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PERÚ: EUCARISTÍAS DE ALTURA… Y A LA ALTURA
El P. Juan López, párroco de Santa Rosa, en la localidad peruana de Tomayquichua / EFE.
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Perú: Misas de altura… y a la altura

Se llama Juan López y es sacerdote. De Perú. Se trata del párroco de la iglesia de Santa Rosa de Tomayquichua, una localidad de la región de Huánuco, en la provincia de Pano. Este pueblo de los Andes de poco más de mil habitantes no es muy conocido, pero su cura sí porque en los últimos tiempos ha salido en muchos medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales.

¿El motivo? Las Eucaristías que celebra cada domingo desde el tejado de su iglesia a medio construir.

Como en Perú no puede haber ahora misas presenciales, cada domingo, a las diez de la mañana, el Padre López coge la Eucaristía, el Cáliz, la Biblia y los ornamentos litúrgicos y trepa hacia al tejado del templo. Carga también una mesa plegable que hace las veces de altar, el micrófono y el equipo de sonido, y lo sube todo con una escalera de mano, desde el campanario, jugándose el tipo. Por llevar, lleva incluso hasta algunas piedras que debe colocar sobre las Escrituras o el cáliz para que el viento no le juegue una mala pasada y se los vuelen.

El sacerdote no celebra así para hacerse famoso ni salir en los medios. Lo hace porque lo considera su deber, para llegar a sus fieles confinados, necesitados más que nunca de atención espiritual. En Perú están ahora prohibidas las misas presenciales, pero como él mismo dice la Iglesia es mucho más que un templo y un techo y «siempre hay maneras de llegar a la gente, la forma es encontrarlas». Él las ha encontrado proclamando la Palabra de Dios a trece metros de altura y haciendo equilibrios.

El panorama que divisa desde allí es espectacular. No hay que ver las fotos. El pueblo puede seguir la celebración bien desde su casa, bien a través de la retransmisión on line que hace con su propio teléfono móvil. «Habrá aproximadamente cien personas desde techos, balcones, puertas y ventanas, pero la gran mayoría me sigue a través de las redes sociales», ha explicado a la agencia EFE, donde precisa que su última misa fue vista por más de 3.700 personas.

Los feligreses —añade— «están muy contentos, pero también preocupados, porque hay domingos que el viento es fuerte y da miedo». «Pero ahí estamos con la gracia de Dios y con una par de piedras en los bolsillos para luchar contra él, ya que no peso nada», bromea.

El templo lleva tiempo en obras. Un terremoto obligó a derribar la anterior iglesia y desde 2011 se trabaja en la nueva. Las obras, sin embargo, van despacio por falta de dinero. Cada año, el párroco de Santa Rosa acomete una serie de actividades para recaudar fondos, pero ahora, con la pandemia, estas han tenido también que paralizarse. Con estas iniciativas solía reunir unos 100.000 soles anuales, 27.000 euros más o menos. «Pensaba acabarla en 2022, pero con esto serán algunos años más. Como sigue en construcción, tengo que trepar para dar misa en el techo porque todavía no están las escaleras completas», se lamenta.

Visitas a los hospitales

Tres o cuatro veces por semana, el Padre Juan visita también los hospitales de Huánuco. Acude a ver a los enfermos de covid-19, a los que trata de dar consuelo y apoyo espiritual. «A veces hago la misa dentro del hospital, y es triste y doloroso ver cómo sufren. Necesitamos acompañarlos, fortalecerlos, animarlos y ponerlos en las manos del Señor. Mientras el Señor me conceda vida y salud y pueda atenderlos, yo arriesgo mi vida y mi tiempo gratuitamente para ir hasta donde están», declara a EFE.

Su testimonio de entrega y caridad cristiana en el país andino, muy castigado por la pandemia, no tiene precio. Más aún cuando los medios escasean y los escándalos —el último, el «vacunagate», por la administración irregular de la vacuna contra la covid— se suceden. «Esta segunda ola está mucho peor que la primera. A eso hay que sumarle que no tenemos hospitales, ni personal, ni insumos ni oxígeno. Son cuatro cosas que nos hacen falta hoy en nuestro Huánuco».

Con medios o sin ellos, el Padre Juan seguirá celebrando la misa dominical de diez de la mañana desde el techo de su iglesia. Son las suyas celebraciones de altura… y a la altura del momento que vivimos.



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