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Primera predicación de Adviento del cardenal Cantalamessa: «Nos espera la vida eterna»

El cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, desarrolló este viernes 4 de diciembre la primera predicación de Adviento en el contexto de la pandemia que vive el mundo. «Todos somos mortales y no tenemos una morada estable aquí abajo». La vida del creyente, aseguró «no termina con la muerte, porque nos espera la vida eterna». Mientras, «no estamos solos a merced de las olas en el pequeño barco de nuestro planeta», porque Jesús está con nosotros.
El purpurado puntualizó que se puede hablar de la muerte de dos maneras diferentes: En clave kerigmática o en clave sapiencial. La primera consiste en proclamar que Cristo ha vencido a la muerte. La segunda, nos hace reflexionar «sobre la realidad de la muerte tal como se presenta a la experiencia humana, con el fin de sacar lecciones de ella para vivir bien. Es la perspectiva en la que nos situamos en esta meditación».

Recordando a San Agustín, el predicador expresó como él también había anticipado esta intuición del pensamiento moderno sobre la muerte, «pero para sacar de ello una conclusión totalmente diferente: no el nihilismo, sino fe en la vida eterna». Ante un mundo que enfatizó los avances tecnológicos y las conquistas de la ciencia, el cardenal Cantalamessa afirmó que la pandemia «ha venido a recordarnos lo poco que depende del hombre “proyectar” y decidir su propio futuro», por eso, continuó: «No hay mejor lugar para colocarse para ver el mundo, a uno mismo y todos los acontecimientos, en su verdad que el de la muerte. Entonces todo se pone en su justo lugar».
Ver el mundo desde la perspectiva caótica no ayuda a «descifrar su significado», sin embargo, sostuvo, «mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien. ¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte. ¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte. ¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?»

Cantalamessa subrayó que la muerte nos enseña la importancia de reconciliarnos con nosotros mismos y con los prójimos. Pero también es importante en el campo de la evangelización. «El pensamiento de la muerte es casi la única arma que nos queda para sacudir del letargo a una sociedad opulenta, a la que le ha sucedido lo que le ocurrió al pueblo elegido liberado de Egipto». Esta es la tarea asignada a los profetas, recordarle al pueblo la solución al dilema: «La cuestión sobre el sentido de la vida y de la muerte desempeñó un papel notable en la primera evangelización de Europa y no se excluye que pueda desempeñar uno análogo en el esfuerzo actual por su reevangelización».

El predicador de la Casa Pontificia finalizó su alocución diciendo: «La capacidad de la muerte para angustiarnos y Jesús también quiso experimentarla en Getsemaní». Sin embargo, estamos al menos más preparados para acoger el mensaje consolador que nos llega de la fe y que la liturgia proclama en el prefacio de la misa de difuntos:
Porque la vida de tus fieles, Señor,
no termina, se transforma,
y, al deshacerse nuestra morada terrenal,
adquirimos una mansión eterna en el cielo.



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