Cartas de los obispos Última hora

«¿Qué mandáis hacer de mí?», Santa Teresa de Jesús

El día 15 celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús o Santa Teresa de Ávila.

Nos puede parecer que la fiesta dedicada a una mujer consagrada, reformadora del Carmelo, fundadora de muchos monasterios, escritora fecunda del siglo XVI, no puede ofrecer un testimonio que hoy nos ayude en nuestra vida cristiana del siglo XXI. Esta es una impresión equivocada. Y deseo recordar actitudes de su vida que nos pueden ayudar.

Santa Teresa nos recuerda la necesidad de ser verdaderos cristianos y de responder con generosidad a la propia vocación

La santa pasó muchas dificultades para descubrir la propia vocación, después de vivir muchas experiencias. De hecho, en cada momento de su vida buscaba lo que Dios quería de ella.

Desde la niñez fue educada religiosamente. Era muy piadosa, y con un hermano suyo incluso llegó a escaparse de su casa para ir a morir en tierras del Islam como cristiana. Jugaba a menudo ahacer vida de monja, hasta que en cierto momento se sintió muy atraída también por «las vanidades» del mundo. Sin embargo, hacia los veinte años se decidió por la vida religiosa y entró en el monasterio de la Encarnación, más por amistades y afinidades que por vocación. Por culpa de su salud, muy frágil, pasó temporadas fuera del monasterio para recuperarse. De hecho, su conversión se produce después de un tiempo de luchar entre el deseo de Dios y las cosas del mundo.

Finalmente descubre su verdadera vocación con la reforma del Carmeloy fundando el monasterio de San José, a pesar de sufrir mucha oposición.

Santa Teresa es maestra de vida cristiana porque nos enseña a ser testimonios de la presencia de Dios y de su acción; nos enseña a sentir la sed de Dios que anida en el fondo del corazón, y de comunicarnos con él. Así descubriremos en cada momento lo que Dios nos pide, la propia vocación.

Santa Teresa nos recuerda la necesidad de la plegaria

Hay que recordar que fue una mujer muy activa, que recorrió muchos caminos y ciudades para fundar monasterios, pero a la vez fue una mujer de plegaria y contemplación.

Ella misma escribe que durante largos años vivió una gran sequía interior cuando se proponía rezar, hasta que llegó a ser la gran maestra de la plegaria y de la contemplación.

Describe el alma como un castillo hecho todo de diamante o de un claro cristal en el que hay muchas mansiones, y la puerta de entrada en este castillo es la oración mental o vocal.

Anota tres condiciones esenciales para la oración: conocimiento de uno mismo, conversión y humildad.

Conocimiento propio, porque no terminaremos de conocernos si no procuramos conocer a Dios, puesto que contemplando su grandeza seremos conscientes de nuestra fragilidad. La plegaria es vida, y se desarrolla con el crecimiento de la vida cristiana: empieza con la oración vocal, y pasa a la interiorización por la meditación, hasta la unión con Cristo.

La santa describe la oración así: «Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama».

Los verdaderos orantes y contemplativos son capaces de descubrir a Dios presente y próximo en las personas, en los hechos positivos y negativos de la historia. Un Dios que aprecia e interpela, y siempre próximo.

«Si queréis, dadme oración, Si no, dadme sequedad,

Si abundancia y devoción, y si no, esterilidad.

Soberana Majestad, sólo hallo paz aquí.

¿Qué mandáis hacer de mí?»

Santa Teresa nos recuerda que debemos confiar en Dios y ser fuertes para afrontar las dificultades

Dificultades para iniciar la reforma del Carmelo; dificultades de toda clase para ir a fundar tantos y tantos conventos, a pesar de los duros caminos y condiciones de vida de aquel tiempo; dificultades por las denuncias a su nueva fundación por parte del clero y de los jerarcas; y también críticas a sus escritos, hasta ser denunciada e interrogada por el tribunal de la Inquisición. En todas estas situaciones Teresa no pierde nunca la paz y siempre confía en Dios. Por eso escribe este oportuno poema:

«Nada te turbe, nada te espante.

Quien a Dios tiene nada le falta.

Nada te turbe, nada te espante.

Solo Dios basta».

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+ Francesc Pardo Artigas
Obispo de Girona

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