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Provocar incendios forestales es un gravísimo delito y pecado – Editorial Ecclesia

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Desde el 1 de enero al 26 de agosto –todavía no habían comenzado los incendios de Gredos y de Málaga– la superficie forestal española quemada, en sus cuatro puntos cardinales, ascendía ya a 165.000 hectáreas. Solo, pues, con estos datos, 2012 se convertirá en el peor año en incendios forestales en la última década, superando el triste «récord» de 2005 con 185.000 hectáreas calcinadas. Además, los incendios de este verano se han cobrado la vida de, al menos, media docena de personas. Y por si fuera poco, se tiene la impresión –muchas veces hasta constancia científica– de que dichos fuegos han sido provocados por la malintencionada y homicida mano del hombre, mientras que, por otro lado, los informes de la Fiscalía General del Estado de los años 2007 a 2010 señalan que solo un 1% de los responsables de los incendios forestales ha sido condenado.

Una situación de estas características –y máxime aún en medio de la actual y tan voraz crisis económica– es intolerable, escandalosa y vergonzosa, daña la imagen de España y clama justicia, reparación, prevención y atenta reflexión. De una vez por todas, se han endurecer las penas para quienes provoquen voluntariamente los incendios y el cumplimiento de estas penas ha de revestir asimismo un carácter público y ejemplarizante. Jamás debe salir «gratis» a nadie –y menos aún beneficioso– quemar el monte.

La moral social de la Iglesia considera un deber moral el cuidado y el respeto a la naturaleza. La naturaleza es un don de Dios, puesto al servicio del hombre para el bien de toda la humanidad. Esto significa obviamente que no somos dueños de la naturaleza sino administradores de un bien que es de todos y para todas las generaciones, pasadas, presentes y futuras. En consecuencia, atentar contra la naturaleza es un delito humano y cristiano. El séptimo mandamiento de la ley de Dios exige el respeto a la integridad de la creación. «El uso de los recursos minerales, vegetales y animales no puede ser separado del respeto a las exigencias morales», dice el número 2.456 del Catecismo de la Iglesia Católica. Y «todos, personas y sujetos institucionales, deben sentirse comprometidos en la protección del patrimonio forestal», afirma el número 466 del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, que alude y rechaza expresamente los incendios forestales, reclama su preciso tratamiento jurídico y la aplicación de las correspondientes responsabilidades civiles y penales.

Lo sucedido este verano en España es inaceptable y todos –personas particulares e Instituciones– deberán extraer sus propias consecuencias. Nuestros montes no pueden ser objeto de expolios, mercaderías, especulaciones y venganzas. Nuestros montes exigen de las administraciones públicas una adecuada, coordinada e inmediata gestión. Y reclaman de los ciudadanos respeto, cuidado y uso responsable. Porque quemar el monte es un gravísimo delito cívico y también un gravísimo pecado moral.

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Ecclesia

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  • Hace muy bien la Iglesia en recordar a todos que es deber de los seres humanos respetar y cuidar la Creacción y todas sus criaturas que nos rodean y que son u n regalo divino. desgraciadamente ésto son pocos a recordarlo. Bien haría la Iglesia en hacer de ésto un algo importante. Seguramente que muchos jovenes se sentirían más cercanos porque ellos en general son más sensibles al problema.

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