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Profesor José Granados: La ecología del sexo y el matrimonio a la luz de Laudato si´

Entrevista exclusiva ECCLESIA (II)

Profesor José Granados: La ecología del sexo y el matrimonio a la luz de Laudato si´

 

 

En la semana de inauguración del curso académico 2017 – 2018 me recibe el Vice Presidente de esta Institución ya extendida en todo el mundo, en su despacho en Roma donde conversamos sobre la familia, el matrimonio, y los estudios de la Teología del Cuerpo siguiendo el pensamiento de Juan Pablo II. *

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El P José Granados (Madrid, 1970), miembro del Instituto religioso Discípulos de los Corazones de Jesús y María, es ingeniero superior (ICAI, Madrid), y realizó posteriormente estudios de filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo el Premio Bellarmino con su tesis de doctorado Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir (2004). Ha sido profesor de teología dogmática en la Universidad Católica de América (Washington DC). En la actualidad ejerce la docencia en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre matrimonio y familia (Roma), del que además es vicepresidente. También colabora como profesor invitado de teología dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Me recibe en la semana de inauguración del curso académico 2017-2018 en su despacho en el Instituto Juan Pablo II en Roma.

Jordi Picazo**

Es un grave error pastoral confundir la Ley de la Gradualidad con una supuesta gradualidad de la ley

P -Hoy a la hora de acoger y acompañar a las familias en situaciones llamadas con poco acierto “irregulares” se plantea una clave en la discusión que es básica para saber por donde podemos caminar: ¿Ley de la gradualidad o gradualidad de la ley? ¿A qué errores nos puede llevar la falta de comprensión de la diferencia entre una y otra?

R – “Hay que decir que la terminología “ley de la gradualidad” y “gradualidad de la ley”, puede resultar confusa. Creo que sería mejor usar el término pedagogía para referirse a la ley de la gradualidad. La pedagogía es necesaria para acompañar a quien se encuentra lejos de Cristo y quiere acercarse. Pedagogía quiere decir paciencia, ir paso a paso para poder salir del mal, tener en cuenta los pequeños avances, y esto es la ley de la gradualidad.

“Cosa muy distinta es la “gradualidad de la ley”. Según esta idea la ley, expresión de la voluntad de Dios que el hombre percibe con su razón, se aplicaría en distintos grados según la situación de la persona. Por ejemplo: alguien que está en una convivencia prematrimonial, podría estar viviendo según la voluntad de Dios, teniendo en cuenta sus pocas fuerzas para cumplir la ley”.

La ley divina revela la verdad del hombre

“Esta visión fue rechazada claramente por Familiaris Consortio de san Juan Pablo II y también lo es de modo explícito por Amoris Laetitia de Francisco. Y esto porque la ley divina no es como una norma externa, que puede o no aplicarse, con más o menos tolerancia, sino que refleja la verdad del hombre, lo que el hombre es y el modo en que está llamado a vivir para alcanzar plenitud. La cohabitación antes del matrimonio hace mal a la persona y hace mal a sus relaciones, las vuelve más frágiles. Puede ser que haya factores que disminuyan la culpa de la persona, y que para sacarla de allí haya que acompañarla con mucha paciencia y tiempo. Esto es la pedagogía. Pero tenemos que saber que, mientras la persona siga viviendo así, está siendo dañada. No está en camino hacia el bien, sino que el ambiente donde vive (la convivencia como marido y mujer sin serlo en ese caso), por sí mismo, la conduce cada vez más hacia la ruina.

“En realidad, estas situaciones que no se corresponden con la verdad del matrimonio, llevan consigo la lógica del individualismo que mencionamos antes, y tienden por sí mismas a aislar a las personas en sí. Es como un enfermo que se encuentra en un ambiente nocivo que le daña: el médico tiene que saber que este ambiente no le consentirá sanar y, ciertamente, con paciencia y cuidado, sus esfuerzos irán a sacar al enfermo de este ambiente. A este respecto podemos recordar lo que decía el cardenal Lustiger: solo defendiendo que no hay gradualidad de la ley puede darse una pedagogía o ley de la gradualidad, porque solo quien tiene claro el horizonte y la meta puede dar pasos hacia ella”.

 

70 veces 7: sacramento de la reconciliación con la verdad

P -A mi me ayuda a la hora de entender o explicar cualquier casuística, adelantar que creo que cada uno debe hacer lo que le de la real gana, pero que hay cinco condiciones para confesarse bien. Personalmente todos los libros escritos interpretando AL me parecen bien si pasan por el tamiz de las cinco condiciones de la misericordia del Padre: no todos lo hacen.  

R -Yo subrayaría esa condición, que es la que enseña el Concilio de Trento, en la sesión sobre la penitencia. Para confesarse es necesario dolor de los pecados cometidos y propósito de no seguir pecando. De esta forma el Concilio responde al subjetivismo de Lutero, que lo concentraba todo en el auto-análisis aislado del penitente y en el modo en que se sentía él ante Dios.

P -Recuerdo de joven, un sacerdote con el que me confesaba habitualmente me decía “no mira, tu dile al Señor, Señor, me sabe mal haberte ofendido”, y otro sacerdote me recordaba que “el hecho que estés arrodillado delante de mí como sacerdote demuestra tu arrepentimiento, no te vas arrodillando delante de la gente…”

R –“En efecto, lo que se pide es que el penitente esté dispuesto a cambiar de vida. Que quiera intentar vivir como Jesús nos ha enseñado, sabiendo que es débil, y que necesitará regresar a la medicina del sacramento. De hecho cuando el sacerdote dice “Yo te absuelvo”, lo hace porque está también “ligando” al penitente al modo de vida propio del cuerpo de Cristo. Por eso la penitencia no es un acto privado, sino que tiene una dimensión eclesial, es decir, obra a través de una reconciliación con la Iglesia como cuerpo de Cristo”.

P – ¿Se trataría de sacar hierro a las cosas, “lo siento Señor otra vez lo mismo y aquí estoy de nuevo?” Puede cansar pero, ¿en la insistencia en pedir perdón encontramos el ejercicio de humildad?

R – “El Papa Francisco habla de dar pequeños pasos. Y donde hay un pequeño paso es que hay una dirección. No hay pequeño paso si se está andando en círculos. Un pequeño paso significa que quiero llegar a la meta y que hago todo lo posible para llegar a la meta. Mientras esté dando esos pasos estoy en un camino de conversión. En este camino hay un mínimo para poder recibir la absolución sacramental y es el propósito de abandonar una forma de vida contraria a la que nos enseñó Cristo. Tener esto claro es clave para todo acompañamiento, que en la Iglesia no puede ser sino un seguimiento de Cristo”.

P -En una entrevista un cardenal me comentaba que al Papa hay que leerlo todo, todas sus palabras. Se me ocurre que a menudo se secuestran las palabras del Papa: de la belleza de la AL a la falacia de algunas interpretaciones, de la Iglesia en salida se interpreta la escapada en abanico…

R – “Es cierto que se secuestran las palabras del Papa. ¿Qué significa que se secuestran? Se secuestran cuando no se entiende la naturaleza de su ministerio petrino. Él ha recibido del Señor la gran misión de confirmarnos en la Fe, poniéndose a la escucha atenta de la palabra de Dios para defenderla, para custodiarla, para hacer brotar toda su riqueza. Él es siervo de los siervos de Dios, lo que puede significar también: siervo de aquellos siervos de Dios que son la Tradición y la Escritura, espejos que nos revelan a Dios. Se secuestran las palabras del Papa cuando se las desgaja de este gran libro que es la gran corriente de la Escritura y de la Tradición.

“A este respecto, se piensa en ocasiones que la Iglesia en salida de la que nos habla el Papa es una Iglesia en dispersión, que abandona su centro para acercarse al mundo. No se entiende que, porque el centro de la Iglesia es Cristo, el Verbo que ha asumido todo lo humano, el camino de la Iglesia hacia la periferia pasa siempre por ahondar en su relación con Cristo. Para ir a la periferia nunca hay que dejar el centro, que es Cristo, porque Él ha asumido todo lo humano, ha llegado hasta los hombres alejados de Dios para reconducirlos al Padre. Por eso la Iglesia en salida es una Iglesia generativa, es decir, una Iglesia que, como toda Madre, da a luz en la medida en que se une en el amor a su esposo, comunicando la vida de Cristo”.

“A imagen suya los hizo”: el proyecto maravilloso de Dios para el hombre:

P -La familia y el matrimonio son Imago Dei, imagen de Dios, tienen una dimensión trinitaria: “lo que Dios unió…” ¿Se hace necesario ahondar en el estudio de la antropología, en concreto de la mujer, para entender lo que somos, para defendernos de los ataques a la mujer y la familia? ¿Cual es la aportación de los estudios de la teología del cuerpo[1][2], de JP II?.

“Hablar de antropología es hablar de verdad sobre el hombre. Existe una verdad sobre lo que es ser hombre, existe un proyecto sobre el hombre, un proyecto que no ha diseñado el propio ser humano, sino que se ha encontrado llamado a él, y por eso este proyecto es grande y le supera. Este proyecto es un proyecto magnífico. En la visión cristiana significa que somos imagen de Dios y estamos llamados a la plena unidad con Él y con los hermanos.

“El primer paso es aceptar que en la vida hemos recibido todo, empezando por una manera de ser hombre y mujer. La familia es el primer ámbito en que aprendemos a recibir. La familia es el primer ámbito en que entendemos que un don nos precede. Esto se ve, fundamentalmente, en el don del cuerpo, que es como la cifra de todo lo que no hemos elegido. Aquí radica el don de nuestros padres y hermanos, que nos son dados; de nuestro lenguaje, en el que somos acogidos y que aprendemos de nuestros padres…”

“La mujer sabe mejor que el varón que la vida comienza por un don, por algo recibido”.

“Vemos entonces que hemos recibido también, como un dato fundamental, la diferencia entre el hombre y la mujer. Es un dato originario porque venimos de ella. Hemos venido a la vida a través, no de una voluntad aislada de nuestro padre o madre (lo que nos esclavizaría) sino de una relación entre ellos de la que ellos mismos no son señores, porque nadie se hace a sí mismo hombre o mujer.

“Esta relación con el propio cuerpo, este nexo fundamental entre el hombre y su propio cuerpo, la conoce y la afirma de un modo único la mujer. Como enseñó san Juan Pablo II, ella sabe mejor que el varón que la vida comienza por un don, por algo recibido. Ella sabe que la transmisión de la vida debe ir unida a la experiencia del amor. Ella sabe mejor que el varón que el cuerpo tiene un significado. ¿No fue una mujer la primera que expresó aquella fórmula de fe, que Dios ha creado todo de la nada (2 Macabeos, 22,23). La teología del cuerpo de Juan Pablo II es un gran tesoro porque nos introduce en este lenguaje del cuerpo, que es el lenguaje del amor. Y, desde aquí, desarrolla una visión nueva de la persona, que no es ante todo un individuo aislado, sino alguien que procede del amor y que es llamado a amar”.

“Quien se limita a resolver casos difíciles, al final acaba pensando que la familia es un gran problema y pierde la atracción por ella”.

“Es un tema muy importante el del matrimonio como imago Dei[3]. Hoy tendemos a subrayar que el modo de vida de las familias está muy alejado de la propuesta cristiana. A quien habla de estos temas se le acusa de idealizar la familia, de no pisar la tierra. Sin embargo, entender la gran vocación de la familia resulta esencial para la pastoral familiar. El primer anuncio nunca pueden ser los problemas y males de la familia. Quien se limita a resolver casos difíciles, al final acaba pensando que la familia es un gran problema y pierde la atracción por ella”.

P -Cuando en 2014 entrevisté al Dr Joaquín Navarro-Valls, 23 años portavoz del Papa Juan Pablo II, me comentaba que la encíclica de San Juan Pablo II Familiaris Consortio es objeto de estudio en numerosas universidades del mundo, incluso no católicas, y que ello sorprendía muchísimo.

“Es paradójico que, tras la revolución sexual, el eros haya dejado de tener atractivo. Quitándole al sexo su misterio, el misterio personal y el misterio divino, el sexo ha dejado de tener “appeal”. El filósofo Byung Chul Han habla hoy de la “agonía del eros”. Todo esto va de acuerdo con una extendida banalización del cuerpo. El cuerpo se ve como un límite a nuestra autonomía y, por tanto, como algo que hay que superar para hacer de ello instrumento de autoexpresión. Pero entonces se olvida algo fundamental del cuerpo y de su lenguaje: la capacidad que tiene el cuerpo para la relación y para el amor.

La sexualidad es parte del lenguaje del cuerpo, y encuentra su sentido en el encuentro y la donación de sí a la persona amada. Por eso la sexualidad solo se vive verdaderamente dentro del matrimonio, como unión indisoluble de un hombre y una mujer, abierta a la transmisión de la vida. En esta forma de vivir la sexualidad se descubre la presencia de un don originario, que el hombre no se ha dado a sí mismo, y que nos conduce a reconocer al Creador. Por eso la Biblia ha unido el matrimonio monogámico e indisoluble con el monoteísmo, con la confesión del Dios único que da unidad a toda la historia desde el amor, y nos libra de la idolatría egolátrica. Esto quiere decir que entre el lenguaje de la familia y el lenguaje de la fe hay una relación que es decisiva para la nueva evangelización.

“Solo podemos evangelizar a Cristo si aprendemos a hablar del amor humano, y solo hablaremos bien del amor humano si lo abrimos a la presencia de Dios en Cristo. Esto es lo que entendió Juan Pablo II cuando dijo: la familia es la vía de la Iglesia. La obra del “Papa de la familia” sigue viva y lo seguirá, porque es la única que abre esperanza para un mundo cansado, la única que preserva la verdad del amor, es decir, su fuerza para unificar toda la vida de la persona y para generar futuro”.

La ecología de la Familia, a la luz de Laudato si´

 

El profesor José Granados en una ponencia en un Simposio de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz

 

“Podría ser interesante iluminar la situación de la familia a partir de la encíclica Laudato Sí. Es decir, hay que entender que estamos ante una cuestión de medio ambiente, el medio ambiente familiar, un medio ambiente que existe en la sociedad y en la Iglesia. El problema de la aceptación del divorcio no es solo un problema individual que afecta a algunos divorciados. Es, ante todo, un problema de medio ambiente. Pues el matrimonio, como la Eucaristía, no son sacramentos individuales, sino comunitarios, que dan forma al ambiente de la Iglesia, como decíamos antes. Toda aceptación, social o eclesial, del divorcio, es un ataque al medio ambiente de la familia, porque debilita los recursos que tiene cada familia para edificarse y sostenerse.

Si hay casos en que el divorcio fuera aceptable, ¿cómo podemos decir a los recién casados que la Iglesia apoyará su matrimonio en cualquier caso? Los jóvenes entenderán bien que habrá casos en que la Iglesia deje de luchar por su matrimonio y les ofrezca otros caminos. ¿Cómo van a creer, entonces, en un amor que dura todos los días de la vida? ¿Cómo van a confiar ellos en el amor, si la Iglesia misma deja de confiar? Hay aquí una llamada a la responsabilidad de los divorciados que viven en nueva unión. Ellos pueden entender que el problema no es solo suyo, que pueden cuidar también el ambiente eclesial, y que cuando no se acercan a comulgar están contribuyendo a preservar ese ambiente”.

La familia como “ambiente”

“Yo le ponía la imagen del medio ambiente: tenemos una sensibilidad muy grande con el medio ambiente, nos damos cuenta de que los ambientes influyen en la persona y de que no se trata solo de incidir sobre los individuos, sino que hay que cuidar la casa común. Vemos enseguida que este elemento podemos traspasarlo al ámbito de la familia… Así, Amoris Laetitia no trata solamente, y hay que verlo así, de cuidar los individuos, sus penas y dolores, su interioridad, su conciencia aislada, por así decir; sino que nos dice que es esencial para las personas también el ambiente. La sociedad es un ambiente, la Iglesia es un ambiente: un ambiente de relaciones. Si la enseñanza y la práctica sobre el matrimonio cambia, cambia el ambiente.

“La admisión a la Eucaristía de quien vive en modo contrario al Evangelio, supone una degradación del ambiente eclesial, que se hace más débil para proteger a la familia. La Iglesia se mantiene fiel a Cristo en cuanto que Ella mantiene, en su doctrina y en su práctica sacramental, la forma de vivir propia de Jesús, el ambiente que Cristo inauguró. Solo manteniendo este ambiente puede luego acompañar a las personas, regenerar los lugares nocivos para la vida personal y familiar, a través de un camino de penitencia. Pero si Ella pierde el ambiente de Jesús, ¿cómo podrá ayudar a los hombres que viven una atmósfera degradada?

“Esto significa que hacer excepciones con respecto a la indisolubilidad del matrimonio, no afecta solo a la persona concreta, sino que supone cambiar el ambiente, en cuanto que el matrimonio por sí es una realidad pública. Así lo ha defendido vigorosamente el Papa Francisco ante ataques al matrimonio como unión entre un hombre y una mujer[4]. Dar la absolución a personas divorciadas en nueva unión que no quieren cambiar su modo de vida significa empobrecer el ambiente de la Iglesia, de modo que deja de contener el ambiente de Cristo.

“Imagine un párroco que recibe en su despacho parroquial a una pareja, que son divorciados, y les dice “bueno pues ahora podéis acercaros a la comunión, hemos hecho un discernimiento y en vuestro caso, que es un caso difícil, pues…” Si inmediatamente después entra una pareja de novios que le preguntan al mismo párroco: “¿pero bueno esto es para siempre, es realmente indisoluble?”, y él les dice “sí”, y les avisa de que, de otro modo no pueden casarse. Pero ellos podrían ciertamente contestar: “bueno, y entonces estos que se acaban de ir, ¿qué pasa si nos ocurre lo mismo a nosotros?

“En estos momentos los jóvenes necesitan que la Iglesia les diga: “yo acompañaré vuestro matrimonio en cualquier situación, y os recordaré siempre que este es un amor para siempre, porque es el amor de Cristo, y os sostendré en este camino”. Para ayudar a los jóvenes a tomar la decisión de casarse es decisivo recordarles que no están solos, que la Iglesia les acompaña, y que Dios mismo se hace garante de su promesa. Y son ellos los más débiles, a los que hay que decirles, con el Papa Francisco: “no os dejéis robar la esperanza”.

*El 31 de enero de 2018 se celebra un acto In memoriam al Cardenal Carlo Caffarra en la Universidad Católica de Valencia (ver aquí). El Cardenal Caffarra fue el primer presidente del Instituto Juan Pablo II para los estudios de matrimonio y Familia.

**Jordi Picazo es filólogo y periodista

REFERENCIAS:

[1] «Llamados al amor: Teología del cuerpo en Juan Pablo II – Amazon.es.» https://www.amazon.es/Llamados-amor-Teolog%C3%ADa-cuerpo-DIDASKALOS/dp/8483533731.

[2] «Llamados al amor. Teología del cuerpo Juan Pablo II | Amor Seguro ….» 16 Jan. 2016, http://www.amorseguro.org/blog/?p=1314.

[3] «Pontificium Consilium pro Familia – La imagen de Dios es la pareja de ….» http://www.familiam.org/pls/pcpf/v3_s2ew_consultazione.mostra_pagina?id_pagina=6241

[4] «Audiencia general del 2 de abril de 2014 | Francisco.» 2 Apr. 2014, https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2014/documents/papa-francesco_20140402_udienza-generale.html.

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