Cartas de los obispos Última hora

Reconocimiento y reflexiones

Observar nuestro entorno durante estos meses en los que hemos padecido, y todavía lo vivimos, el COVID-19 puede llevarnos al pesimismo. Demasiadas cosas han quedado rotas. Demasiadas instituciones han sufrido lo indecible por sobrevivir. Demasiadas personas se han refugiado en el miedo y en la incertidumbre. Y todos nos hacemos las grandes preguntas sobre el ser humano, sobre las actitudes ante la vida y cómo afrontar la muerte.

Continuamente se publican análisis y estudios sobre las consecuencias de esta tragedia; han aparecido ya libros con reflexiones más sosegadas pero igualmente inquietantes describiendo responsabilidades y medidas tomadas que favorecen o perjudican las posibles soluciones para salir de la crisis. Es importante tener buena información para asumir la necesaria colaboración personal o colectiva que ayude al conjunto de la sociedad.

Los cristianos somos un numeroso grupo humano que ha participado en todo momento en el compromiso con los afectados y con una mentalidad esperanzada. Por nuestra convicción en las palabras de Jesucristo huimos del pesimismo y queremos, con una actitud realista, trabajar en la construcción de una sociedad más justa y solidaria. La parábola evangélica del samaritano es un inmejorable icono de cada uno de nosotros y de la propia Iglesia, atenta a los problemas del entorno.

En la última reunión de los obispos de Cataluña abordamos esta dolorosa situación que, sin quedarse sólo en los consejos a las comunidades cristianas, quería de cada uno de los presentes, como pastores, una implicación mayor en la atención espiritual y material a quienes conviven con nosotros. El dolor ha afectado a todos pero se ha cebado con mayor fuerza en algunos grupos o instituciones. Señalamos algunos que nos parecían muy preocupantes.

Las residencias de ancianos se han convertido en un gran centro de atención. Tanto los residentes como los empleados y directivos han sufrido en mayor medida los efectos mortales de esta pandemia. Han fallecido muchos residentes; ha habido mucha soledad; algunos con su trabajo han mostrado una gran heroicidad y las familias han lamentado la separación de sus seres queridos. Los cristianos hemos de recuperar la cercanía, el cariño hacia todos ellos.

El mundo de la enseñanza ha vivido una circunstancia inédita. Con alumnos en sus domicilios, con los padres en múltiples y añadidas tareas, con un esfuerzo inmenso de los profesores en su adaptación a nuevos métodos. Y todos preocupados por las consecuencias educativas. Los cristianos queremos mostrar nuestro talante de servicio y construcción de personas íntegras.

Las empresas que cierran y un gran número de trabajadores quedan en el paro con la consiguiente repercusión familiar y cívica. A la enfermedad se sumará la pobreza y la creciente exclusión social. Compartamos los cristianos la preocupación y la solidaridad.

Los hospitales donde los profesionales han trabajado hasta la extenuación exponiendo sus propias vidas. No olvidemos nunca nuestras oraciones por ellos.

Y ahora, al inicio de verano, las colonias y los centros de tiempo libre para niños y jóvenes. Necesitamos cristianos que dediquen su tiempo a educar y a estar físicamente cercanos a ellos. Los cristianos nos unimos en la gratuidad de la entrega personal al ámbito tiempo libre.

Quedan muchos más que permanecen en el ánimo de todos.

Salvador Giménez
Obispo de Lleida

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