La señal de la Cruz

¿Por qué y a quién le molesta otra vez el crucifijo?

Artículo escrito el  23 de noviembre de 2008

Hace cinco meses -el 28 de mayo de 2008-escribíamos este artículo, que tristemente vuelve a la actualidad con motivo de una sentencia en Valladolid que obiliga a retirar los crucifijos de un colegio público. ¿Hasta cuándo proseguirán estas polémicas sectarias y reaccionarias? Valga de nuevo este texto.

Cuando la legislatura política española no ha cumplido todavía dos meses desde la constitución de las Cámaras, IU y ERC presentaban el martes 27 de mayo la proposición no ley de retirar el crucifijo y la Biblia del protocolo de las ceremonias de toma de posesión de cargos públicos e instaban asimismo al Gobierno a modificar los vigentes Acuerdos Iglesia-Estado.

El resultado de la votación correspondiente rechazó ambas peticiones por aplastante mayoría: 309 votos en contra, 9 a favor (loa 2 de lU, los 3 de ERC, los 2 de BNG y los votos únicos de Nafarroa Bai y el de Rosa Díez) y 6 abstenciones (las del PNV).

Con todo, el debate sirvió para que los distintos grupos parlamentarios se “retrataran” al afecto y mostrasen claramente cuáles son sus posiciones sobre un tema que jamás debería formar parte de las prioridades de los representantes de los ciudadanos, acuciados por otras muchas cuestiones más apremiantes para sus vidas y sus necesidades. No porque la presencia del crucifijo y de la Biblia en las tomas de posesión sea cuestión insignificante o baladí, sino porque tras treinta años de democracia jamás han ocasionado problema alguno y esta praxis está insertadas en el alma de la historia y del pueblo español y occidental.

El mapamundi de la libertad y de los derechos

Basta con mirar el mapa de mundo y descubrir con evidencia incontestable que allí donde está presente el cristianismo existe la libertad, se promueven los derechos humanos, se trabaja por la justicia y la solidaridad y la sociedad disfruta del progreso y del bienestar. Ya de sus mismos albores, fiel a su identidad y su Fundador, el cristianismo sirvió como nadie a la desaparición de la esclavitud, a la justicia social, al desarrollo de todos, a la promoción de la libertad y al encumbramiento y respeto a la dignidad inviolable de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Y esta constatación irrefutable difícilmente se puede decir de otras civilizaciones, culturas, creencias o increencias. Basta con recordar el desierto de libertad, el desastre ecológico, la conculcación sistemática de los derechos humanos, la desesperanza y empobrecimiento generalizado y en todos los órdenes de los ciudadanos y el subdesarrollo económico que sembraron y sigue sembrando en tantos lugares del mundo por regímenes comunistas. Pensemos simplemente en Birmania y en la tozudez de la Junta Militar que rige y tiraniza el país para permitir la acción humanitaria de las ONGs tras el devastador paso del ciclón Nargis.

La cruz y la Biblia nunca están de más

Además, como decía antes, el debate de ayer, a pesar de su resultado, no deja de ser inquietante y revelador. Rosa Díez votó a favor de la propuesta de IU y de ERC, junto al BNG y Na-Fai. ¿Por qué también Rosa Díez? ¿Cómo explicar la abstención del PNV, un partido nacido en el humanismo cristiano y con miles de votantes, al menos hasta hace poco, cristianos, para más señas, católicos? También resultó muy revelador el punto de vista del PSOE: “la cruz está de más”, afirmaron sus portavoces, quienes además vinieron a decirnos que ya desaparecerá por sí misma, que es cuestión de tiempo… Igualmente, tanto Alonso como Jáuregui, aun rechazando ahora su toma en consideración, dejaron también abierta la puerta a la revisión de los Acuerdos Iglesia-Estado.

¿A quién y por qué le molestan la cruz y la Biblia? ¿Saben nuestros representantes políticos que la Biblia –el libro de los libros- está traducida a 2.454 idiomas de todo el mundo? ¿Cabe mayor símbolo de universalidad, de apertura y acogida? ¿Saben que en ella se habla del amor, de la fraternidad, del perdón, de la esperanza que necesita tanto el corazón del hombre como jamás se ha escrito en ningún otro libro y además con un lenguaje que no son solo bellas palabras, sino vida y testimonio en los mismos protagonistas de la Biblia y en tantos y tantos millones de hombres y mujeres que a lo largo de los siglos y en el presente intentan hacer de este libro el libro de sus vida, el libro del futuro y del progreso? ¿O es que acaso seguidores apasionados de la Biblia y de la cruz como San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús, Bartolomé de Casas, Francisco de Vitoria, San Pedro Claver, San Vicente de Paúl, San Daniel Comboni, San Pío de Pietrelcina, el beato Papa Juan XXIII, la beata Madre Teresa de Calcuta, entre otros muchos miles y personas, no han contribuido y contribuyen como pocos al bienestar de la humanidad, a la justicia, al desarrollo, a la paz y a los verdaderos valores?

Hablarían las piedras

¿quién le molesta entonces el crucifijo? Hace un par de años, Italia, un país tan democrático y plural como España, asistió a suceso de intolerancia acerca del crucifijo en una escuela. Cuando el tema estaba candente en la opinión pública, el entonces presidente de República, Carlo Azeglio Ciampi, intervino con autoridad para manifestar su voluntad de que los crucifijos permanecieran en las escuelas porque la cruz es el principal y más identificador símbolo de la cultura y de la civilización en que se asienta su país, porque expresa sus raíces y porque es símbolo de amor y de paz.

El 20 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI, en su discurso en el acto de presentación de cartas credenciales del actual embajador de España ante la Santa Sede, recordó el envidiable patrimonio social y cultural de España, imbuido por todos sus poros de “de valores cristianos y enriquecida también por la vida de eximios testigos del Evangelio”. Y añadía que ignorar o acallar esta incontestable realidad no sólo sería un grave error, sino que también, en alguna medida, resultaría estéril pues serían las mismas piedras las que hablasen.

Claro que las piedras, la historia, el alma y los sentimientos hablarían como ya lo hacen, como ya nos indica el pueblo con sentido común y con clamor tan mayoritario que en este caso las cosas están bien como están, que no es necesario ni conveniente adentrarse en nuevas y periclitadas batallas religiosas, que no debemos entrar en peligrosas espirales iconoclastas ¿O qué pasa que, como pretendió hacer sin éxito alguno la más radical revolución francesa, se va a cambiar también el calendario por el nos regimos porque es el calendario cristiano? ¿Se va a suprimir el domingo como el día festivo en todo el mundo, al menos occidental, porque es el día del Señor crucificado y resucitado y porque el domingo como fiesta para todos entró en nuestra civilización gracias al cristianismo? ¿Y qué se va hacer con las fiestas patronales, con la Semana Santa, con el Corpus recién celebrado o con las romerías marianas como, por ejemplo, el Rocío? En definitiva, ¿a quien interesa y a quien beneficia esta “guerra” y esta polémica?

Un poeta español, agnóstico confeso, escribió, sin embargo, en unos versos inefablemente bellos y certeros que “nada hay que más grande sobre la tierra que la cruz de Cristo. Hecha está la cruz a la medida de Dios, de nuestro Dios. Y hecha está también a la medida del hombre”.

 

Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email