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Rincón Litúrgico

Poder humano y plan divino

«Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente, que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro» (Is 45, 4-6). Según este oráculo que se encuentra en la segunda parte del libro de Isaías, Dios ha ceñido con el cinturón de los guerreros a Ciro, rey de los persas.

Ciro terminó con el imperio de los babilonios y promulgó el edicto que permitía a los hebreos regresar a su tierra y reconstruir la ciudad de Jerusalén. No es extraño que el profeta  califique a este rey extranjero como  el «Ungido por Dios», aunque se repita que no conoce a Dios. Es evidente que Dios utiliza el poder humano para revelar su  plan divino.

Con razón, el salmo nos invita a aclamar la gloria y el poder del Señor (Sal 95). Al comenzar la primera carta a los Tesalonicenses, que nos acompañará al final de este año litúrgico, san Pablo les recuerda que es Dios quien los ha elegido y los acompaña con la fuerza del Espíritu Santo.

TRES VALORES

 También el evangelio pone ante nosotros la presencia del poder terreno ante la majestad del poder celestial  (Mt 22, 15-21). Los Fariseos no solían ir de acuerdo con los partidarios de Herodes. Pero en esta ocasión se unen para dirigirse a Jesús, reconociéndolo como un Maestro dotado de tres importantes valores.

  • Jesus es sincero. Es interesante que los Fariseos, a los que Jesús califica con frecuencia como hipócritas, observen con admiración la coherencia y la fidelidad que demuestra Jesús en sus palabras y en su conducta.
  • Con relación a Dios, esa virtud se manifiesta sobre todo en el hecho de que Jesús enseña el camino de Dios conforme a la verdad que ellos mismos han llegado a conocer gracias a las tradiciones de su pueblo.
  • Con relación a los hombres, Jesús da muestras de que no hace distinción entre ellos, puesto que demuestra una asombrosa liberad y no se fija en las apariencias exteriores ni se deja seducir por ellas.

LEY HUMANA Y  LEY DIVINA

Tras el saludo, presentaron a Jesús una pregunta trampa: «¿Es lícito pagar impuestos al César o no?» Si Jesús rechazaba el pago del impuesto, podía ser denunciado ante el procurador romano. Si apoyaba la obligación de los tributos nunca podría ser reconocido como el salvador de su pueblo. Pero, en contra de la Ley, ellos llevaban monedas del imperio.

  • «Dad al César lo que es del César». La imagen del emperador sugería que las monedas le pertenecían. E indicaba que los que las utilizaban reconocían su poder. Los seguidores de Jesús no pueden ser acusados de rechazar la autoridad de los gobernantes. Saben que es un deber de justicia y de caridad colaborar en la realización del bien común.
  • «Y dad a Dios lo que es de Dios». Ya Antígona afirmaba que las leyes humanas han de ajustarse a otras normas anteriores. Los seguidores de Jesús saben que las leyes humanas a veces no favorecen el bien común sino el bien de algunos privilegiados. Por eso procuran anunciar y promover la ley de Dios. A él corresponde un honor que no pueden atribuirse los poderosos.

Señor Jesús, nosotros admiramos tu valor profético. Anuncias la libertad ante el poder humano y denuncias la hipocresía de la aparente piedad ante Dios. Que tu Espíritu nos ayude a vivir en la verdad que os hará libres. No permitas que adoremos a los poderes de este mundo. Y danos tu gracia para que podamos ser fieles a la Ley del único  Dios. Amén.

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