Rincón Litúrgico

Reflexión del Domingo III de Pascua, C (10-4-2016), por fray José Borja

Reflexión del Domingo III de Pascua, C (10-4-2016), por fray José Borja

Feliz Pascua de Resurrección.
Hoy cada uno somos Pedro, y el Señor nos hace una pregunta, ¿Me amas?
Este es el núcleo del cristianismo. Creemos, amamos, perdonamos, superamos nuestros momentos de dificultad… pero siempre bajo la mirada de un Dios ABBA, misericordioso.


Que en la Eucaristía de este domingo abramos nuestro corazón para que ese “Te quiero” se convierta en un “Te amo” y sea un verdadero encuentro con el Resucitado.

La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos muestran como los apóstoles a pesar de las dificultades, obedecieron a Dios y le fueron fieles. No tuvieron miedos en “enfrentarse” a las autoridades religiosas por ser testigos y salieron contentos a pesar de todas las ofensas.
Viendo esta escena, nos deberíamos preguntar, en qué lugar está Dios en nuestra vida, y si somos capaces de ser anunciadores y testigos del Evangelio, a pesar de que podamos ser rechazo e injuriados. El escuchar y el obedecer, es clave para seguir el camino de Jesús.

En la segunda lectura del Apocalipsis, vemos una semejanza con la lectura del domingo pasado. Jesús es exaltado como Cristo y Señor del universo.
Incontables criaturas celestiales se unen con los ancianos en ese gran canto de redención. Simboliza a toda la humanidad entera. Toda criatura del cielo y los de la tierra, conocerán a Jesús y reconocerán su poder y su gloria. Muchos de los que se burlan de Jesús, cuando sea abierto el “libro de los sietes sellos” reconocerán a Jesús como el Salvador del mundo. Inclusive el infierno, reconocerá la verdad de Jesús.

En el Evangelio de Juan, es uno de los textos más bonitos y simbólicos.
Jesús se les vuelve aparecer por sorpresa y les pilla con las manos en las redes vacías, después de una noche entera bregando y con gran esfuerzo.
Al llegar Jesús, les dice que vuelvan a echar las redes con confianza, sin miedo, y se les llena en abundancia. Seguidamente, tiene lugar el dialogo con Pedro.
El milagro no es el de sacar las redes con muchos peces, sino, que Pedro cambia su criterio. A pesar de que Jesús le pregunta ¿Me amas? Y el, hasta en dos ocasiones le dices, “tu sabes que te quiero” y la última vez, se entristece que le hubiese preguntado si le amaba.
Jesús no quiere un amor “fileo”, un amor abstracto, a medias tintas ni con miedo. Jesús quiere un amor “agape” que implique un seguimiento radical, un amor de verdad, sin condiciones.
Después del arrepentimiento de Pedro, Jesús le da un encargo, “que apaciente las ovejas”.
Y le da una misión, “sígueme”.

Que las lecturas de este domingo, nos ayuden a replantearnos en primer lugar, si somos miedosos, si nos avergonzamos de anunciar el Evangelio, aunque vayamos a contracorriente. En segundo lugar, si tenemos a Jesús como centro de nuestra vida. Y en tercer lugar, que tipo de amor le mostramos a Jesús. ¿Somos como Pedro, que queremos a Jesús? ¿O respondemos a su amor, con un amor “ágape”?
Que María madre de la misericordia nos ayude a ser valientes para anunciar al mundo el mensaje del Evangelio, y que nuestra fidelidad sea de enamorados de aquél que es el verdadero AMOR.
Que así sea.

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