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¿Quiénes fueron Juan XXIII y Juan Pablo II?, por monseñor Francisco Gil Hellín

¿Quiénes fueron Juan XXIII y Juan Pablo II?, por monseñor Francisco Gil Hellín

  Mensaje del arzobispo de Burgos para el domingo 11 mayo 2014

El pasado 27 de abril Roma era una inmensa plataforma festiva. Plazas, calles y paseos estaban atestados de gente venida de todas las partes del mundo. No era para menos, porque era la primera vez en la historia en que dos Papas eran declarados santos por la Iglesia. Yo tuve la inmensa suerte de estar allí presente y palpar la alegría y el entusiasmo de hombres y mujeres de todas las clases y edades, muchos de ellos jóvenes.

Mucho se ha escrito y mucho se seguirá escribiendo en torno a los dos nuevos santos: Juan XXIII y Juan Pablo II. Entre otros motivos, porque todavía viven muchas personas  que les conocieron, especialmente a san Juan Pablo II. Y, sobre todo, porque han sido dos Pontífices muy queridos por el pueblo cristiano. Juan XXIII es conocido, sobre todo, porque convocó el Concilio Vaticano II apenas fue elegido Papa. Juan Pablo II pasará a la historia como el gran defensor de la vida del no-nacido y de la familia, y el Papa de los jóvenes. Sin embargo, ninguno de los dos se agota en esas características, pues su personalidad humana, cristiana, sacerdotal y episcopal tiene muchas facetas. Señalemos alguna

 

San Juan XXIII era el cuarto hijo de una modesta familia de trece hermanos. A los 11 años fue al seminario y cuando tenía catorce comenzó a escribir unos apuntes espirituales que no interrumpiría nunca, y que han sido publicados en “Diario de un alma”. Cuando tenía 24 años fue ordenado sacerdote y tuvo como primer destino ser secretario del obispo de Bérgamo, y profesor de Historia, Patrología y Apologética en el Seminario. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial fue movilizado como sargento de sanidad y luego nombrado capellán castrense en hospitales militares de retaguardia y coordinador de la asistencia espiritual y moral a los soldados. En 1921 fue llamado a Roma por el Papa Benedicto XV y, unos años después, el Papa Pío XI lo nombró Visitador Apostólico para Bulgaria y, más tarde, Delegado Apostólico en Turquía y Grecia. Pío XII le nombró Nuncio en París y luego Cardenal Patriarca de Venecia. Tras la muerte de este Pontífice fue elegido Papa. Su pontificado apenas duró cinco años, pero fueron suficientes para demostrar que el que se pone completamente en las manos de Dios, hace cosas grandes. Incluso excepcionales y del todo desproporcionadas. El Concilio Vaticano II, convocado cuando tenía 78 años, es la mejor prueba.

San Juan Pablo II ha roto todos los esquemas. Su pontificado fue el tercero más largo de la historia, el primer pontífice que recorrió el mundo entero y se hizo presente en todos los ambientes y situaciones, el papa que revalorizó el papel de la mujer en la sociedad y en el mundo, el defensor intrépido de la vida y de la familia, el impulsor sin igual del amor y devoción a la Virgen, el baluarte inexpugnable contra el comunismo marxista, el que fue elegido papa cuando todavía no tenía sesenta años y no siendo romano, cosa que no ocurría desde hacía varios siglos, el renovador de la Iglesia, el hombre a quien Dios le pidió todo: su madre cuando era un niño, y su hermano y su padre en plena juventud, quedándose en esta vida sin nadie de la familia. Por si fuera poco, fue herido mortalmente por un asesino a sueldo y salvado milagrosamente por la Virgen de Fátima. Con razón se habla de san Juan Pablo II el Magno.

Los burgaleses tenemos una deuda de gratitud especial con estos dos Papas, que nos obliga a ser muy amantes e imitadores suyos. Juan XXIII, “el Papa Bueno”, tiene un busto junto a la parroquia de Fátima; Juan Pablo II, a la entrada de la Facultad de Teología por la calle Martínez del Campo.

Si tuviera que recomendar una faceta en la que destacar en nuestra imitación a estos dos nuevos santos sería la del amor a la Virgen. Uno y otro fueron devotísimos de nuestra Señora. Recojamos su herencia.



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