Especiales Ecclesia Firmas Papa Francisco en Tierra Santa

Primer balance de José Luis Restán al viaje del Papa Francisco a Tierra Santa

papa-francisco-sepulcro

Primer balance de José Luis Restán al viaje del Papa Francisco a Tierra Santa

“Aquella piedra, como una losa, de nuevo removida” es el título del artículo de José Luis Restán, director editorial de la Cadena Cope, en Páginas Digital del 27/5/2014 sobre el viaje del Papa Francisco a Tierra Santa. Este es su texto.

Un viaje de palabras sencillas y fulgurantes como rayos, de gestos inesperados, de confianza audaz en Dios, a quien pertenece la última palabra en la historia. El centro de gravedad de esta constelación de gestos y palabras sólo podía ser la Basílica del Santo Sepulcro, porque como dijo Francisco ante el Patriarca Bartolomé y los jefes de las Iglesias de Tierra Santa, sólo podemos “vivir nuestra vida, los afanes de la Iglesia y del mundo entero a la luz de la mañana de Pascua”. Y del mismo modo que lo imposible arrambló con todos los cálculos al verse removida la pesada piedra de aquel sepulcro, el Señor puede remover todos los obstáculos que ahora nos parecen insuperables.

Los sucesores de Pedro y de Andrés se habían encontrado a las puertas de la Basílica y habían intercambiado un primer abrazo y el beso de la paz entre hermanos. Posteriormente se postraron para besar al unísono la piedra que según la tradición cubrió la tumba en que Jesús fue depositado tras su muerte. “La historia no se puede programar, dijo Bartolomé I en su saludo, pero la última palabra en la historia no le pertenece al hombre sino a Dios”. Afortunadamente. “Hoy nos hemos intercambiado un abrazo de amor para continuar el camino hacia la plena comunión en el amor y en la verdad”, prosiguió el Patriarca de Constantinopla. “El camino puede ser largo y fatigoso… sin embargo es la única vía que nos lleva a cumplir la voluntad del Señor: que todos sean uno”.

Francisco pidió acoger la gracia especial de ese momento, redescubrir la grandeza de nuestra vocación cristiana: somos hombres y mujeres de resurrección, no de muerte. “Aprendamos, en este lugar, a vivir nuestra vida, los afanes de la Iglesia y del mundo entero a la luz de la mañana de Pascua. El Buen Pastor, cargando sobre sus hombros todas las heridas, sufrimientos, dolores, se ofreció a sí mismo y con su sacrificio nos ha abierto las puertas a la vida eterna. A través de sus llagas abiertas se derrama en el mundo el torrente de su misericordia… No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrección. Y no hagamos oídos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar”.

El Papa no ha ocultado que todavía queda mucho camino por delante para alcanzar la plenitud de comunión que pueda expresarse compartiendo la misma Mesa eucarística, y ha reiterado la voluntad planteada por Juan Pablo II, y subrayada por Benedicto XVI, de “mantener un diálogo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio del obispo de Roma que, en conformidad con su misión, se abra a una situación nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comunión reconocido por todos”. Y recordando a las probadas comunidades cristianas del Medio Oriente, se ha referido al “ecumenismo de la sangre”, que posee una particular eficacia para toda la Iglesia. “Aquellos que persiguen a los cristianos por odio a la fe, no les preguntan si son ortodoxos o si son católicos: son cristianos… la sangre cristiana es la misma”, ha recordado Francisco.

Sólo la fe en Cristo Resucitado, Señor de la historia, puede explicar el arrojo mostrado por el papa Francisco ante sus interlocutores musulmanes y judíos, así como su vibrante apuesta por la paz en una región que ve caer uno tras otro los mejores intentos para alcanzar un acuerdo que inicie la reconciliación y disuelva el odio y el resentimiento mutuo. Por lo pronto ha conseguido el plácet de Abu Mazen y Simón Peres a una jornada de oración común para la que el obispo de Roma ha ofrecido su casa, en el Vaticano. No hace falta decir que Francisco no tiene una hoja de ruta alternativa para la paz entre israelíes y palestinos, sino que propone un encuentro basado en la exigencia del corazón de todo hombre y en la certeza de un Dios que escucha y responde a quien le pide con humildad y rectitud.

Ante el gran Muftí de Jerusalén y los miembros del Consejo Supremo Musulmán, Francisco se ha presentado como un peregrino en la senda de Abraham. “Ante el misterio de Dios todos somos pobres, sentimos que tenemos que estar siempre dispuestos a salir de nosotros mismos, dóciles a la llamada que Dios nos hace, abiertos al futuro que Él quiere construir para nosotros”, les ha dicho fraternalmente. De ahí la invitación a respetarnos y amarnos los unos a los otros, a comprender el dolor del otro, y el llamamiento final para que “nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia”.

Después, en el Memorial de Yad Vashem, el Papa ha desgranado una oración conmovedora que recordaba necesariamente al discurso del Papa Benedicto en Auswitch cuando habló del aparente silencio de Dios : “…Acuérdate de nosotros en tu misericordia, danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida… ¡Nunca más, Señor, nunca más! Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer. Acuérdate de nosotros en tu misericordia…”. Una oración acompañada por un gesto histórico, el de un Papa que se inclina ante un anciano superviviente de la Shoah para besarle las manos.

Nuestra última mirada en este apretado recorrido es para la celebración eucarística en el Cenáculo. El Papa, visible y compresiblemente cansado, ha reservado para este momento final algunos de sus temas más queridos. “¡Cuánta caridad ha salido de aquí, como un río de su fuente… todos los santos han bebido de aquí, del Corazón de Cristo, de la Eucaristía, de su Espíritu Santo!”. Francisco nos recuerda que allí, en el Cenáculo, ha nacido una nueva familia, y casi lo deletrea: “la-Santa-Madre-Iglesia-Jerárquica”. Una Iglesia-en-salida desde sus inicios, porque desde aquí se desparramó por el mundo para anunciar la Salvación de Cristo, pero una Iglesia que vive siempre de la memoria del acontecimiento de Cristo, sin dejar atrás ni una coma de cuanto le ha confiado su Señor.

“Cualquier esfuerzo de la humanidad contemporánea de modelar su futuro de espaldas a Dios es una vana presunción”, había dicho el Patriarca Bartolomé. “A esta gran familia (la Iglesia) están invitados y llamados todos los hijos de Dios de cualquier pueblo y lengua, todos hermanos e hijos de un único Padre que está en los cielos”, respondió Francisco en su última intervención antes de regresar a Roma.

 

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Primer balance de José Luis Restán al viaje del Papa Francisco a Tierra Santa, 9.0 out of 10 based on 13 ratings
Print Friendly, PDF & Email

Sobre el autor José Luis Restán Martínez

José Luis Restán nació en Madrid en 1958. Es ingeniero de Caminos, pero abandonó pronto el ejercicio de esa profesión para poner en marcha la edición española de la revista 30 Giorni. Estudió periodismo en la Universidad de Navarra y desde 1990 trabaja en la Cadena COPE, donde ha sido redactor de los Servicios Informativos, director de Programas Socio-Religiosos, y ha presentado diversos programas, entre ellos La Linterna de la Iglesia. Actualmente es Director editorial y Adjunto al Presidente de la Cadena COPE, y dirige el programa El Espejo. Colabora habitualmente en las revistas Alfa y Omega y Mundo Cristiano, así como en el diario on-line Libertad Digital. Junto a un grupo de jóvenes periodistas, fundó en 1996 la revista Páginas para el mes.

José Luis Restán Martínez

José Luis Restán nació en Madrid en 1958. Es ingeniero de Caminos, pero abandonó pronto el ejercicio de esa profesión para poner en marcha la edición española de la revista 30 Giorni. Estudió periodismo en la Universidad de Navarra y desde 1990 trabaja en la Cadena COPE, donde ha sido redactor de los Servicios Informativos, director de Programas Socio-Religiosos, y ha presentado diversos programas, entre ellos La Linterna de la Iglesia. Actualmente es Director editorial y Adjunto al Presidente de la Cadena COPE, y dirige el programa El Espejo. Colabora habitualmente en las revistas Alfa y Omega y Mundo Cristiano, así como en el diario on-line Libertad Digital. Junto a un grupo de jóvenes periodistas, fundó en 1996 la revista Páginas para el mes.

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.