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Rincón Litúrgico

Poema a la Virgen María, ante la fiesta de la Virgen del Pilar de Zaragoza

Poema a la Virgen María, ante la fiesta de la Virgen del Pilar de Zaragoza, por Francisco Vaquerizo Moreno:

Como rosa que expande sus aromas

y perfuma el silencio;

como lirio que enciende sus colores

en medio de los valles;

como abrazo que llena de ternura

la soledad del hombre;

como rumor que afina sus arpegios

para la melodía de los astros;

así Santa María, la Virgen, nuestra Madre.

 

Porque Ella fue la Rosa de los Vientos

que venía a ser norte de todos los perdidos.

Porque Ella fue la voz de cercanías

que derrumbó las últimas murallas

de nuestros jericós envejecidos.

Y porque Ella fue y es Madre de todos,

empezando por ser la de Dios mismo

para que no quedase duda alguna

de su sin par excelsitud y de que

ni hubo ni habrá mujer que esté a su altura.

 

Su gracia y su hermosura

con ninguna muchacha es comparable

ni de Israel ni de nación alguna.

Era una criatura irrepetible.

Las estrellas se bañaban felices

en el profundo lago de sus ojos.

La inocencia absoluta

surcaba los espacios de su frente

con el candor de un sabio distraído.

Una clara sonrisa de luna sanjuanera

colgaba de sus labios

y los ángeles, locos de contento,

escoltaban sus mágicos andares

de princesa, al alcance de la mano.

 

A su paso florecían los versos

de los antiguos vates

mientras la luz, en rosa, acariciaba

la flor de sus mejillas

y una brisa de místicos rubores

nimbaba su figura prodigiosa.

 

Nunca en Ella un quebranto de la sangre,

nunca en Ella una lágrima perdida,

nunca una discordancia que rompiera

la perfecta armonía de su espíritu

ni una palabra, nunca, que nublara

el mínimo rincón de su conciencia.

 

Y siempre los tres dones inundando

su ser de criatura extraordinaria:

la gracia ilimitada

de ser Madre de Dios,

la gracia de ser Madre de los hombres

y la gracia de ser

una hija más de Dios, por militante

bajo los estandartes de su Iglesia.

 

¿Qué podemos decir de quien lo es todo?

¿Qué podemos decir?… Sólo quererla,

disfrutar de su amparo

y morar a su sombra hasta el último instante.

 

Eso es lo que podemos hacer,

que otra cosa mejor, tampoco cabe.

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Editor

1 comentario

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  • Que poema más hermoso.

    Solo Francisco de Asis le escribia alabanzas
    tan hermosas a la madre de Jesús.

    Tenias que llamarte Francisco, no te cabe otro nombre.

    La madre de Jesús y madre nuestra estará muy contenta con un poema tan precioso.

    Muchas felicidades Francisco Vaquerizo Moreno.

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