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Portugal sigue dando pasos hacia la aprobación de la eutanasia

Portugal da un paso adelante en la despenalización de la muerte asistida.

Con la mayoría parlamentaria necesaria para su aprobación, el país luso continúa las líneas marcadas a finales del año pasado en su agenda legislativa.  Este proyecto de ley, sacado adelante pocos días después del comienzo  del segundo mandato del presidente Marcelo Rebelo de Sousa, ha contado con el rechazo de los obispos.

La Conferencia Episcopal de Portugal (CEP), a través de su portavoz, Manuel Barbosa, ha expresado en un comunicado su «tristeza e indignación» por la aprobación de esta ley en el contexto actual del país, donde Portugal tiene la tasa más alta de fallecidos por la covid-19 de toda Europa.  «Es una contradicción —dicen los obispos— legalizar la muerte en este contexto, rechazando las lecciones que esta pandemia nos ha dado sobre el precioso valor de la vida humana, que la comunidad en general y los trabajadores de la salud en particular están tratando de salvar de manera sobrehumana».

La vida debe protegerse especialmente cuando es más frágil

La CEP  ha definido como inaceptable el hecho de que la eutanasia sea «una respuesta a la enfermedad y al sufrimiento» y ha hecho un llamamiento en aras a proteger  la vida, «sobre todo cuando es más frágil, con todos los medios y, en particular, con el acceso a los cuidados paliativos, que la mayoría de la población portuguesa aún no tiene».

Los obispos portugueses han tildado al final de su comunicado la ley de la eutanasia como «una política legislativa que atenta contra la dignidad de toda vida humana» y como «una involución cultural sin precedentes, caracterizada por la absolutización de la autonomía y la autodeterminación de la persona», contra la que «debemos reaccionar enérgicamente». «Ahora más que nunca —concluyen los prelados— reforzamos nuestra intención de acompañar con cuidado y amor a todos los enfermos, en todas las fases de su vida terrenal y especialmente en la fase final».

En tiempos de Covid los portugueses luchan por la vida

Varias entidades católicas, entre ellas Cáritas, la Universidad Católica Portuguesa o la Federación Portuguesa por la Vida han hablado, tal y como recoge Vatican News, de un procedimiento «profundamente chocante» apelando «al Presidente de la República, que haga todo lo que esté a su alcance para detener la legalización de la eutanasia en Portugal».

Cabe recordar que la ley sometida a votación es el resultado de cinco proyectos normativos sobre la legalización de la eutanasia aprobados el 20 de febrero de 2020 por la Asamblea de la República. Las cinco propuestas fueron recogidas, cuenta Vatican News,  en un único documento por la diputada del Partido Socialista, Isabel Moreira. Sin embargo, en octubre de 2020, fue rechazada la propuesta de celebrar un referéndum popular sobre el tema. Ahora el proyecto de ley se enviará al Presidente de la República, que tendrá tres opciones: promulgarla, vetarla y enviarla de nuevo a la Asamblea para que confirme el voto; o enviarla al Tribunal Constitucional para que se pronuncie sobre ella.

¿Qué prevé la ley aprobada?

Si finalmente se aprueba, la ley que autoriza la «muerte médicamente asistida» convertiría a Portugal en el quinto país de Europa en legalizar la eutanasia, después de Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y, previsiblemente, España. Según la legislación, los ciudadanos portugueses mayores de edad y residentes en Portugal que se encuentren en «una situación de sufrimiento extremo, que presenten lesiones irreversibles» o que padezcan una «enfermedad incurable», pueden recurrir a esta práctica. La petición del paciente de poner fin a su vida debe ser validada por varios médicos, así como por un psiquiatra, cuando existan dudas sobre la capacidad de la persona para tomar una decisión de este calibre de manera «libre y consciente». Esta elección deberá ser declarada de nuevo en presencia de testigos, el último día de la vida del solicitante. La muerte asistida puede llevarse a cabo en las instalaciones del servicio nacional de salud o en otro lugar «elegido por el paciente», siempre que tenga «condiciones clínicas y de confort adecuadas».



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