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Rafael Zornoza, a tres nuevos presbíteros: «Sed sacerdotes con un sueño misionero en el corazón»

Rafael Galván, Richard Martínez y Daniel Robledo fueron ordenados esta mañana nuevos presbíteros de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Los tres seminaristas, procedentes del Seminario Conciliar San Bartolomé, recibieron las Sagradas Órdenes de manos del obispo diocesano, Rafael Zornoza Boy, en una ceremonia, marcada por las medidas de seguridad debido a la pandemia de la Covid-19, en la Catedral de Cádiz. El obispo se dirigió a los ordenandos durante la homilía diciéndoles: “Cada uno de vosotros os acercáis a Dios con temor para ofrecerle de nuevo vuestras vidas. Cada una esconde en su historia un pequeño misterio –en realidad un gran misterio— de amor de Dios y de elección. Es el secreto de la vocación, que a veces nos parece incomprensible a los que miramos desde lejos. Habéis tenido vidas normales pero el Señor se cruzó en ellas y os llamó”.

Con respecto a la figura del sacerdote, afirmó que “el sacerdote es aquel que encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica, es decir, encarna a Jesús, el Buen Pastor que ha dado la vida por nosotros. Su misión es conducir a los fieles a la vida verdadera, a quien es la vida en abundancia. Como ha dicho Francisco, ‘el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas’. El presbítero está llamado a vivir en sí mismo lo que experimentó Jesús en primera persona, esto es, entregarse plenamente a la predicación y a la sanación del hombre de todo mal de cuerpo y espíritu, y después, al final, resumir todo en el gesto supremo de «dar la vida» por los hombres, gesto que halla su expresión sacramental en la Eucaristía”.

En cuanto a su misión a partir de ahora, el prelado aseguró que “para servir mejor a los hermanos habéis de ser, por el amor y la entrega, expertos en humanidad, para llegar, como el Señor, a los dolores, a las heridas y a las pobrezas espirituales y materiales de las personas.  Sed sacerdotes con un sueño misionero en el corazón. La misión no se basa en ideas ni en territorios, sino que parte del corazón y se dirige al corazón. Que la caridad sea vuestro único apoyo, la fuerza que viene de lo alto, que nos santifica y nos vuelve aptos para el apostolado. Vivid un ministerio consolador para los demás, paternal, capaz de ofrecer comprensión, misericordia y ternura”.

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