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¡Qué gozada! Crónica de un encuentro entrañable, por Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

¡Qué gozada! Crónica de un encuentro entrañable, por Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

Ya en España, de vuelta de la Visita ad Limina, quiero compartir con vosotros, queridos diocesanos, lo que escribí nada más llegar a mi alojamiento en Roma tras la entrevista con el Santo Padre. Aunque lo publico ahora, no he cambiado ni una palabra de lo que a vuela pluma iba recordando del encuentro entrañable que tuve la oportunidad de disfrutar y que a los más jóvenes que me leáis os puedo decir que fue una verdadera gozada. Excepto algún detalle, omito cualquier alusión personal, porque el verdadero protagonista del encuentro fue el Sucesor de Pedro y su solicitud por todas las iglesias. También omito aquellos detalles que me parecieron más confidenciales, aunque según he visto algunos ya están publicados en los medios.

“Hace apenas dos horas que finalizó el encuentro con el Papa Francisco del grupo de obispos de las Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, Toledo y Arzobispado Castrense. Aunque ya tenía referencias de los que nos han precedido a lo largo de la semana -éramos los últimos de nuestro turno- y conocía su satisfacción, nunca se acaba de creer del todo lo que aún no se ha vivido. Reconozco que estaba un tanto reticente a aceptar esta nueva fórmula del Papa para su encuentro con los obispos; me parecía mejor el encuentro personal, aunque fuera más breve. Ahora, sin embargo, una vez que he vivido esta experiencia, he de decir  que estoy muy contento porque he podido comprobar que en ella cabe lo particular y lo general, y sobre todo, porque es un largo y rico diálogo -hora y media- en el que el Papa habla con toda naturalidad y los que participamos recibimos enseguida su confianza para hablar con la misma naturalidad.

Comenzamos expresándole nuestra gratitud por la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” y diciéndole que la hemos acogido como un gran proyecto pastoral para una Iglesia en estado de misión, tal y como él nos dice. Por mi parte le hablé de la misión diocesana evangelizadora que hemos iniciado en Plasencia, ya inspirada en este precioso documento, y del desarrollo de su itinerario: del discipulado a la misión. Evidentemente se sintió complacido y nos estimuló a seguir adelante. A partir de ahí surgieron diversos temas en los que el Santo Padre intervenía con palabras llenas de sencillez y de una gran profundidad, que siempre eran para nosotros palabras de aliento. En los primeros momentos del diálogo hubo incluso lugar para algunos asuntos simpáticos y particulares, que agradaron especialmente al Santo Padre, y en los que participó con su gracejo habitual.

Enseguida entramos en uno de los temas queridos del Papa Francisco: la misericordia. Le comentamos que sus palabras y su estilo estaban calando en los más sencillos y de un modo especial en los más heridos de la sociedad, porque muchos estaban descubriendo así el amor misericordioso de Dios por el hombre. Con una profunda humildad, el Santo Padre, en este y en otros temas, se quitaba importancia y recordaba, por ejemplo, que en el tema de la misericordia el gran iniciador había sido el Papa Juan Pablo II, aludiendo a “Dives in misericordia” y a la institución del Domingo de la Divina Misericordia.

Sin que pareciera que pasaba el tiempo, los temas se iban sucediendo y hablamos de los jóvenes en las JMJ, sobre todo en lo que significan de ánimo, aliento y visibilización de una juventud católica. No faltaron tampoco los problemas que hoy afectan a los jóvenes españoles. Al aludirle al 60% de paro de la juventud extremeña, el Papa exclamó con dolor: “es toda una generación”. Esto dio pie para hablarle de los grandes problemas sociales de España y en particular se aludió a la pastoral obrera de la Iglesia.

Muy presente y con muchos matices estuvo en el dialogo la inmigración. Se le presentaron al Papa los problemas y los retos en relación con los diversos sectores de inmigrantes en España: latinoamericanos, centroeuropeos, subsaharianos y, en particular, los procedentes de Marruecos y del Norte de África. Como no podía ser de otro modo, se le agradeció especialmente su gesto de viajar a Lampedusa y de estar cerca de este colectivo de seres humanos en busca de esperanza. El Papa intervenía al hilo de nuestras palabras alentándonos a la acogida pastoral y a la necesidad de estar cerca de todos.

Como el tiempo daba para mucho, uno de los obispos del grupo le preguntó al Santo Padre por su visión de la situación del mundo y por la de España en particular. El Papa no eludió ninguno de los problemas del mundo en este momento: el de las guerras, el de las ideologías invasivas y excluyentes y el de la idolatría del dinero que está produciendo tanta exclusión y tanto descarte de seres humanos de cualquier edad: los no nacidos, los niños, los pobres y miserables de la tierra y los mayores. Me pareció muy lúcida, al tiempo que compasiva, su visión del mundo, en modo alguno desesperanzada, y en la que se intuía que nos estaba invitando a trabajar por la promoción de la dignidad del ser humano. Me impresionó especialmente la visión del Papa sobre el hombre, siempre positiva, siempre imagen del Dios creador, siempre contemplada en el misterio de Cristo. Pero no eludió, sin embargo, la visión del hombre autosuficiente que se cree “señor del mundo” (Benson) y que ha optado por darle “bofetadas a Dios” y a su proyecto creador y salvador.

Al hablar de España le hemos visto muy informado de nuestra realidad y acogió son sumo interés nuestros puntos de vista. Lo que sí se le nota es que quiere mucho a nuestro país y que le preocupan nuestros problemas concretos. A los obispos nos recomendó que en medio de todas las situaciones estemos muy cerca de nuestra gente. Este ha sido su consejo para los obispos españoles: estar cerca de nuestro pueblo, muy cerca, oler sus problemas, sus necesidades, sus angustias y compartir sus gozos y sus esperanzas.

Evidentemente no podía faltar que le preguntáramos al Papa qué nos decía para nuestros sacerdotes: Enseguida nos dijo: “díganles que estén cerca del sagrario y que estén muy cerca de la gente”. Las dos cercanías a la vez, las dos con la misma intensidad y amor y, sobre todo, conscientes de que, de la primera, se enriquece la segunda. Luego, con el gracejo que le caracteriza nos contó alguna anécdota de sus conversaciones con los sacerdotes, en las que siempre les insistía en que fueran hombres de oración, porque, de lo contrario, se seca su corazón y dejan de amar al Señor y a los demás. De un modo especial nos dijo que les recordáramos a los sacerdotes que, aunque a veces el pecado puede llegar a sus vidas, la cercanía de Dios está también en el Sacramento de la Penitencia: que lo busquen allí donde perdona. De un modo especial recomendó la dirección espiritual, los ejercicios espirituales y buenos maestros de vida espiritual

Con dolor y verdad salió también el tema de la pederastia, donde el Papa recordó la gran y humilde labor de Benedicto XVI. Se comentó en el diálogo el injusto e ideologizado informe de la ONU, que en nada ha tenido en cuenta la labor clarificadora y reparadora de la Iglesia Católica. Y sobre todo es lamentable que este informe pretenda que se cambie nuestra doctrina moral sobre el aborto y el matrimonio.

Nuestros seminaristas también estuvieron en este entrañable diálogo y el Santo Padre. Tras escuchar las dificultades con las que nos encontramos en España, nos animó a la promoción de las vocaciones. No obstante, nos pidió mucho esmero en la selección de  y en los procesos de formación, y nos recomendó que cuidáramos la espiritualidad, la formación intelectual, el sentido comunitario, el celo apostólico. Nos hizo una advertencia muy especial para la selección de los formadores y, sobre todo, de los profesores, insistiendo la calidad espiritual y pastoral de ambos.

Cuando estoy para concluir el relato, he de decir que en ningún momento decayó el interés de nuestra conversación con el Santo Padre; pero fue él quien lo mantuvo vivo. Nosotros le escuchábamos con verdadero gozo. Cuando por sorpresa se abrieron las puertas, después de hora y media, y los secretarios avisaron al Papa, según el mismo dijo con gracia “con el lenguaje de los signos”, aun hablábamos del último de los temas: del demonio y del mal que está sembrando en el mundo. El hombre del lenguaje claro y lúcido, también lo es para abrir los ojos de los obispos ante la realidad de las fuerzas del mal, que existen y están activas en las conciencias y en las mentalidades. Le dimos las gracias por sus palabras y por llamar a las cosas por su nombre, sin los eufemismos que a veces utilizamos, y que quizás puedan reflejar que no acabamos del todo de aceptar que el enemigo de Dios y, por tanto, del hombre está muy activo.

Gracias, Santo Padre, por su afecto, gracias por la disponibilidad que nos mostró a ayudarnos en nuestro difícil ministerio.”

+ Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

Posdata: Cuando finalizó la audiencia tuve la oportunidad de decirle a SE. Mons. Georg Gänswein que saludara con cariño al Papa Emérito Benedicto XVI: “Dígale que le seguimos queriendo y que no olvidamos su magisterio y su servicio a la Iglesia”. “Se lo diré, se lo diré, cuando llegue a casa”, me dijo emocionado.



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