Carta del Obispo Iglesia en España

Promover un humanismo integral para la paz, por el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, sacerdote-periodista

Con el título “Promover un humanismo integral para la paz”, firma su carta semanal el arzobispo de Valencia monseñor Carlos Osoro Sierra. En esta carta realiza un comentario sobre el gran regalo que Benedicto XVI  ha realizado con su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz quien nos invita a vivir esta promoción del “humanismo integral” diciéndonos en el mismo título de este mensaje: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”.

“El desarrollo, señala monseñor Osoro, no puede reducirse a un simple crecimiento económico, sino que debe abarcar la dimensión moral y espiritual. Un auténtico “humanismo integral” debe ser al mismo tiempo solidario y tiene su retrato auténtico en el Hombre verdadero que es Jesucristo. Todos sabemos que la solidaridad es una de las expresiones más elevadas del espíritu humano, pertenece a sus deberes naturales. Y ello vale tanto para las personas como para los pueblos”.

El arzobispo valenciano señala que transcurridos 50 años del concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como Pueblo de Dios en comunión con él y caminando con los hombres, se comprometen en la historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.

Y “la paz, dice monseñor Osoro, es un compromiso y un modo de vida que exige que se satisfagan las expectativas legítimas de todos, como el acceso al trabajo, a la vivienda, a la alimentación, al agua, a la energía, a la medicina, a poder cultivar la dimensión trascendente”

Es cierto que la paz es un don de Dios, un don valioso que hay que buscar y conservar también con medios humanos. Hay que difundir cada día con más valentía y fuerza la cultura de la paz y una educación común para la paz por “ello también significa constatar la existencia de un verdadero derecho humano a la paz, un derecho del que depende el ejercicio de todos los demás derechos”.

Benedicto XVI nos hace descubrir a través de su mensaje “bienaventurados los que trabajan por la paz”, que “la bienaventuranza consiste más bien en el cumplimiento de una promesa dirigida a todos los que se dejan guiar por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor… Cuando se acoge a Jesucristo, Hombre y Dios, se vive la experiencia gozosa de un don inmenso: compartir la vida misma de Dios, es decir, la vida de gracia, prenda de una existencia plenamente bienaventurada”

La paz “nace siempre del encuentro confiado del hombre con Dios. Nunca nos cansemos de trabajar por la paz y de desarrollar este trabajo a través de gestos concretos de perdón, de reconciliación, de tal manera que la violencia nunca prevalezca sobre el diálogo, que el temor y el desaliento nunca triunfen sobre la confianza y que el rencor nunca anide en nuestro corazón porque en él está el amor fraterno”.

“La paz, como decía el ángel de Belén, dice más adelante monseñor Osoro, implica abrir nuestro corazón a Dios que nos hace superar el egoísmo y el odio. Los pastores marcharon a Belén, se pusieron en el camino de la búsqueda de lo esencial, del Salvador, del Mesías, del Señor. No dudaron un instante. Fueron a lo que es prioritario para una existencia humana vivida en plenitud y en renovación interior permanente”.

Y siguiendo el pensamiento de Benedicto XVI, monseñor Osoro nos señala algunos campos donde trabajar para que la paz sea posible: “ Defendiendo y promoviendo la vida en su integridad, desde su concepción, en su desarrollo y hasta el fin; ofreciendo un nuevo modelo de desarrollo y de economía en estos momentos de crisis; promoviendo una nueva cultura de la paz en la que la familia como institución decisiva y básica en la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político es capital para la paz; y proponiendo y generando una pedagogía para la paz”.

Concluye afirmando el arzobispo de Valencia que en este Año de la Fe “promovamos la paz a través de una adhesión profunda a Jesucristo, a la búsqueda y al encuentro con Dios. La paz es un don de Dios, pero también debemos buscarlo y hacerlo presente con todo el corazón”.

 

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Antonio Díaz Tortajada

Antonio Díaz Tortajada nació en 1947 en Castielfabib (Valencia). Sacerdote diocesano desde 1973. Miembro del Instituto Secular Jesús Sacerdote. Licenciado en Teologia, Ciencias de la Información y Diplomado en Psicología. Fundador de la emisora católica "Radio Luz de Valencia". Actualmente Consiliario de la Junta Diocesana de Hermandades y Cofradías. Columnista habitual en los diarios locales valencianos. Autor, entre otros libros, de: "Evangelización, lenguaje y cultura" (1983), "Llamados para anunciar el Evangelio de Dios" (1984), "Me encanta mi heredad" (1989), "Juan Pablo cree en los jóvenes"(1990), "El camino de la Cruz" (1991), "Arriesgar la palabra"(1993), "Plegarias" (1994), "El silencio de Dios" (1994), "Vivir lo que esperamos" (1997), "Viacrucis del Hombre Dios" (2000), "Háblame de Jesús" (2001) y "Variaciones sobre el Génesis" (2005)

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