En un lugar...

Probablemente, la pandemia que mejor podemos enfrentar

Los datos son abrumadores en cuanto al consumo de Internet. La red en nuestro país, que tenía suficiente capacidad, ha resistido, aunque los primeros días muchos experimentamos problemas de velocidad y, de vez en cuando, también. Tenemos más ocio gratuito que nunca, con multitud de iniciativas que ponen en abierto contenidos de entretenimiento que antes eran de pago. Pero, ¿cómo habría sido vivir esto sin un ordenador conectado a una Wifi o a un cable de red? Imagino que habríamos estado pegados al teléfono, la radio y la tele, porque necesitamos estar conectados. Pero, ahora, esto muy diferente. Quizá esta sea la cuarentena menos dura que ha vivido la historia de la humanidad, por varios motivos.

El primero. Estamos conectados por audio y vídeo, casi al instante. No faltan las clases online en directo y videollamadas grupales. No solo podemos consumir contenidos, sino emitirlos. Eso tiene su parte buena, como por ejemplo lo fácil que fue realizar muchas iniciativas solidarias, y también su parte no tan buena, porque esta situación que no es fácil lleva a algunos a gritar por redes sociales y… bueno… ya sabemos que eso no suele acabar bien.

El segundo. Sabemos a qué nos enfrentamos. Es imposible saber con exactitud, por ejemplo, la mayoría de enfermedades que corresponden a las pestes de la Antigüedad o de la Europa Medieval. Nunca como ahora sabemos tanto de qué es eso que nos ataca, y nunca hemos tenido más conocimientos para evitar contagiarnos y para curarlos. ¡Si es que ya es están probando ensayos clínicos con tratamientos y hay decenas de proyectos en marcha para desarrollar una vacuna!

El tercero. Al menos en nuestro país, y en otros, tenemos una sociedad del bienestar en la que la protección social minimiza mucho los daños que sufrirán familias y colectivos vulnerables. Mucha gente que ha dejado de trabajar tendrá derecho a cobrar contraprestaciones, o quienes no pueden pagar el alquiler o la hipoteca tendrán moratorias. Eso, en otras épocas, habría sido impensable. Hoy día no es posible en muchos lugares del mundo.

El cuarto. Salvo que seas sanitario, policía, camionero, repartidor, cajero, agricultor o alguna de las profesiones que tienen que salir obligatoriamente de casa, todo lo que se te pide es que te quedes dentro, en tu sofá. Esto quizá sea de lo más duro para muchos que quisiéramos tener un rol más activo, pero poco se puede hacer y si no vas a ayudar, al menos se puede no molestar.

Probablemente, en un año tengamos una vacuna y, aunque esto nos haya hecho cambiar, podamos encontrar una nueva normalidad. Pensemos en la peste de los siglos XIV y XV: doscientos años de brotes y epidemias que hacían constantemente la vida frágil. Y, aun así, en todas nuestras fortalezas nos sentimos vulnerables y atacados: lo somos, y nos hará bien reconocerlo, como nos hará bien llorar a quienes mueran y recordarles. Sobre todo, nos hará bien el recordar que necesitamos a los otros.

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