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Primerera, carta semanal del obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

Primerera, carta semanal del obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

El Papa Francisco, en la Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio”, recuerda a toda la Iglesia que es urgente impulsar una actividad pastoral más misionera partiendo de la alegría del encuentro con Cristo, Evangelio de Dios para todos los hombres. Ahora bien, para vivir en permanente estado de misión, el Papa nos invita a ir a las fuentes de la evangelización sirviéndose para ello del neologismo “primerear”.

Tendríamos que preguntarnos: ¿Qué quiere decirnos el Santo Padre con este neologismo? ¿Qué secreto tan importante se esconde detrás de esta palabra? Todos los cristianos, en virtud de nuestra participación en el sacramento del bautismo, tenemos el derecho y el deber de evangelizar, pero no podemos hacerlo si nos falta la alegría de habernos encontrado con Cristo y el gozo de experimentar su amor.

Para poder evangelizar a otros, es absolutamente necesario haber experimentado antes que Dios nos “primerea en el amor”, es decir, que Dios nos ama primero, que nos llama a vivir como hijos y nos invita a permanecer en su amistad. Por puro amor, el Señor llamó en su día a los discípulos y los invitó a estar con Él para que descubriesen a través de sus obras y palabras el amor y la misericordia del Padre. Solamente, a partir de esta experiencia, los discípulos podrán salir en misión y ser testigos del Resucitado hasta los confines de la tierra.

La Iglesia y cada uno de los bautizados estaremos en condiciones de evangelizar, si primero nos dejamos purificar y transformar interiormente por el amor de Dios. A partir de esta experiencia amorosa de Dios, el cristiano tendrá la fuerza interior y experimentará el ardor misionero para involucrarse en la misión y para acompañar a cada persona en su camino de fe, lavándole los pies y tocando en los humillados de la tierra y en los marginados por la sociedad la carne sufriente del mismo Cristo.

Desde la experiencia del amor de Dios, los evangelizadores pueden volver una y otra vez a la misión, sabiendo que el Señor les precede siempre, mediante la acción del Espíritu, que tiene el encargo de poner el amor de Dios en el corazón de cada persona. Es más, el Señor no sólo precede a los evangelizadores, sino que los acompaña constantemente para recordarles sus enseñanzas, para ofrecerles su perdón, para hacerles partícipes de su entrega hasta la muerte en la Eucaristía y para renovar en sus corazones el impulso evangelizador y la capacidad para entregar la vida a los demás.

Partiendo de aquí, se entiende perfectamente que el Santo Padre nos invite a todos los bautizados a “atrevernos un poco más a primerear” (EG 24), es decir, a contemplar y experimentar el amor de Dios en el encuentro personal con Él en la oración. Desde esta experiencia amorosa de Dios, podremos mostrar con obras y gestos a los demás quién es Jesucristo. Entonces la Palabra podrá ser acogida y podrá mostrar también su potencia liberadora para nosotros y para todos los hombres.

Con mi sincero afecto, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara



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