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¿Por qué nadie quiere estudiar Teología?, por Fray Abel

Hay dos formas de aprender académicamente la Teología. Una es desde fuera, la otra es desde dentro. Aprender desde fuera implica ir a clases magistrales, memorizar los apuntes del profesor y presentarse a un examen complexivo. Esto es, en el fondo, obtener respuesta a interrogantes que nunca nos hemos hecho o, lo que es peor, que solo el profesor se ha hecho. Es un aprendizaje que se fundamenta sobre la nemotecnia y que se olvida, como es de esperar, según termina el examen. Queda un poso, dicen. Sí, un poso de amargura y desmotivación teológica. Esto es tan repugnante como comer lo masticado por otro. Y luego nos admiramos de que las facultades de Teología estén vacías. Al menos en la escolástica había una disputatio.

Luego está el aprendizaje desde dentro, que es mi favorito —y el de cualquier alumno que busque algo más que un título—. Los que emplean este método saben de sobra que el mejor pedagogo es la motivación de los alumnos, y que este engendra conocimientos más verdaderos, más duraderos y más sistemáticos que cualquier tocho metido a la fuerza entre el córtex prefrontal y el cerebelo. Enseña más a los alumnos el que suscita interrogantes que el que, por un celo desmedido, intenta respondérselos todos. Aquí el profesor es un entrenador, que se preocupa por conocer las capacidades y predisposiciones de sus alumnos, alimentando la creatividad de sus dones y metiendo el dedo en la llaga de sus debilidades. Quien memoriza algo lo olvida, quien descubre algo lo conserva para siempre.

Fray Abel de Jesús
Carmelita descalzo – Youtuber
@FrayAbeldeJesus



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