Carta del Obispo Iglesia en España

Prepararse para la Navidad, por el obispo de Segorbe-Castellón

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Prepararse para la Navidad, por el obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente

El Adviento es un tiempo hermoso de preparación para celebrar cristianamente la Navidad. En la Navidad conmemoramos la ‘primera’ venida en la historia de Jesús, el Hijo de Dios en Belén; Él es el Mesías y Salvador. Por otra parte, en Adviento dirigimos nuestra atención hacía la ‘segunda’ venida de Jesucristo al final de los tiempos.

Nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos históricos: la Encarnación de Cristo, que nos salva, y la Parusía, su venida al final de los tiempos, que llevará su obra a total cumplimiento. El cristiano vigila y espera siempre la venida del Señor para dejarse encontrar por Él.

Nos preparamos a la Navidad sabiendo que el Señor y su Salvación están ya presentes en su Iglesia, y con la esperanza confiada de su venida definitiva. Ello ha de despertar en nosotros los cristianos actitudes de fe y vigilancia, de hambre o de pobreza espiritual y de misión o presencia en el mundo. Si nos dejamos encontrar personalmente con Cristo, su Salvación llegará a tantas situaciones todavía necesitadas de ella.

El Señor está presente y sale a nuestro encuentro en su Iglesia, el Cuerpo de Cristo, en su Palabra, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en la Penitencia, en el testimonio de muchos bautizados, en el prójimo, sobre todo, en el pobre, en el enfermo, en el hambriento y en sediento, en el que está en la cárcel o vive en soledad; el Señor está presente y sale a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida. Reavivar nuestra fe equivale estar vigilantes para acoger al Señor presente entre nosotros. La vigilancia es defensa y lucha ante el mal que nos acecha; y es también espera confiada y gozosa de Dios, que nos ama a cada uno, que nos da vida, nos salva y nos libera del pecado y del mal. En Adviento, El Señor pasa por nuestras vidas y quiere que nos dejemos encontrar por Él.

Como nos dice el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio: “En Jesucristo siempre nace y renace la alegría”; es la alegría de sentirse amados siempre y para siempre por Dios. Quienes se dejan encontrar y “salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento”, que brotan del corazón cómodo y avaro, del corazón cerrado en sus propios intereses, del corazón que no deja espacio para los demás ni para Dios (nn. 1-2). 

Adviento es por ello tiempo de conversión, tiempo de salir de sí mismos para volver nuestra mirada y nuestro corazón a Dios y a los pobres, tiempo para recuperar la alegría de creer y de sentirse amados por Dios. Pero ¿cómo podremos buscar al Señor si no reconocemos que tenemos necesidad de Él? Nadie deseará ser liberado si no se siente oprimido. Seamos humildes y pobres en el espíritu; esta pobreza es la actitud de sentirse necesitado de Aquél que es más fuerte que nosotros; es nuestra disposición para acoger todas y cada una de sus iniciativas.

El hombre de hoy busca ansiosamente la felicidad, la paz, la justicia y el amor. La secularización y el progreso técnico le tientan a vivir cerrado a Dios y buscar la felicidad fuera de Jesucristo. Pero cada vez se siente más lejos de la felicidad anhelada. Es en Jesucristo donde el hombre descubre su verdadera imagen, su verdadero destino y su pertenencia a un mundo nuevo que ha comenzado a edificarse en el presente. Cristo ha venido y viene para todos. Dejémonos encontrar por el Señor que viene.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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