Carta del Obispo Iglesia en España

Recapitular todas las cosas en Jesucristo, por el obispo de León, Julián López

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Recapitular todas las cosas en Jesucristo, por el obispo de León, Julián López

             Queridos diocesanos:

El domingo 25 de noviembre, Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, termina un año litúrgico más en nuestras vidas. El domingo siguiente, I de Adviento, supone a su vez el comienzo de otro nuevo recorrido, vivo y espiritual, de los hechos y de las palabras de la salvación verificados “en aquel tiempo” cuando nuestro Redentor “habitó entre nosotros” (cf. Jn 1,14). Un tiempo que, sin embargo, es el de nuestra vida para quienes celebramos esos “hechos y palabras” en el devenir de la Iglesia y de nuestra existencia.

En la Carta a los Efesios hay una referencia que adquiere especial relieve en la mencionada solemnidad. Se trata de la expresión del himno que abre la carta y que alude al plan que (Dios) había proyectado realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra” (Ef 1,9-10). El motivo central de este himno es la figura de Jesucristo, en quien se revela y se cumple la obra de Dios Padre, y nuestra elección en la persona de Cristo, es decir, la vocación a la santidad de quienes somos hijos suyos y hermanos entre nosotros. Ese don, que transforma radicalmente nuestro estado de criaturas, se nos ofrece también por medio de Jesucristo puesto que se trata de una obra que forma parte así mismo del gran proyecto salvador de los hombres “por pura iniciativa” del Padre celestial (cf. Ef 1,4-5).

 

Terminamos así un año litúrgico llenos de esperanza, porque todo cuanto existe avanza hacia esa plena consumación -entiéndase también nuestra propia “salvación”– en Jesucristo. Para nuestra Iglesia diocesana y, por tanto, para todos nosotros, el nuevo año litúrgico que comienza el día 2 de diciembre, domingo I de Adviento, nos trae también el esperado acontecimiento de la beatificación de la hermana Ester Paniagua, religiosa agustina misionera, natural de Izagre y por tanto hija de nuestra Iglesia diocesana. Fue asesinada en Argel el día 24 de octubre de 1994 “por odio a la fe” junto con la otra religiosa de su misma comunidad, la hermana Caridad Alvarez. Ester tenía 45 años y Cari 63. Dos religiosas que, desde una actitud de libertad y de discernimiento consciente de una situación ciertamente arriesgada, optaron por permanecer con el pueblo argelino, fomentando la amistad y haciendo ver que, aunque existían grandes diferencias de religión y cultura, el amor es mucho más fuerte que el fanatismo o el odio.

 La muerte de estas religiosas así como el testimonio heroico de los otros mártires que serán igualmente glorificados el próximo día 8 de diciembre: Mons. Pedro Claverie, Obispo de Orán, los siete monjes trapenses del monasterio de Tibhirine en 1996 y otros diez mártires asesinados en diferentes circunstancias a finales del siglo XX, entre ellos el sacerdote Jacques Hamel, asesinado en Rouen (Francia) mientras celebraba la Misa, deben hacernos pensar a los cristianos de hoy. San Juan Pablo II, al convocar el Jubileo del año 2000, afirmó que la Iglesia de nuestro tiempo había vuelto a ser “Iglesia de mártires”. No podemos, por tanto, vivir un cristianismo cómodo y condescendiente con las ideas y actitudes que predominan en una sociedad pobre en valores morales y espirituales como la nuestra. El testimonio de estos mártires nos interpela a todos.

 En este sentido la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo debe estimular nuestra vida cristiana, nuestro apostolado y nuestro ministerio pastoral. El ejemplo y la intercesión de nuestros mártires nos ayudará en el empeño.

+Julián, Obispo de León

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