Carta del Obispo Iglesia en España

Qué el Señor construya la casa, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

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Qué el Señor construya la casa, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor Atilano Rodríguez Martínez, carta semanal correspondiente al domingo 22 de septiembre de 2013

La Iglesia ha recibido el mandato del Señor de salir por todo el mundo para hacer discípulos  de todos los pueblos y para invitarlos a recibir la salvación de Dios por la participación en los sacramentos. Ahora bien, para que la salvación de Dios llegue a todos los hombres y para que cada ser humano pueda prestarle la adhesión de la fe, en ocasiones hemos de admitir que es necesario buscar nuevos métodos pastorales y revisar el funcionamiento de las mismas estructuras evangelizadoras.

Con esta finalidad, en nuestra diócesis se llevó a cabo hace años una importante remodelación de los arciprestazgos y se reflexionó en algunos organismos diocesanos sobre la necesidad de impulsar la constitución de las Unidades de Acción Pastoral (UDaP). Detrás de estas reflexiones, entre otras cosas estaba presente la alarmante despoblación de nuestros pueblos, el descenso del número de sacerdotes y la disminución de las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

Para dar un nuevo dinamismo a la evangelización, en el futuro debemos revitalizar la actividad pastoral de los arciprestazgos, llegar a la fusión de alguno si se considera oportuno para la evangelización y afrontar con decisión la constitución de las UDaP. Esto nos ayudará a la formación de comunidades vivas, que celebren con alegría la fe en Jesucristo, que acojan con gozo la actividad caritativa y que no tengan miedo a dar testimonio del amor y de la salvación de Dios. Quienes nos confesamos discípulos del Señor hemos de estar dispuestos a emplear nuestro tiempo y nuestros esfuerzos en esta hermosa tarea, aunque no veamos los frutos inmediatos del trabajo realizado.

Renovados interiormente por la gracia de Dios y por la fuerza del Espíritu Santo,  tenemos que superar  el  individualismo enfermizo y estéril  tan arraigado en la sociedad y en la Iglesia. Para ello, hemos de tener muy presente que, en virtud del sacramento del bautismo, formamos parte de una comunidad de hijos y de hermanos y, por tanto, tenemos la grave responsabilidad de ser “signo” y “sacramento” para todos los hombres de la comunión íntima con Dios en la oración, así como de la necesidad de concretar esta comunión eclesial en la programación, revisión y evaluación de toda la actividad evangelizadora.

Ciertamente, tenemos que dar gracias a Dios porque durante estos años ya se han dado pasos importantes en esta dirección pero, cuando se trata de anunciar el Evangelio y de ofrecer la salvación de Dios a los demás, no podemos ser conformistas ni escudarnos en el pasado o en las tradiciones religiosas para concluir que hemos de seguir haciendo las cosas como se han hecho siempre. El Señor nos dice que “a vino nuevo, odres nuevos”. Y el Papa Francisco nos habla de la necesidad de una Iglesia “Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe”.

La nueva realidad a evangelizar, además de recordarnos que todos somos enviados a la viña del Señor, nos está invitando a permanecer en un proceso de constante conversión personal y pastoral, asumiendo que las dificultades del camino no deben impedirnos dar pasos hacia la meta. Pongamos nuestra confianza en el Señor y en su gracia para que sea siempre Él quien construya la casa.

Mi cordial saludo y feliz día del Señor.

+Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

 

 

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