Por la calle

¿Por qué no bajas?

Me llama la atención el miedo que mucha gente hoy muestra ante el Silencio. Hoy me gustaría que mis palabras nos llevaran a desearlo y buscarlo. Un Silencio habitado y elegido, para poder estar para los demás con más libertad y entrega.
Silencio para escucharme en lo más profundo, ese pozo interior con el que no conecto si no le dejo el espacio necesario para que se acallen los ruidos externos e internos. Es apasionante cuando nos permitimos estar en silencio el tiempo suficiente para escuchar nuestros susurros, nuestros gritos más acallados, nuestra verdad encerrada y deseosa de ser descubierta, acogida, amada. Es tan liberador sentir que no hay nada en nosotros, nada en nuestro interior que no pueda ser acariciado y reconciliado. Como un desván cerrado durante años, en medio de la oscuridad encontramos: telarañas, paquetes cerrados que nos da miedo abrir, muebles viejos mal colocados de los que nos avergonzamos… Si hacemos silencio y bajamos, nos damos la oportunidad de encender la luz y descubrir que nada hay en nuestra vida que no pueda ser rescatado.Se trata de escuchar, reconocer y acariciar cada realidad interior e ir situándola en el lugar que le corresponda: unas las podremos recolocar con nueva mirada, otras las aceptaremos, y otras nos seguirán doliendo pero podremos mirarlas con cariño, sin temor. No dejes que se pierda la originalidad que hay en ti por no bajar hasta el fondo. Pero no bajes solo/a, deja que el Señor vaya contigo. Es la mejor compañía para este viaje.

Por Mar Carles rjm

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