Revista Ecclesia » Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén: «En el mundo islámico no se conoce la Fratelli tutti»
Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén: «En el mundo islámico no se conoce la Fratelli tutti»
Internacional Última hora

Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén: «En el mundo islámico no se conoce la Fratelli tutti»

En el mundo islámico no se conoce la Fratelli tutti. Lo reconoce el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, que asegura que, más allá de «casos aislados de intelectuales y religiosos “especializados” en el diálogo interreligioso», la recepción de la encíclica de Francisco sobre la fraternidad humana ha sido nula hasta ahora entre la población. «No se ha leído ni se leerá en las escuelas, no se utilizará en mezquitas y centros de estudios islámicos. No hay interés en leer y conocer los documentos que provienen de las Iglesias cristianas, incluida la Santa Sede», asevera.

Pizzaballa, franciscano, ha sido uno de los ponentes de las XXX Jornadas para Delegados Episcopales y Directores de Secretariados de Relaciones Interconfesionales de la CEE, que se celebran online hoy 22 de febrero y mañana 23. El evento ha comenzado esta tarde con una presentación a cargo del presidente de la Subcomisión, Adolfo González Montes, y una ponencia del rector del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos (PISAI-Roma), Diego Sarrió Cucarrella.

Adolfo González Montes, presidente de la Subcomisión.

La intervención de Pizzaballa sobre la recepción del documento papal en el mundo islámico no ha defraudado. El nuevo patriarca —lleva tan solo unos meses al frente de la Iglesia latina de Jerusalén— ha sido muy claro. En Oriente Medio, ha explicado, todo lo que llega a la población árabe musulmana en cuestiones religiosas está mediado por las instituciones religiosas oficiales: mezquitas, imanes, tribunales islámicos… Si estos hablan sobre el documento, la gente lo conocerá, en caso contrario, no. Y salvo algunas excepciones, indica, las instituciones religiosas islámicas no se ocupan en su día a día del diálogo interreligioso, sino de «problemas relacionados con la vida civil y religiosa de sus países, de temas que afectan a sus respectivas poblaciones».

Islam, religión de Estado

Hay que tener en cuenta que en todos los países de Oriente Medio, excepto Israel y Líbano, el islam es religión de Estado, y que las autoridades civiles no permiten fácilmente la difusión en los medios de comunicación —por lo general controlados— de materiales incompatibles con el islam. El hecho de que los ministerios de educación estén altamente islamizados; de que los programas escolares y académicos se hallen fuertemente centralizados y controlados; de que en el islam no exista una autoridad religiosa única; y de que la religión impregne todos los ámbitos de la sociedad, públicos y privados, sin distinción entre el Estado y la Iglesia, ayuda igualmente a entender por qué la última encíclica del Papa no ha tenido en esas sociedades la difusión que cabría esperar, «a pesar de que fue escrita también pensando en ellos». Tampoco ayuda a ello, reconoce el arzobispo, de 55 años, la difícil y atormentada relación histórica entre Oriente y Occidente, con las cruzadas, el colonialismo y la injerencia europea del pasado reciente bien presentes en el sentir popular.

«Actitud positiva hacia la figura del Papa»

No obstante, el hecho de que no se conozca la encíclica no quiere decir que esta o el Papa sean vistos con antipatía. Al contrario. Según el arzobispo jerosolimitano, «si excluimos las franjas más extremistas y radicales», entre los musulmanes de Oriente Medio hay en general una actitud positiva hacia Francisco y sus «gestos». El encuentro de Abu Dhabi con el imán Al-Tayyeb —señala— «tuvo un gran impacto» en la opinión pública, que se quedó con ese «deseo común de trabajar juntos». El prelado ha recordado la importancia de un discurso en el que el imán de la universidad cairota de Al-Azhar, el centro religioso de referencia para el islam sunita, hablaba de «la necesidad de una presencia cristiana en Oriente Medio». «Tuvo un gran impacto y fue un consuelo increíble para la pequeña comunidad cristiana del Medio Oriente», ha afirmado antes de indicar que ahora, «con la próxima visita [del Papa] a Irak se espera un acercamiento similar de la Iglesia al mundo chiíta, que también está atravesado por muchas divisiones internas».

Monseñor Pizzaballa, durante su exposición a los delegados desde Jerusalén.

La dificultad del diálogo

El patriarca latino ha explicado igualmente que en Oriente Medio es la pertenencia religiosa la que determina la identidad. «Todo el mundo es definido y considerado cristiano, judío o musulmán, independientemente de si es practicante o no. (…) Uno puede ser ateo, pero sigue siendo judío, cristiano o musulmán», constata antes de llamar a los líderes religiosos a un verdadero diálogo basado en el compromiso común con la justicia y la paz, pues en caso contrario este se quedará en «letra muerta», en «encuentros autorreferenciales (…) completamente innecesarios».

Superar la victimización

Sobre el futuro en una región en la que más de la mitad de la población tiene menos de 25 años, ha sido también muy claro: «No se podrán superar los obstáculos actuales, ni se podrá planificar realmente un futuro pacífico, si no hay valentía para purificar la historia del bagaje de dolor e injusticias que aún afectan fuertemente el presente y las opciones que se toman en la actualidad. No se trata de olvidar, por supuesto. Pero será muy difícil construir un futuro pacífico si “ser una víctima” se coloca en la base de la propia identidad social y nacional, en lugar de fundamentar las propias posibilidades en una esperanza común», ha dicho. Y a continuación ha añadido: ¿Cómo repensar la historia y la memoria, cómo es posible hablar de perdón, mientras mi presente esté marcado por la injusticia y el dolor?

Un poco de luz es suficiente para acabar con la oscuridad

Monseñor Pizzaballa, por último, ha dicho que «más allá de las rígidas fronteras de la identidad y la pertenencia religiosa», hay elementos para el optimismo. Y ha destacado los testimonios de humanidad y fraternidad que realizan a diario aquellos israelíes y palestinos que se niegan a vivir según los estereotipos y «desean encontrarse con el hermano y la hermana que vive junto a ellos», a los que se niegan a considerar «extraños o enemigos». No es momento de esperar «grandes gestos» de las instituciones religiosas y políticas, pero sí de trabajar con quienes están dispuestos a involucrarse y trabajar por «limpiar el rostro desfigurado de esta región» mediante iniciativas de diálogo y encuentro, de oración y de compartir. «Un poco de luz es suficiente para eliminar la oscuridad», ha dicho.

Entre estos artesanos de la paz, ha mencionado el Centro Intercultural de Jerusalén, donde israelíes y palestinos, judíos, musulmanes y cristianos, trabajan por mejorar la vida de los habitantes de la ciudad, independientemente de su pertenencia; las escuelas bilingües de la red Hand-in-Hand, fundada conjuntamente por un musulmán y un judío, donde los alumnos estudian en árabe y hebreo con doble profesor en cada clase; las escuelas de música; y, por supuesto, las escuelas cristianas. «Nuestras  escuelas educan indirectamente para la acogida y el respeto recíproco desde la propia identidad. No estamos obligados a compartir opiniones, pero podemos respetarla», ha dicho.

Líbano

Pizzaballa ha dicho también que lo que está sucediendo en el Líbano, antaño modelo de convivencia, tendrá repercusión en todo Oriente Medio. El país está ahora mismo en una situación de bancarrota económica, derivada de su implosión política. La causa de su bloqueo institucional tiene mucho que ver con la injerencia de las potencias regionales, Irán por un lado y Arabia Saudí por otro.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa