Opinión

Política y religión, dos realidades connaturales al ser humano

La política y la religión son dos realidades connaturales al ser humano que están inscriptas en la mente y en el corazón del hombre y de la mujer. Mientras la política busca el bien común y el bienestar personal de ciudadanos de un pueblo o de una nación por medio de proyectos y propuestas materiales, la religión lo hace por medio de creencias espirituales y morales fundadas en la existencia de un ser supremo, que llamamos  Dios, que nos ha creado y nos gobierna.

 Aristóteles señala tres formas de hacer política: monárquica, que puede ser absoluta y moderada, aristocrática y democrática. Es monárquica absoluta cuando una persona  llamada rey dirige y gobierna un pueblo o nación ostentado los tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Es monárquica moderada cuando el rey comparte los tres poderes o al menos el legislativo con  el congresos de diputados. Su vicio puede ser la tiranía. Es aristocrática cuando un  grupo de unas pocas personas sabias y tecnócratas dirigen y gobiernan un pueblo o una nación. Su vicio puede ser la oligarquía.

Es democrática cuando unos representantes políticos elegidos en votación libre y secreta por los ciudadanos dirigen y gobiernan un pueblo o de una nación  bajo la división y separación de los poderes públicos, legislativo, ejecutivo y judicial. Su vicio puede ser la demagogia. De los tres sistemas o formas de gobierno, la democrática es la mejor, siempre que sea verdaderamente representativa.

Nuestra Constitución de 1978 establece la política democrática y social, manifestando: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. La soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado. La forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria (Art. 1).

Sin embargo, lamentablemente la política democrática española está dando lugar a una enorme crisis financiera, económica, laboral, moral y educativa a nivel estatal, autonómico, municipal, empresarial, sindical y familiar, generando un constante y grave conflicto social. Es necesario remediar esta situación buscando personas y proyectos reales que aseguren la justicia, la paz, el bienestar y la prosperidad social del pueblo español.

La religión puede ser y es un medio espiritual y sobrenatural para encontrar estas personas y estos proyectos para llevarlos a cabo. Indudablemente lo sobrenatural existe no como una contradicción de lo natural, sino como una superación natural de esta vida que pide otra eterna, más allá de nuestra muerte. Ninguno de los adelantos científicos ha podido destruir la religión.

No puede haber el antagonismo que hay entre la parroquia y la escuela, entre la universidad y el seminario. No pueden ir las ideas por un lado y las plegarias por otro. No puede haber contradicción entre los dogmas religiosos y la ciencia. La religión y el mundo moderno no pueden continuar con su antagonismo, porque o la sociedad se queda sin religión o la religión se queda sin sociedad.

La religión católica ha sido históricamente el alma de la formación y unidad de la política de España, de nuestras glorias literarias y artísticas, la archivadora de nuestros documentos, la fundadora de nuestras escuelas y universidades, el artífice de nuestros monumentos, la unión de los pueblos hispanos, la promotora de la lengua castellana y de la cultura española y la inspiradora de la primera constitución democrática española.

 Emilio Castelar, célebre político y presidente de la primera República española,  escribía en su libro, La Revolución Religiosa: “Quitaos de la mente un falso principio de la escuela positivista, quitaos la creencia errónea de un próxima desaparición del dogma religioso y del dogma metafísico en humana conciencia, porque para destruir la metafísica y la religión necesitarías rehacer el hombre y cambiar su naturaleza. La religión es una de las grandes cristalizaciones del humano espíritu que subsisten siempre, como subsisten siempre la familia, el estado, el derecho y la ciencia”.

Continúa: “Para quitar la religión de la sociedad humana sería necesario quitar el sentimiento con todos sus efectos, la intuición con todas sus adivinaciones, el arte con todos sus celajes, el dolor con todas sus penas, la muerte con todos sus misterios, el ideal con todas sus imaginaciones, lo infinito que nos circunda y nos envuelve, nuestro propio ser y el universo. Lo cierto es que sobre las cimas del mundo se levantan los templos cargados de exvotos y henchidos de oraciones, que por doquier los altares humean iluminados por las llamas del  holocausto y del sacrificio, que las tumbas de las generaciones muertas obstruyen los caminos de las generaciones vivas y les hablan del espíritu religioso”.

José Barros Guede

A Coruña, 25 de septiembre del 2012

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