Al abrir la puerta

Political Incorrectness

Dime cosas que lleven a la hoguera
directamente, dime atrocidades
que cuestionen verdades absolutas
como: «No creo en la igualdad».

Political Incorrectness

Luis Alberto de Cuenca

 

             A río revuelto ganancia de pescadores dice el refrán.

             La pandemia y la ingeniería social se han abrazado de manera irreverente dejando el terreno abonado para cuantas medidas reordenen el pensamiento y orillen lo que otros no piensan. Las circunstancias se cogen al vuelo y las luchas sociales sobrevenidas son como este mundo posmoderno que tenemos: poliédrico, líquido, inmenso, plural, global. Sea el antirracismo, la ecología o el feminismo.

             Se hace de manera que además, mostrarse siquiera algo crítico con según qué medidas (prohibir lo que El viento se llevó, tirar estatuas por medio mundo, arrodillarse en las calles…) en seguida te coloca a los ojos del status quo como criminal sangriento, malvado, inhumano e insensible… porque ¿quién en su sano juicio no estaría en contra del racismo, la violencia desmedida, los abusos, la marginación o la pobreza? ¿quién en su sano juicio no defendería las causas de la justicia, la dignidad, el cuidado de los más débiles o la restitución de los que han sufrido?

             Pero las cosas nunca son simplemente blancas o negras. Y por desgracia si algo sabemos ya bien es que siempre los intereses más oscuros y egoístas se suelen disfrazar de humanitarismo para buscar su propio beneficio. Y que son capaces de manipular, tergiversar, engañar y tantas y tantas veces sin rubor ninguno, fruto de uno de los males de nuestro tiempo: que la emoción se coloca antes de la razón.

             La irracionalidad como factor político y social es un peligro conocido desde los griegos. Atizar los instintos y emociones más primarios –aunque las causas de origen sean legítimas- siempre acaba deslegitimando la acción. Y decir esto hoy es políticamente incorrecto.

             La corrección como tótem y tabú, como policía del pensamiento, como nuevos comisarios políticos de lo que se debe y lo que no decir, pensar y hasta sentir, son una profundísima amenaza para la libertad, la conciencia y la democracia.

             Hay una profunda veta totalitaria dentro del ser humano que nunca termina de acoger al que no piensa como yo, que desea que el otro deje de ser quien es, para que sea como yo, piense como yo, sienta como yo… que soy siempre quien tiene la razón y sabe lo que es mejor para todos.

             Cuando eso se convierte en ideología además se pone de manifiesto una profunda hipocresía. Ancho para mí, estrecho para el otro. Veo la paja en el ajeno, no la viga en el propio. Me justifico en todo, y jamás veré algo bueno en el otro. La irracionalidad siempre es patrimonio del de fuera, nunca mío. Lo que critico en otros, nunca lo veré en mí.

             No sé si será una reacción fruto de todo esto que vivimos o de mi propia psicología, pero con el panorama que tenemos, cada día uno se siente más aliado de quienes consciente o inconscientemente se sitúan en la incorrección política, sobre todo porque, día a día, ante el irracionalismo, la hipocresía, la manipulación y la tergiversación, parecen posturas más racionales que las de lo políticamente correcto.

 

Vicente Niño Orti, OP

@vicenior

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