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Quintana Paz: «Sin el conocimiento del legado de la cristiandad, no pueden producirse encuentros»

En la tarde del 23 de febrero tuvo lugar, en la Universidad San Damaso de Madrid, un coloquio con el filósofo Miguel Ángel Quintana Paz a propósito de la cuestión suscitada en el medio digital The Objective sobre la presencialidad, o no, de los intelectuales cristianos hoy en día.

Esta reflexión, dada en torno a la universidad cristiana hace apenas unas semanas en la Universidad Francisco de Vitoria, comenzó con el reconocimiento del profesor Quintana Paz  a Diego S. Garrocho, el suscitador original en noviembre de este tema que ha inundado el debate público desde entonces.

Quintana Paz  volvió a recordar al inicio de su exposición las diferencias que mantuvo  con el periodista de COPE Fernando de Haro y quiso puntualizar lo que en su artículo había descrito como una comparación museística de la religión. «Para mí el museo es un lugar de recuerdo y de reconocimiento de las raíces. Conocer el legado cristiano no es algo aburrido, me interpela».

Quintana Paz centró el tiro de su disertación poniendo en contexto una de las cuestiones subyacentes en la intelectualidad: la verdad. O para ser más exactos,  el estado actualizado de la misma: la posverdad.

¿Intelectuales?

A juicio de Quintana Paz, el filósofo jesuita, José María Rodríguez Olaizola, centró muy bien la cuestión preguntándose si verdaderamente «hay intelectuales. No solo entre los cristianos sino a nivel general».

Tras un sucinto análisis a nivel sociológico del contexto general de profunda apatía de la sociedad  del siglo XX hacia las élites, quiso rescatar las teorías de Franckfurt, Perniola y Gianni Vattimo a propósito de la verdad, concluyendo que hoy estamos imbuidos en un tiempo después de la verdad y las mentiras. «No es sin verdad, sino después de la verdad. Mentiras y verdades conviven en un mismo plano».

La mirada, ante esta falta de asideros y encuentros auténticos con las razones últimas, se ha opacado y nos impide abrazar nuestro legado: «Lo que en la edad media un analfabeto podía  interpretar como el pasaje de la samaritana al ver las vidrieras de una catedral, nuestros contemporáneos a duras penas identifican a un señor, una señora y un pozo». 

 

 

 

 

 



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