A la izquierda, José Antonio Vega
Zona Cero

Por todos los sacerdotes

Desde el pasado sábado, 13 de junio, mi diócesis, Vitoria, cuenta con un nuevo sacerdote. José Antonio Vega, de 30 años, nicaragüense quien ha pasado casi un tercio de su vida aquí, en España. De familia normal en cuanto a la fe y presencia en la Iglesia se refiere, comenzó a acudir a catequesis en su parroquia bien joven porque le gustaba una chica. Estudiante de Ingeniería, enamorado, gran percusionista y promesa futbolística, lo dejó todo para dedicar su vida a seguir al Señor y a llevar el Evangelio a sus semejantes. En que pocas palabras se resume pero cuán grande es este camino.

Tuve la suerte de acudir a su ordenación —la primera en seis años y la primera del actual Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde— y a su primera misa. Pude ver en ambas dos celebraciones la mirada de responsabilidad ante su nueva vida. Observe cómo consagró por primera vez. Los ojos fijados, casi diría amorosamente fijados, en la sagrada forma y una primera homilía en la que nos llamó a preguntarnos sobre nuestra vida y ponerla en manos de Dios. A la salida de misa, los vecinos de los dos pueblos en los que celebró le esperaban para brindar y con un largo aplauso. ¡Qué importante es sentirse arropado!

Este próximo viernes, el Papa Francisco ha convocado una Jornada Mundial de Oración por la Santidad Sacerdotal. Con está ordenación de José Antonio tan reciente y sus primeras misas, he pensado mucho sobre la importancia de acompañar y rezar por los sacerdotes, por todos ellos sin distinción. Su papel en la Iglesia y en el mundo es muy necesario. Recuerdo en mi viaje a Tierra Santa el pasado verano las palabras del Capellán Universitario del campus de Álava que allí cobraban especial significado: Los sacerdotes hacemos presente todos los días a Jesús en la Eucaristía”. María, su Madre, le trajo a la Tierra una vez en Belén. Ellos le traen todos los días en todos los rincones del globo. ¿No es eso ya un acontecimiento asombroso en medio de este mundo?

Tengo buenos amigos sacerdotes con muchas experiencias preciosas que contar. En momentos de duda, de problemas, de tensiones eclesiales también, en ellos he tenido escucha y consejo. ¡No hablemos ya de la confesión! Un momento de tanta intimidad con Jesús mediante el sacerdote que resultaría injusto describirlo aquí con pocas palabras.

Personas de Dios y para Dios. Personas que le hacen presente todos los días del año, incluso en circunstancias peligrosas. Acordémonos de esas zonas donde muchos han sido y son asesinados por el Evangelio y por el servicio a la Iglesia y a los hermanos. Tengamos presente también su papel en el sur de España acogiendo refugiados y dándoles techo y comida tras días de deriva con mafias y prostitución en medio de ellos. ¿Y que decir de quienes visitan enfermos en sus casas, les llevan la comunión, les dedican su tiempo? ¿O de quienes han estado estos meses atrás consolando a las familias y dando una digna despedida a quienes morían? No me quiero olvidar de esos sacerdotes que están también al pie del cañón en nuestros barrios más pobres con la gente más necesitada. ¿Les oís quejarse por estar ahí, por dar su vida por los demás?

Queridos sacerdotes, conocidos u desconocidos, por supuesto rezo porque seáis santos aquí y ahora; para que no os sintáis solos. Para que sepáis que en vuestro pueblo tenéis a vuestra familia y amigos. Pese a todas las dificultades que podéis encontrar, estamos orando para que seáis como los primeros discípulos: valientes, decididos, creadores de comunidad, amables y disponibles, serenos y alegres, santos del mundo y hombres del cielo.

El viernes 19 de junio, unámonos al sucesor de San Pedro en su llamamiento a rezar intensamente por todos los sacerdotes, especialmente por quienes más necesiten de nuestra oración. Custodios de la Palabra, rostro de la Iglesia y evangelizadores 24 horas 7 días a la semana. Ellos, que dejaron todo para seguir al Señor, están ahí siempre por nosotros; estemos al menos un día nosotros por ellos.

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