Rincón Litúrgico

Reflexión del VI Domingo de Pascua, por fray José Borja (1-5-2016)

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Reflexión del VI Domingo de Pascua, por fray José Borja (1-5-2016)

El domingo pasado Jesús en el Evangelio nos daba una clave para que la gente sepa que somos discípulos de Él: “amaos los unos a los otros”.
Hoy nos dice que sino le amamos, no guardamos su palabra. Nos habla de su partida. Él ha cumplido su misión aquí en la tierra, y tiene que subir al cielo. Nos dejará su Espíritu Santo, su Palabra, su presencia real en la Eucaristía, y se hace presente en los enfermos.
Pidamos hoy en la celebración por todos los enfermos para que en cada persona sepamos reconocer a Cristo. Porque si amamos a los demás, también lo estamos amando a Él.
Comenzamos un nuevo mes, el mes de María.
Que durante estos 31 días tengamos presente a la Virgen y busquemos un rato para dirigirnos a ella.

En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos habla de que a veces cargamos a otras personas con fardos (paquetes) de los cuales, nosotros no somos capaces de cargar.
La acción del Espíritu rompe toda separación y distinción. El muro que separaba a judíos y gentiles se viene abajo por el nombre de Jesús, pronunciado sobre ellos en el Bautismo.
El Bautismo, crea un vínculo más fuerte que cualquier distinción de personas.
Los Apóstoles y presbíteros reunidos en Jerusalén tratan la cuestión e iluminados por el Espíritu divino definen aquello que debe o no ser creído, en orden a alcanzar la salvación. Quien ama al Señor ama también a su Iglesia

En la segunda lectura del Apocalipsis, se nos narra la realidad de ese día en el que, por fin, nos encontraremos ante el rostro de Dios.
La nueva Jerusalén del cielo, que no será como venimos diciendo estos domingos anteriores con guerra ni temblores… Sino que será con alegría, esperanza y jubilo. Porque la tierra pasará, pero su Palabra, no pasará. La dimensión comunitaria de la vocación a la comunión es el amor. Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano: la comunión con Dios que se realizará plenamente con el hombre.

En el Evangelio de Juan, Jesús sigue dándonos unas claves: “el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará”.
Amando a Cristo, se confirma la obediencia a sus enseñanzas. Es decir, quien lo ama, necesariamente guarda sus palabras. No hay un verdadero amor, sin un compromiso serio y con un esfuerzo por conocer, seguir y ser fiel a sus enseñanzas.
Al hacer lo que Él dice, es un claro ejemplo del auténtico amor al Señor.
Él no se conforma como dijimos en domingos pasados con un amor fileo, sino que va más allá de las fronteras, quiere un amor ágape. Un amor incondicional. Un amor que se deja quemar, que hacemos nuestra sus palabras. Sólo podremos conseguir este tipo de amor, si dejamos que Él tome el timón de nuestra vida. Que la oración sea en nuestra vida una plegaria de alabanza para que nos dejemos empapar de su Palabra y de alimentarnos con su Cuerpo.

“Venid y vamos todos con flores a María”
Con esta frase de la popular canción, comenzamos como dije al principio, el mes de la Virgen de María. Un mes en el que la Madre de Dios y madre nuestra, toma un protagonismo especial. Niños, jóvenes y mayores, depositaran ante las plantas de la Virgen una flor. Ojalá que este signo, nos ayude a que María tome un papel y una parte importante en nuestra propia vida.
Que no sólo le depositemos una flor material, si no que cada uno ofrezcamos nuestra vida a ella. Que María sea ejemplo para nosotros de cristiana fiel, de seguidora incondicional, de mujer contemplativa de la Palabra de Dios, de fidelidad a la voluntad de Dios.
Que ella sea en nuestra vida consejo, remedio y cordón que nos une a Cristo.

María, puerta que nos lleva a Jesús, que sepamos a amar a Jesús a pesar de las dificultades y contrariedades de nuestra vida. Que sepamos amar a la Iglesia, como tú amas a tu hijo, Jesucristo. Que sepamos guardar y meditar la palabra de Jesús como tú lo hiciste, sin dejarnos llevar de tanto ruido que hay a nuestro alrededor y que nos despistan.
María, auxilio de los enfermos, te pedimos que interceda a tu hijo Jesús, por tantos enfermos nuestros. Que les fortalezca en su enfermedad y les conceda la fuerza que tu tuviste a los pies de la Cruz.

Que así sea.

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