jesús ser el maestro, el mal, no podrá vencernos.
Ser llamados, es responder con fidelidad, entrega y sin falsas escusas. Porque si queremos entrar por el camino que Jesús nos ofrece, tenemos que ser auténticos. De lo contrario, seremos todo menos seguidores y mensajeros del Evangelio.

Pidamos a María, nuestra Madre, que nos ayude a dejarnos enseñar y modelar por su Hijo Jesús como ella lo hizo, y que no nos creamos mejor que nadie.
Que así sea.

Fray José Borja

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