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Rebrote de solidaridad: Cáritas constata una mayor generosidad con el COVID

Hace aproximadamente un año, en junio de 2019, Cáritas Española presentaba su VIII Informe Foessa sobre exclusión y desarrollo social en España. Las conclusiones del mismo eran preocupantes. Se decía en él, por un lado, que el 18,4% de los españoles (8,5 millones de personas) estaban en situación de exclusión social; y por otro, que existía una cierta «fatiga de solidaridad» después de una década de esfuerzos para intentar superar la crisis económica que comenzó en 2008. Este 25 de junio, la institución de la Iglesia católica en España nos ha dicho que esa «fatiga» ha dado paso a un «esperanzador rebrote de solidaridad», que los españoles hemos demostrado nuestra generosidad cuando las cosas vienen mal dadas.

«Hace un año comentábamos —observa Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas— que mientras unos formábamos parte de la sociedad de las oportunidades, con una situación acomodada, consumiendo casi sin conciencia, eran pocas las personas que veían la situación de los excluidos y empatizaban con ellos. Hablábamos de una sociedad desvinculada que cada vez tenía más difícil hacerse cargo de las personas que quedaban atrás. Sin embargo, en estos tres últimos meses el escenario ha cambiado de una manera radical. Podemos afirmar que esta fatiga de la compasión ha dado paso a un esperanzador rebrote de la solidaridad».

Peiro hizo esta observación en una rueda de prensa en la que fueron presentados tres informes de Cáritas: la memoria anual de la institución correspondiente a 2019; los resultados de la consulta sobre el impacto del COVID-19 en las Cáritas diocesanas; y el estudio «Distancia social y derecho al cuidado». Este último ha sido elaborado igualmente por la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), y analiza el primer impacto de la crisis del coronavirus en la población en situación de exclusión social. Peiro estuvo acompañada en su comparecencia por el obispo acompañante de Cáritas, Jesús Fernández, el presidente de la institución, Manuel Bretón, y el técnico del equipo Foessa Guillermo Fernández.

Un 57% más de personas atendidas

La caridad no descansa: ni en tiempos de confinamiento ni nunca. El amor fraterno a los hermanos necesitados no entiende de excusas, por muchas cortapisas, limitaciones y obstáculos que pueda encontrar, pues constituye la esencia misma del mensaje cristiano, su ADN. En estos meses de reclusión forzada las actuaciones de Cáritas han tenido que readaptarse a la nueva situación, pero eso no quiere decir que la Iglesia haya estado ausente, que no haya cumplido con su misión de salir al encuentro del necesitado. Al contrario, lo ha hecho más que nunca, y para ello Cáritas ha tenido que redoblar sus esfuerzos. Y se ha enriquecido con una experiencia que, como subraya monseñor Fernández, obispo electo de Astorga, nos ha dejado importantes lecciones. «Nos ha empujado a rescatar nuestro sentido de identidad y pertenencia, a recuperar el valor de lo comunitario y el trabajo en red, a priorizar el bien común, a motivarnos como constructores del Reino que Dios sueña para todos sus hijos…».

Con la situación extraordinaria causada por el estado de alarma, las Cáritas diocesanas (70) y parroquiales (más de 6.000) han tenido, en efecto, que improvisar y ajustarse a la nueva realidad. Y lo han debido hacer en muy pocos días. El esfuerzo, no obstante, ha merecido la pena. «Si bien las demandas presenciales [de ayuda] cayeron en un 26%, el incremento ha sido mucho mayor —concretamente de un 60%— en la llegada de solicitudes por vía telefónica. También se han multiplicado por veinte otros canales para la recepción de demandas como las redes sociales (WhatsApp, Facebook…), el correo electrónico y la propias webs de las Cáritas diocesanas», concluye la consulta a las Cáritas diocesanas sobre el impacto del COVID.

Pero, ¿a cuántas personas ha ayudado Cáritas en este tiempo? No hay números absolutos, no los habrá hasta el año que viene, cuando se haga la nueva memoria, pero ya se sabe que se ha llegado a un 57% más de personas que en circunstancias normales. Para ello se ha tenido que multiplicar por 2,7 el dinero invertido en cubrir necesidades básicas.

¿Y cuántas personas han acudido a las Cáritas diocesanas y parroquiales en demanda de ayuda? Pues muchas más también: hasta un 77% más. En ciudades como Madrid o Barcelona las peticiones se han triplicado.

Buena parte de estas personas necesitadas de auxilio (una de cada tres, concretamente) nunca se habían tenido que acercar antes a la institución o hacía más de un año que no lo hacían. El porcentaje de los nuevos usuarios ha sido exactamente del 26%. Las principales solicitudes de ayuda de estos han tenido que ver con la alimentación y con la vivienda: comida, pago de facturas de luz, agua, alquileres, etc. Pero también ha habido muchas actuaciones relacionadas con la tecnología: peticiones de conexiones a internet y de dispositivos electrónicos para que los niños pudieran seguir las clases telemáticamente, o ayuda para la realización de trámites online. Igualmente, demandas de apoyo afectivo ante situaciones de soledad.

Y es que, como dice Natalia Peiro, la crisis del COVID «no ha sido igual para todos». Porque no es lo mismo estar confinado en una vivienda de 400 metros cuadrados que en una de sesenta; tener trabajo, que quedarte sin él; disponer de ahorros o de apoyo económico de la familia, que no poder siquiera comprar comida ni pagar el alquiler y las facturas; contar con conexión a inernet, que carecer de ella; tener una tablet o un ordenador para que tus hijos puedan estudiar, que no tenerlo… «Acompañamos a un millón de personas que viven con menos de 370 euros», dijo la secretaria general de Cáritas el pasado 1 de junio en el Congreso de los Diputados. Peiro dio ese dato al Grupo de Trabajo de Políticas Sociales y Sistema de Cuidados de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica.

Los números de 2019

En su comparecencia del 25 de junio lo que la secretaria general hizo fue presentar las cifras de la caridad de la Iglesia en España, contenidas en la memoria de 2019.

Cáritas ayudó ese año exactamente a 2.391.506 personas. De ellas, 1,4 millones fueron acompañadas en España, mientras que el millón restante (988.237) lo fueron en el extranjero a través de sus numerosos proyectos de cooperación internacional. En total, el dinero invertido en los distintos programas ascendió a 337 millones de euros —16 menos que en 2018—, siendo el 71% de los fondos (239 millones) de procedencia privada, y un 29% (casi 98 millones) de financiación pública. Es decir, de cada 100 euros invertidos el año pasado por Cáritas, 71 procedían de aportaciones privadas y 29 de fondos públicos. Y otro dato más: solo 6,7 céntimos de cada euro fue destinado a gastos de Administración. La institución, según recoge la Memoria, contaba el año pasado con 5.571 personas contratadas y 80.995 voluntarios.

El programa que llegó a un mayor número de personas fue el de Acogida y Asistencia (72,7%), seguido de Empleo y Economía Social (7%) y Familia, Infancia y Juventud (6,2%). El programa de Acogida y Asistencia (con un 22,7% del total) fue igualmente el que acaparó la mayor cantidad de recursos, seguido de los de Empleo, Comercio Justo y Economía social (17%); Mayores (10,3%); Personas Sin Hogar (10%); Familia, Infancia y Juventud (7,8%); y Cooperación Internacional (6,8%), entre otros.

Uno de los colectivos especialmente expuesto al coronavirus ha sido el de las personas sin hogar, cuyo número se estima entre 35.000 y 38.000. Cáritas gestionó el pasado año 5.000 plazas destinadas a ellas. Pues bien, en los últimos tres meses creó también 1.300 plazas complementarias de las anteriores —71% de titularidad pública, 28% de gestión propia— en albergues, residencias, centros de acogida, centros de día, polideportivos y seminarios.

Pese a la frialdad de las cifras, no hay que olvidar que detrás de todos estos números y porcentajes hay personas necesitadas con nombres y apellidos, hermanos en situación de vulnerabilidad. «Cáritas —dice su presidente, Manuel Bretón— está, ha estado y seguirá estando con los que siempre nos necesitan. No va a dejar de luchar para que todas las personas alcancen lo necesario, por tender puentes a las Administraciones y responsables políticos, para luchar todos juntos por la reconstrucción tras el COVID». «Siempre seguirá luchando por su hoja de ruta: las Bienaventuranzas».

Notable aumento de la pobreza severa

¿Y ahora, qué?, cabe preguntarse. «¿Qué está suponiendo ya o va a suponer en un futuro próximo para los más vulnerables esta crisis del COVID? Esta es la pregunta a la que trata de responder el estudio «Análisis y Perspectivas 2020. Distancia Social y Derecho al Cuidado» de la Fundación Foessa.

En él se explica que esta nueva crisis ha llegado en «un contexto laboral donde un alto número de hogares ya vivían al día», tenían dificultades para el pago de sus viviendas y no podían hacer frente a gastos imprevistos. Su vulnerabilidad se manifestaba en «contratos de muy corta duración, salarios bajos y escasos derechos sociales».

Ahora, existe el peligro de que estas situaciones de alta vulnerabilidad se transformen directamente en pobreza; y también, de que aumente la desigualdad social. «Lo ocurrido en la última crisis no invita al optimismo», señala Guillermo Fernández, que explica que en las últimas décadas en España, cuando la economía ha crecido, la desigualdad apenas se ha reducido o se ha mantenido igual, mientras que cuando ha entrado en recesión, la brecha ha aumentado rápidamente.
El estudio de Foessa se basa en una muestra de usuarios de los servicios de Cáritas en cuatro momentos concretos: 2013 (el pico de la anterior crisis), 2018 (en pleno proceso de recuperación económica), marzo de 2020 (momento pre-COVID) y mayo de este mismo año, primer impacto de la pandemia.

El trabajo permite extraer siete conclusiones, siendo la primera de ellas que la pobreza severa no ha dejado de aumentar en todo esos años, a pesar de la recuperación del empleo. «Llueve sobre mojado, hoy tres de cada diez personas en situación de exclusión grave carecen de cualquier tipo de ingresos», se denuncia. El COVID ha traído un notable incremento de familias en situación de pobreza severa (67,8%), con unos ingresos inferiores a 370 euros mensuales para una persona, y menos de 776 euros para dos adultos y dos menores de edad.

Crisis de emergencia habitacional

El COVID, concluye también el estudio, ha anulado en muy poco tiempo la recuperación que se venía dando. «En solo dos meses hemos vuelto a las cifras del peor momento de la gran recesión de 2013». El 36% de las personas que acudían a los servicios de Cáritas antes del 1 de marzo de este año y trabajaban, han perdido ahora su empleo. Si se cuenta también a quienes lo hacían en la economía informal, la cifra aumenta hasta el 56,5%.

Pero la gran alerta que lanza Cáritas de cara a un futuro próximo tiene que ver con la vivienda. Mejor dicho, con la falta de ella. «Tenemos delante una crisis de emergencia habitacional en ciernes que no estamos queriendo ver», advierte Fernández. Con el COVID, la mitad de las personas objeto de estudio (49,2%) no pueden hacer frente al pago de su hipotecas o alquileres; casi un 20% de familias se han visto obligadas (o lo tendrán que hacer en el futuro) a mudarse a otra vivienda más barata, mientras que otro 13% vive con una inminente amenaza de expulsión o desahucio.

La salud, asimismo, es presentada como «el determinante más influyente en los procesos de exclusión grave», pues se ha descubierto que entre la población en general hay un 25% menos de personas diagnosticadas con alguna enfermedad grave o discapacidad que entre la población en exclusión grave.

«Las cancelaciones de operaciones programadas, revisiones de enfermedades crónicas, seguimiento de tratamientos durante este periodo [de confinamiento] tendrán efectos todavía pendientes de evaluar. Pero es muy probable que el impacto en la población estudiada, dada su gran debilidad, profundizará en el gradiente de salud aún más como determinante y consecuencia de su exclusión social».

Ingreso Mínimo Vital y reforma fiscal

Ante este panorama, Cáritas propone una serie de actuaciones para mejorar nuestro modelo de desarrollo social. Se trata de cuestiones relacionadas con la salud pública —cuyo debate, dice, debe aislarse de la crispación política—, la atención a la dependencia, los cuidados, la brecha digital, el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y la reforma fiscal.

Con respecto al IMV, se afirma: «Han tenido que pasar casi treinta años, desde el inicio del desarrollo de las Rentas Mínimas de Inserción en las Comunidades Autónomas, como se las denominó en su origen, para que un Gobierno central se decida a implantar una prestación estatal que busque como objetivo principal la reducción de la pobreza. El reto es consolidar este derecho desvinculándolo del derecho a recibir apoyo para la inclusión social. Lo que conocemos como doble derecho: derecho a la supervivencia material y derecho a la inclusión social».

¿Es suficiente el IMV para paliar la actual situación?, preguntaron a los dirigentes de Cáritas en la rueda de prensa. «La inversión del IMV trata de reducir el margen de personas que hay en la pobreza severa», dijo Guillermo Fernández. «Es una incógnita si ese dinero va a conseguir una cobertura suficiente. Sabemos que hay 300.000 peticiones en este momento en el sistema de seguridad social, pero no sabemos cuántos lo van a recibir realmente. La pobreza, no obstante, es algo más que el fenómeno monetario. Piensen ustedes lo que supone para una persona un ingreso de 400 euros si luego tiene que pagar 350 por vivir en una habitación: le quedan 50 para comprar comida, transporte… El IMV es una ayuda interesante, un hito realmente, pero desde luego no va a eliminar la pobreza en este país. Hay muchas circunstancias que llevan a las personas a la pobreza. ¿Ayudará? Sí. ¿De forma suficiente? No».

Cáritas habla también de la «necesidad de acometer una necesaria reforma en profundidad del sistema fiscal». Un mejor Estado de Bienestar necesita que todos seamos conscientes de sus costes y de las seguridades que nos ofrece, dice.
Pero, ¿a qué se refiere exactamente con ello? Responde, de nuevo, Guillermo Fernández: «Nuestro planteamiento no tiene que ver tanto con medidas que vayan dirigidas a exenciones, deducciones, etc., sino con medidas de pedagogía fiscal. La sociedad española es una sociedad que cree mucho en los servicios públicos, que pide ayuda a estos ante situaciones de necesidad, pero que no está tan dispuesta a aportar de su bolsillo para sostener esta situación. Nuestra propuesta desde Foessa y desde Cáritas en términos fiscales tiene más que ver con responsabilizarnos fiscalmente mucho más de las necesidades comunes de la ciudadanía».

Ha finalizado el estado de alarma y la gente empieza a recobrar su vida normal, aunque con temor a una vuelta atrás por los rebrotes. Para miles de familias en situación de precariedad, sin embargo, la alarma sigue ahí y tardará mucho tiempo en dejar de sonar.

Bueno es saber que la caridad nunca cierra, y que ante la adversidad y en los momentos más duros, los españoles responden. No obstante, la verdadera respuesta de solidaridad empieza ahora y habrá de ser prolongada en el tiempo. Conviene recordarlo para cuando se apaguen las sirenas, lleguen los tratamientos médicos y volvamos a la normalidad real.

Monseñor Fernández: «La Iglesia no ha estado ausente»

En estos últimos meses, la pandemia «está dejando patente la vocación samaritana de la Iglesia». Y «en contra de lo que algunos afirman de forma prejuiciosa, la Iglesia no ha estado ausente en este tiempo». Jesús Fernández, el obispo acompañante de Cáritas, reivindicó en la presentación de la memoria la labor impagable de la institución de la Iglesia en estos meses de dolor y confinamiento.

«En estos días —dijo— son muchas las personas que como los discípulos de Emaús caminan por la vida con desánimo, sin rumbo, expulsados de la convivencia social. Muchos, además, carecen de lo necesario para llevar una vida digna, faltándoles el alimento, el hogar, la salud. (…). Las colas de personas pidiendo ayuda de primera necesidad crecen. Afortunadamente, sin embargo, en medio de tanto dolor, pobreza, incertidumbre y desánimo, bastantes de estos hermanos están descubriendo la presencia de Dios a través de aquellos a quien el Papa Francisco llama “los santos de al lado”: el personal sanitario, las fuerzas de seguridad, los capellanes de los hospitales, los vecinos…».

Y también, claro está, de la Iglesia, que ha hecho «un enorme esfuerzo para mantener vivas las celebraciones y hacerlas llegar a sus fieles confinados en casa», y cuyo pueblo de Dios «se ha movilizado de forma natural y constante para acompañar a las personas solas y abandonadas y recaudar fondos».

El obispo electo de Astorga subrayó asimismo que miles de hombres y mujeres se levantan cada mañana pensando no en sí mismas, sino en el modo de hacer felices a los demás. E invito a «dejarse provocar por la inquietud de aquel mendigo que, después de recibir de una persona una joya de inmenso valor, volvió a ella para darle todo lo que tenía a cambio de aquello que le había permitido desprenderse de algo tan valioso».

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