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Opinión

Programas electorales, derechos de todos, responsabilidad de los votantes- editorial ECCLESIA

Programas electorales, derechos de todos, responsabilidad de los votantes- editorial ECCLESIA

         La pasada semana,  ecclesia,  en sus páginas 8 y 9, ofrecía una amplia información sobre la intención del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de incluir en su programa electoral la revisión de los vigentes y constitucionales Acuerdos Iglesia-Estado –el mal y malintencionadamente llamado Concordato- y de excluir la clase de Religión del horario escolar y de su plena evaluación académica. En nuestra citada información, incluimos las respuestas al respecto del secretario general de la CEE,  de Concapa y  de Escuelas Católicas.

         El viernes 30 de octubre, tras hacerse público su nombramiento como arzobispo de Burgos (página 7), monseñor Fidel Herráez, hasta ahora obispo auxiliar de Madrid y un gran experto en educación, declaró que la clase de Religión, al igual que las Matemáticas, la Lengua o el Arte, es parte de la «formación integral» del alumno. El prelado tildó, con razón, de «ignorantes» a quienes piden sacarla de las aulas para que quede reducida a las parroquias. Y subrayó que «la dimensión religiosa forma parte de nosotros, y no impartirla en la escuela, es gravísimo».  Asimismo, lamentó  la  «ignorancia de quienes se permiten hacer estas afirmaciones»  y «el gran desconocimiento» acerca de esta materia escolar y de su mismo valor antropológico, ya que todo ello evidencia no saber nada de lo que es la auténtica educación. Y apostilló: «Si la escuela es el ámbito de la educación integral, si hay alguna de las dimensiones en que no se educa, la escuela no cumple su función».

No nos cansemos de repetirlo, defenderlo y exigirlo: la asignatura escolar de Religión –católica, judía, musulmana, protestante, la que los padres, en el ejercicio soberano de sus derechos, elijan- no es un privilegio, es un derecho y un derecho fundamental; no es un lastre, es un beneficio; no es una rémora del pasado, sino una riqueza de presente y de futuro; no se contradice con la libertad, el progreso, la democracia, sino que los avala, los fundamenta y los fortalece, forja los verdaderos valores y es palanca para la justicia social, la solidaridad, la cultura y los derechos de todos.

         Otro partido político, Podemos, está sometiendo a votaciones entre sus militantes y simpatizantes el programa electoral con que el concurrirá a las elecciones generales del próximo 20 de diciembre. En la propuesta, se incluye la cancelación de lo que los líderes de este partido denominan «privilegios» de la Iglesia católica y de los demás credos. Ello implicaría, la eliminación de las capellanías y los servicios religiosos en instituciones públicas como hospitales, universidades, prisiones o embajadas, y permitiría el inventario y recuperación de los bienes inmatriculados por la Iglesia.

En concreto, Podemos pide la anulación de los Acuerdos Iglesia-Estado y los consignados con otras confesiones religiosas. Asimismo, Podemos se compromete a derogar los artículos del Código Penal que tipifican como delito la ofensa a los sentimientos religiosos y a suprimir «privilegios fiscales», como el pago del IBI, o la financiación estatal a través de la casilla del IRPF o por medio de exenciones fiscales.

Otra de las propuestas de su programa es la supresión de celebraciones de simbología religiosa en los actos oficiales, los honores u homenajes a imágenes o advocaciones y la presencia pública de autoridades en actos confesionales. Por último, propone la sustitución de la actual ley de libertad religiosa por una nueva «Ley de Libertad de Conciencia», que asegure la laicidad del Estado y su neutralidad frente a todas las confesiones religiosas.

¿Qué pensar de todo ello? ¿Cuál debe ser la respuesta y la reacción, a nuestro juicio, adecuadas? Lo dijimos antes: argumentar desde los derechos y desde el Estado de Derecho. Y, en concreto, en lo que a la Iglesia católica se refiere, recordar que esta no busca una posición ventajista, sino el reconocimiento efectivo e implementado del respeto y la promoción de  derechos humanos tan inalienables como son los de libertad religiosa y educación. La Iglesia católica ni es ni quiere ser un agente político, solo pide poder ejercer su misión en libertad y seguridad jurídica, contribuir al bien común y a la concordia, servir a todos y colaborar con las legítimas autoridades.

En cualquier caso, si bueno es conocer los programas electorales y las intenciones y deseos de unos y de otros, también será necesario apelar y urgir a la responsabilidad de los ciudadanos a la hora de votar.

 

 



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