Revista Ecclesia » «Preguntas y respuestas», carta pastoral de Salvador Giménez Valls
Cartas de los obispos

«Preguntas y respuestas», carta pastoral de Salvador Giménez Valls

A un obispo le llegan consideraciones de todo tipo. Advertencias, consejos, peticiones, quejas, elogios… y mil preguntas que se suelen hacer en privado y que algunos se prestan a formular en directo y en público, por correo o verbalmente, al responsable de la institución a la que se sienten cordialmente vinculados. Estamos hablando de la Iglesia y de todo lo que la misma representa para cada individuo y para la sociedad en general.

Ante la larga situación que nos toca vivir provocada por la pandemia se multiplican las preguntas sobre los aspectos religiosos. Por descontado no todas las cuestiones tienen como base el lamento, el ataque o la mala fe; hay muchos interrogantes que ayudan a plantear mejor los problemas, a colaborar en una atención más adecuada a la comunidad o a sacar a la luz un olvido o un descuido hacia una situación de obligado cumplimiento cristiano.

Las preguntas más frecuentes se refieren al cierre de los templos o a la sujeción de estrictos horarios de apertura de los mismos, a la atención espiritual de los pacientes en los hospitales o internos en las residencias, al cumplimiento del precepto dominical, al modo de establecer algunos grupos parroquiales de catequesis, a la celebración de funerales, a las reuniones de formación de adultos, a los horarios y formas de atención a los necesitados y reparto de alimentos y ropa, a la organización de los centros de tiempo libre. Y otras muchas que harían demasiado extensa la enumeración para los límites de este comentario.

Son preguntas muy concretas pero que dejan entrever la importancia que muchos de nosotros dan al sentido de su vida y al fundamento de su fe. La formación cristiana, la celebración de los sacramentos, la atención a los necesitados tienen una profunda unidad y no deberían considerarse por separado cada una de ellas. Nadie discute la preocupación de las comunidades cristianas por los más pobres pero se considera menos urgente y hasta prescindible la participación en los sacramentos. Y de ningún modo debería tener esa consideración. Todo cristiano sabe que:

1.- La dimensión espiritual necesita una atención estable y continuada. Tanto como la física o la cultural. Cuando se habla de actividades esenciales nunca se hace constar la importancia de lo que hay en lo más profundo del ser humano y sus consecuencias para su propio equilibrio emocional y su voluntaria dedicación a los demás.

2.- El ser humano no se puede dividir en compartimentos estancos. Forma una unidad indivisible y todas sus partes son igualmente necesarias. La consideración social a su fe, aprendida, celebrada y compartida, es motivo de alegría y de reconocimiento. No es una tontería su forma de entender el mundo contando con la presencia de Dios en sus vidas. No se reivindica nada, se solicita una debida seriedad en el tratamiento de los temas de la fe.

3.- La actuación hacia los demás es posible por el fundamento y la adhesión a la persona de Jesucristo, que está presente en el hermano pero, no lo olvidemos nunca, también en los sacramentos. Sin ellos no tendremos fortaleza para la caridad y la misericordia.

Las respuestas del obispo no quieren reducirse a un mero cumplimiento de prácticas religiosas sino a la fundamentación de la propia creencia, caudal de la solidaridad. Todo ello envuelto en el manto de la dignificación social de nuestra práctica cristiana.

+ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida



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