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Presentación del libro “Jorge Mario Bergoglio (biografía intelectual del Papa Francisco)

Presentación del libro “Jorge Mario Bergoglio (biografía intelectual del Papa Francisco)

El 20 Noviembre y en la Universidad San Dámaso, se presentó en mesa redonda, el libro: Jorge Mario Bergoglio (Biografía intelectual del Papa Francisco)

Intervinieron: Massimo Borghesi, autor del libro; Gerardo del Pozo, decano de la Facultad de Teología de la UESD; Miguel García Baró, profesor de filosofía, Universidad Comillas

Presidió el acto: Mons Jesús Vidal Chamorro, obispo auxiliar deMadrid y presentó el acto: Javier Prades, rector de la UESD

Javier Prades manifestó su alegría en la presentación de este acto por la amistad con los tres ponentes e indicó que no es frecuente encontrarse con amigos que son maestros: Miguel García Baró, profesor en Comillas. Amistad también con el autor del libro Massimo Borghesi,del que ha aprendido mucho de la vida de la Iglesia y de la vida de la sociedad y la evolución que ha seguido el pensamiento hasta nuestros días. Es una gran alegría que nos volvamos a encontrar en esta actividad participando en la presentación, de su libro, promovida por ediciones Encuentro en colaboración con la Universidad de San Dámaso. Y Gerardo del Pozocompañero en esta casa, buen amigo en el trabajo académico. De ahí que ha querido destacar la singularidad de esta mesa. El libro ayuda a descubrir aspectos menos visibles y accesibles, pero decisivos en el itinerario de Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco.

El autor del libro: Massimo Borghesi es profesor titular de Filosofía Moral en el Departamento de Filosofía, ciencias sociales, humanas y de la formación de la Universidad de Perugia. Ha sido director de la Cátedra Bonaventuriana en la Pontificia Universidad de San Buenaventura; especialista en el pensamiento filosófico alemán de los siglos XIX y XX, con particular atención a los temas de la secularización, el nihilismo y la sociedad “post secular”; es uno de los más cualificados filósofos contemporáneos de la religión.

Gerardo del Pozo, natural de Burgos es actualmente el decano de la Facultad de Teología de la UESD. Es sacerdote desde 1979. Doctor en teología dogmática; licenciado en hispánicas y filología alemana. Catedrático en la facultad de Teología en esta Universidad de San Dámaso, socio de la Academia Pontificia de teología y Consiliario en Madrid de la Asociación católica de propagandistas.

Miguel García Baró, profesor de filosofía, Universidad Comillas; se formó en la Complutense y se doctoró en la Universidad de Maguncia (Alemania). Profesor invitado en muchas universidades. Desde finales del pasado mes de octubre es nuevo académico de Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Comenzó la presentación Gerardo del Pozo.El libro, dijo, es una reconstrucción minuciosa y profunda de la formación intelectual jesuítica que comenzó en el ColegioMáximode San Miguel.

Es un libro necesario en el actual momento de la Iglesia y un libro que hace justicia a la dimensión intelectual de Jorge Mario Bergoglio, actual papa Francisco. Necesario, dijo, por los continuos ataques al actual Papa. Máximo Borghesi los tiene en cuenta, sobre todo, en la introducción. Algunos dicen que el Papa Francisco carece de la formación teológica y filosófica, que a nivel europeo se le supone a un Papa del siglo XXI. Es evidente que el Papa Francisco no ha seguido la carrera académica, que no tiene un sistema, pero si un pensamiento unitario, aunque abierto. Pensamiento realizado desde el camino de la Historia, de la Historia de la Iglesia, para entenderla y conducirse en ella. El libro de Borghesi hace justicia a lo que podemos llamar el perfil intelectual del Papa Francisco. Y hace justicia, a mi modo de ver, dijo Del Pozo, a algo más importante: al Espíritu Santo que ha ido preparando a Jorge Bergoglio con una nueva apertura de la mente, que se hace presente en el ejercicio del ministerio petrino. Íntimamente unido a esto es la continuidad con el magisterio de Benedicto XVI. Quizás haya nuevos acentos, pero no antítesis. Con Francisco ha llegado la hora de Latinoamérica. Europa ha dejado de ser el centro de la Iglesia. Dos grandes maestros de Jorge Bergoglio son San AgustínyGuardini.

Quiero destacar, dijo, la fuerza con que escribe el profesor Borghesi; no solamente en este libro. En el profesor Borghesi se unen las dos dimensiones de la acción del espíritu en el hombre: el fuego del amor que responde a una visión providencial e íntimamente sentida como intelectual católico. Un último aspecto, recalcó Del Pozo, que llama la atención es que no son solo los pensadores, sino la situación social eclesial en la que vive, lo que determina su pensamiento. Esto él lo ve, sobre todo en los años de la dictadura militar; Jorge Bergoglio practica la virtud de la paciencia.

Tomó la palabra, a continuación Miguel García Baró,quien indicó lo fácil que es presentar este libro, aunque no es tan fácil hablar sobre el tema del que el libro trata. Este libro recuerda el subtítulo del libro “Del desasosiego” de Pessoa: “Autobiografía sin hechos”. En este libro no hay hechos (anédoctas, etc). Blondel y Rosmini son las dos referencias, no explícitas que sigue Jorge Bergoglio, en opinión de García Baró. El pensamiento del Papa se fija en estas dos influencias lejanas y filosóficamente más relevantes. Blondel y Rosmini que siguen siendo una especie de deber para todos nosotros. Pensadores muy desconocidos. En España, apenas hay un par de tesis sobre ellos. Recordemos el principio básico de la filosofía de Blondel que sigue siendo extraordinariamente interesante: “los errores intelectuales son fundamentalmente y primero errores de la voluntad”. Influencia no de Hegel, sino de Fichte. La conciencia moral es el instrumento de la inteligibilidad de la vida. La dialéctica es la misericordia de alguna manera. No dejarse abrumar por lo máximo y a la vez ser capaz de ser contenido en lo mínimo, lema de San Ignacio que para el Papa representa un deber continuo. El Papa más que añadir doctrina lo que hace es realizarla. Su deber es realizarla. Después de Ratzinger no tiene que aumentar ese caudal de doctrina tan rico. La dialéctica de Blondel le sirvió. Rompe la dialéctica hegeliana a través del testimonio radical de las víctimas, de los descartados. Por otra parte, una evolución de la Teología de la Liberación ha permitido también al Papa Francisco, a partir del documento de Aparecida, descubriendo la belleza de la espiritualidad del pueblo. El Papa lo que hace es más que añadir doctrina, es la realización de principios que desde los papas anteriores han llevado a la práctica: la realización de verdades evangélicas.

Seguidamente el autor del libro Massimo Borghesi, realizó la presentación, dando las gracias a todos los participantes esta tarde en este encuentro sobre este libro en español. Al mismo tiempo ha salido, dijo, en otras lenguas: inglesa, polaca, portuguesa, lo cual significa que el libro está teniendo una buena acogida. Agradezco a mi amigo Prades, aJesús Vidal que ha venido en representación de D.Carlos Osoroy a los intervinientesGerardo del Pozoy Miguel García Baró, que no se han limitado a hacer una presentación convencional, sino que han ofrecido una lectura inteligente.

Dos palabras sobre las razones que me han llevado a escribir este libro. La idea ha madurado cuando después de la publicación de Amoris Laetitia, las críticas contra el Papa han llegado a un punto de no retorno. En ambientes que se pueden etiquetar de tradicionalistas se ha llegado a calificar al Papa de herético. Y ante acusaciones tan graves lo que más me sorprendía era el silencio de la “inteligencia” católica. Un silencio de teólogos, intelectuales, de pensadores, pero también de los obispos. Entre las muchas acusaciones de peronista, de populista, destacaba la de no tener una formación intelectual a la altura de un Pontificado. En el fondo se decía, que no era más que un párroco que no está en condiciones de comprender la dificultad de la cultura europea. Personalmente, como había leído los textos de Bergoglio de los años 70, estaba seguro de que el Papa tenía un pensamiento profundamente católico y original a sus espaldas. Por eso ha nacido la idea de escribir el libro.

Escribir una respuesta meditada y elaborada a las objeciones de los críticos. Ha sido escrito en tiempos bastantes breves, también porque algunos de los autores a los que me iba a referir, ya habían sido motivo de estudio mío anteriormente. Romano Guardini es un autor al que he dedicado una monografía; lo conozco bien. Y conocía también el filón del pensamiento dialéctico del siglo XX, De Lubac y a Balthasar. Con todo, el trabajo ha estado lleno de descubrimientos. No me imaginaba la complejidad y la riqueza de los encuentros que han ido tejiendo la identidad intelectual de Bergoglio. En primer lugar porque nosotros de la cultura latinoamericana y argentina no sabemos nada. En España no lo sé, pero desde luego, en Italia nada. Y tenemos un cierto sentimiento de superioridad. El debate de ideas (años 80 y 90) me ha sorprendido por el nivel y la categoría que tenían y Bergoglio estaba en el centro. En las grandes asambleas (sobre todo Puebla en el 1979) eran momentos de altísimo nivel de discusión intelectual. Puebla quiere mostrarnos una Teología de la Liberación no marxista, tomando como modelo el Evangelii Nuntiandide Pablo VI, uniendo evangelización y promoción humana. Es una polaridad.

El pensamiento de Bergoglio es, en ese sentido, pensamiento de la polaridad, como el hilo conductor que atraviesa todo su pensamiento y esto se corresponde con una corriente bien definida del pensamiento católico del siglo XX, que entiende a la Iglesia como coincidente y opositora, por la tensión polar de opuestos que se reclaman mutuamente. Por eso en la Iglesia la contradicción derecha e izquierda es siempre mortal, porque puede haber diferencias, pero deben mantenerse en una tensión unitiva. Cuando se rompen, se convierten en fuerzas ideológicas, en fuerzas políticas, que fracturan el misterio de la Iglesia. Es el modelo que aplica Bergoglio, como nos recordaban los intervinientes, en los años 70 para mantener unida la Compañía de Jesús e impedir que los jesuitas caigan de lado de las fuerzas revolucionarias o se vayan a unir con la derecha. La pregunta, entonces, es ¿de dónde le llega al joven Bergoglio este modelo de la unidad polar que no es muy habitual en el pensamiento católico?.

En enero de 2017 el libro estaba acabado, pero no era capaz de comprender dónde estaba la fuente de este pensamiento antiatómico. En sus escritos no cita esa fuente. Entonces en aquel momento en colaboración con Guzmán Carriquiry,vicepresidentede la Pontificia Comisión para América Latina,decidimos que íbamos a enviarle al Papa algunas preguntas. Le presenté el proyecto, aclarando que no se trababa solo de una actividad para la Academia, sino que podía ser un servicio eclesial. La respuesta del Papa ha sido en cuatro ocasiones, mediante cinta de audio, haciéndome llegar el material a través de su secretario. Es increíble, pero el Papa ha encontrado el tiempo para contestar a estas preguntas; algunas de ellas eran complejas para descifrar su pensamiento. Una de las respuestas que han sido decisivas para la articulación del libro es que para él una de las obras de referencia en su formación ha sido La dialéctica de los ejercicios espiritualesde San Ignacio de Loyola del jesuita francésGaston Fessard. Ahí vi la luz, porque efectivamente Gaston Fessard es un pensador de la antinomia de las posiciones polares y sus tensiones. Era prácticamente imposible saber esto, porque no cita a Fessard. Pero una vez que el me lo ha desvelado, se ha hecho todo claro.

El joven Bergoglio empieza con una reflexión sobre la espiritualidad de San Ignacio, espiritualidad tensa, tensión entre libertad humana y gracia de Dios; entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. No es una espiritualidad apaciguada, es una espiritualidad en tensión, siempre en camino hacia un Dios siempre mayor. Por eso el cristiano está siempre descentrado, desplazado hacia la periferia, porque el centro es Cristo. Cuando se trata de la categoría de periferia se piensa siempre en su aspecto sociológico. Pero para Bergoglio es en primer lugar teológico. El cristiano está siempre hacia fuera, en la periferia, porque el centro es de Cristo.

Y detrás de Fessard está Blondel, no está Hegel, sino Blondel. Bergoglio es hijo de la escuela jesuita blondeliana de la escuela de Lyon. Henri de Lubac, es otro maestro. Esto explica esta tensión entre los polos: la inquietud en un yo que nunca está centrado en si mismo. Esto nos explica por qué cuando en mayo 86 al hacer la tesis sobre Romano Guardini, elige la única obra filosófica de Guardini de 1925. Es la obra en la que se estudia la composición polar. ¿Por qué elige esa obra y no muchas otras teológicas o religiosas de Guardini? Porque le confirma en ese pensamiento de la polaridad, que el ya había recibido, gracias a Fessard: la Iglesia como unidad de los opuestos. Entonces se puede aclarar el hilo conductor del pensamiento de Bergoglio. Desde el 1986, Guardini es su punto de referencia. Y lo aplica en todas las disciplinas, en la sociología, en la política, en la eclesiología. Porque esta categoría, esta comprensión de la polaridad es la fórmula de la paz, de la unidad, del bien común. Porque tener en tensión los polos es el único modo de que no se conviertan en contradictorios. La polaridad es una condición de salud en la unidad. La unidad eclesial no debe destruir las diferencias, pero las diferencias no se pueden convertir en particularísmos contra lo universal. La tensión entre particular y universal, entre Iglesia particular y universal, es por cierto, una de las lecciones de De Lubac. Esto explica por qué Bergoglio es un místico, porque las síntesis son provisionales, sólo Dios hace la síntesis. El hombre comienza los procesos, los cumple Dios. Y por eso dice que el tiempo es superior al espacio, porque el espacio es ocupar poder, es bloquear el proceso de la polaridad; el tiempo se confía a Dios, porque lo que tu entiendes hoy, si Dios quiere, El lo cumplirá mañana.

Quiero añadir algo: el modelo de Bergoglio es Blondel, pero no es solo Blondel, también es Sto. Tomás. Es el realismo de Tomás. Uno de sus principios, de Bergoglio, es que la realidad es superior a la idea y superior a las ideologías. Esto es tomista. Bergoglio une la dialéctica blondeliana con el realismo de Tomás de Aqjuino. Por eso su pensamiento es interesante, porque supera la alternativa entre la corriente agustiniana y la corriente escolástica tomista, división entre dos corrientes que ha sido trágica para la visión católica del siglo XX. Y por eso se explica la simpatía que expresa hacia Balthasar, que da primacía al momento estético. En general la dialéctica está contra la estética, en cambio él las puede unir. Explica también, por ejemplo, la simpatía que expresa hacia la reflexión sobre la categoría de encuentro. El pensamiento de Bergoglio es un verdadero pensamiento católico, que une en polaridad la corriente agustiniana de tipo interior y la corriente tomista que insiste sobre el primado de la realidad, entendida también como realidad externa, que puede unir el polo subjetivo y el objetivo. Y de esto es de lo que tiene, desesperadamente necesidad. el pensamiento católico de hoy. Muchas gracias.

En el tiempo de diálogo, se formularon estas preguntas:

¿Qué tipo de intelectuales católicos, existen, que rechazan al Papa? Fue una pregunta

Y en otra reflexión se indicó que Bergoglio no es suficiente para explicar a Francisco y que en algún momento Francisco es quien explica a Bergoglio.

Massimo Borghesi indicó que ese rechazo, muestra una Iglesia que tiene miedo. La Iglesia después de 1989 se cierra sobre sí. Después de la caída del comunismo pensaba que renacería la fe. En cambio ha crecido aún más la secularización. La globalización ha conllevado una secularización aún mayor. La Iglesia se ha asustado y se ha cerrado; cuando se tiene miedo uno se vuelve rígido, porque se quiere certezas y palabras claras. Se han convertido en intelectuales de una Iglesia que se cierra. Digo esto porque no se entiende a Francisco, si no se comprende que tiene una perspectiva misionera, que quiere encontrar a los paganos de nuestra época. Por eso la Iglesia está llamada a estar en salida; siempre debe estar en salida. El hecho de que el Papa lo pida con insistencia, indica la importancia. El Papa dice que el gran defecto de la Iglesia hoy es el clericalismo; la Iglesia se ha vuelto clerical, como cualquier organismo que se cierra, se vuelve clerical; se ocupa solo de sí misma, se ocupa de la carrera, de la imagen, no tiene pasión por el mundo. En la Evangelii Gaudium se entiende que viene antes que la ética, el kerigma; porque hoy lo primero es el anuncio de Cristo. Por eso dice que el encuentro viene antes.

Benedicto XVI dice que el cristianismo sucede no por una decisión ética, sino por un encuentro. Esto ya lo decía el documento de Aparecida donde por dos veces se recoge esta afirmación de Benedicto. Por eso, dice Borghesi, no solo por esta frase, el documento de Aparecida es el manifiesto de Bergoglio. En Aparecida está ya la polémica contra los descartes. Hay frases enteras de Aparecida en Evangelii Gaudium. Y ahí se dice que el cristianismo vuelve a suceder por un encuentro dentro del mundo contemporáneo. Los intelectuales están rígidos, están parados, tienen miedo y transmiten solo miedo. Por ejemplo, una vez entendido que la relación entre verdad y misericordia en Amoris Laetitia, es una relación polar. El Papa no relativiza la verdad del matrimonio. El matrimonio es uno, indisoluble. Esa es la verdad universal de la fe. La misericordia actualiza lo particular de la verdad universal. Por eso hay que ejercer un discernimiento, porque la misericordia es siempre particular. La verdad tiene que convertirse en misericordia si no no es verdad. La tensión polar; mostrar la tensión en lo universal y lo particular.

En cuanto a la segunda pregunta, es muy verdadero que Bergoglio y Francisco se explican el uno mediante el otro. Francisco enriquece a Bergoglio incluso desde un punto de vista humano el cardenal Bergoglio no tenía esa felicidad y esa alegría que comunica hoy. Era un hombre reservado y de aspecto triste. Todos los que lo han conocido dicen que el convertirse en Papa lo ha cambiado. Como si el Espíritu Santo le hubiera dado un sentido de la paternidad de modo nuevo. La caridad la ha tenido siempre; la ha practicado; el amor al necesitado siempre lo ha tenido, pero no tenía la alegría que tiene hoy. Esto es sorprendente.

En cuanto a la continuidad del documento de Aparecida con Evangelii Gaudium, he leído con mucha atención el documento de Aparecida, documento que no se suele leer, es un documento que tiene páginas muy bellas. Y algunas de ellas están casi idénticas en Evangelii Gaudium. Evangelii Gaudium es el manifiesto del Pontificado de Francisco. Y nadie lee Evangelii Gaudium. Esto sobre todo, entre los sacerdotes, es imperdonable.

En cuanto a la cuestión de la teología latinoamericana y Bergoglio, yo he estudiado la teología latinoamericana en función de Bergoglio. No pretendo haber dado un cuadro que refleje la complejidad de la teología latinoamericana. He intentando comprender su postura; por ejemplo, la teología del pueblo, seguro que no es toda la teología de Bergoglio. La teología de San Ignaico es determinante para Bergoglio. En cuanto a la figura de Gutierrez me ha resultado muy significativa la introducción a la segunda edición donde él hace autocrítica, donde rechaza el primado de la praxis que había proclamado en la edición del 70. Reconoce que no había valorado suficientemente la teología del pueblo. Es decir, la religiosidad popular como fuente de la justicia y compromiso por los pobres. El reconocimiento que hizo Gustavo Guitierrez, uno de los principales exponentes de la Teología de la Liberación es, desde luego, importante.

Madrid, 23 noviembre 2018

José Manuel Coviella C.

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