Por la calle

¿Qué bicho tendrá que picarnos?, por Ana Medina

Con el dichoso coronavirus, que nos tiene a todos nerviosos y aislados, ha crecido tanto el uso de Internet que las compañías han tenido que llamarnos al orden. No nos volvamos locos, han venido a decirnos, que tiene que haber para todos. Y es que desde que empezó la alerta, la combinación de miedo y tecnología ha propiciado una avalancha de informaciones que consigue el efecto contrario al que supuestamente persigue: aturdirnos, hastiarnos, dejarnos K.O.
Personalmente, confieso que he acabado por salirme de algún grupo de whastapp y en algún otro he pedido moderación, mesura. Sé que voy contracorriente, pero es lo que me pide el cuerpo: hacer silencio, mirar, escuchar, estar atenta. Llámenme rara, pero esto de no poder salir de casa, de tener más tiempo, de dejar de hacer, se me antoja una magnífica ocasión de volvernos hacia el interior, de contemplar con mirada nueva todo lo que pasa y, al parar el ritmo de algunas cosas, me he dado cuenta de que vivimos en un torbellino que no somos capaces de detener ni un segundo, sino que, al contrario, nos dedicamos a alimentar cada uno, batiendo nuestro «abanico», a ver si logramos convertirlo en un tornado.
El ser humano está mutando en un ser cibersocial pero solo, sin relaciones verdaderas ni profundas. Vivimos «emitiendo» botellas al océano digital, pero impedidos para dotar de verdad esos mensajes. No nos vendría mal un poco de silencio, un mirarnos por dentro. ¿Qué bicho tendrá que picarnos para que lo hagamos?

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