Carta del Obispo Iglesia en España

Plegaria a María, por el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas

Plegaria a María, por el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez Vegas
 domingo 26 de mayo de 2019

Estamos concluyendo el mes de Mayo. Tradicionalmente los cristianos dedicamos este mes a profundizar, reavivar y manifestar de diversos modos nuestra devoción a María. Todas las parroquias y comunidades colocan la imagen de María, durante estos días, en lugares privilegiados, sus altares se llenan de flores y, en torno a Ella, se reza, se canta y se celebra algún acto que muestra el amor y cariño de sus hijos. Además, por estas fechas se suceden muchas romerías que congregan a cientos de personas en torno a las ermitas y santuarios que abundan en nuestros pueblos. También la ciudad de Burgos el próximo domingo subirá con la Virgen Blanca hasta la campa del Castillo donde estuvo su ermita. ¡Qué hermoso ver al santo Pueblo de Dios caminar y reunirse en torno a su Madre!

Coinciden todas estas muestras de fe con el tiempo pascual en el que nos encontramos. María tiene, precisamente, un papel fundamental en el caminar de la naciente Iglesia. Ella persevera con los apóstoles en la espera del Espíritu Santo y alienta los primeros trabajos misioneros. Ella, que es la primera Discípula Misionera porque vivió como nadie las Bienaventuranzas, está presente en el caminar de la Iglesia desde el comienzo hasta nuestro tiempo. Ella, modelo de fe, de caridad y de unión con Cristo, «brilla ahora en nuestro camino y es signo de consuelo y firme esperanza» (Prefacio IV de Santa María). Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que bien pueden actualizar y renovar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Él mismo nos la dio por Madre. Y ello nos estimula a amarla, imitarla, invocarla y acudir a Ella con verdadera ternura y confianza de hijos.

 

Los cristianos somos muy conscientes de esta cercanía maternal. «El cristiano, dice el Papa Francisco, no tiene derecho a sentirse huérfano; tiene Madre, tenemos Madre». Hago mías también sus palabras al concluir la Exhortación Gaudete et Exsultate: «María es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica» (GE 176). Por eso, ante esta Madre atenta y cercana, que siempre nos escucha, elevamos en este fin de mayo nuestra plegaria.

 

Hoy le encomendamos a todos los niños que, durante estos días de Pascua, se están acercando por primera vez al sacramento de la Eucaristía. También ponemos bajo su cuidado maternal a los chicos y chicas que en este tiempo están concluyendo su Iniciación Cristiana y reciben el sacramento de la Confirmación. Todos ellos son los más jóvenes de nuestras comunidades, en los que la Iglesia y la sociedad tienen puesta su esperanza y su futuro: ¡Alienta, Madre, sus pasos en este caminar que están comenzando como seguidores de tu Hijo y ayúdales a permanecer fieles como ayudaste a perseverar a los primeros discípulos!

Le encomendamos también a todos los responsables públicos que precisamente hoy serán elegidos en nuestro país: nuestros alcaldes y concejales, nuestros responsables autonómicos y nuestros representantes en Europa: ¡María, Señora nuestra, Tú que fuiste siempre la servidora de todos, que estuviste atenta a las necesidades de los demás, aliéntalos en su camino de servicio a través del compromiso político. Todos ellos están llamados a vivir el mandamiento de la caridad a través de la política. Como buena Madre, dales la mirada necesaria que permita construir un mundo mejor; dales la gracia de todas las madres para saber acoger, defender, velar, unir e integrar, de manera que con su quehacer contribuyan a edificar una sociedad más pacífica y unida, más fraterna y solidaria!

Junto a María ponemos también los deseos y los retos de nuestra Iglesia en Burgos: queremos ser Discípulos Misioneros en medio de este mundo secularizado. Pronto seremos convocados a vivir una experiencia de Asamblea Diocesana que nos ayudará a crecer como Iglesia evangelizadora, atenta a los nuevos caminos que el Espíritu del Señor nos señale: ¡Virgen María, Madre nuestra, desde ahora ponemos este bello proyecto bajo tu intercesión. Tú, que eres exactamente como Dios quiere que seamos nosotros, como quiere que sea su Iglesia, ayúdanos para que esta experiencia diocesana contribuya a un nuevo Pentecostés en nuestra Iglesia burgalesa y sigamos así acompañando las ilusiones y esperanzas de nuestro pueblo. Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros!

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